13 de marzo 2001 - 00:00

Le quitan tareas clave a Meijide

Debut ayer con dificultades para Graciela Fernández Meijide como vicejefa de Gabinete. Reemplaza a Marcos Makón como segundo de Chrystian Colombo pero las funciones que tenía Makón han desaparecido. Las que se refieren al estudio de una mayor eficiencia del gasto social se las lleva el ex vicejefe a la nueva función. Las que se refieren a la reforma administrativa las asumirá en su mayoría la nueva secretaría de Manuel Solanet en Economía. Aquellas que por ley le pertenecen a la Secretaría de la Función Pública de la Jefatura de Gabinete las atenderá desde hoy un subsecretario de Colombo, Rubén Torres. En pocas palabras, está obligada a inventarle una función al cargo que juró ayer (algo insólito, las vicejefaturas no se juran).

Eso se lo explicaron todo a Meijide ayer en la visita que hizo a las oficinas de Colombo en la ex SOMISA. Por eso anoche sus escuderos imaginaban que la labor de «Ella» será más política que técnica. Por ejemplo, tender un lazo entre el Ejecutivo y el Congreso o asistir a Colombo en el manejo de las reuniones de gabinete. La Jefatura de Gabinete es una oficina que creó la reforma constitucional de 1994 para cumplir, aunque fuera con un fruto malversado, la manía de Raúl Alfonsín de que en la Argentina hubiera un primer ministro y un sistema parlamentario. El choque con los presidencialistas de la convención de Santa Fe y con la realidad deformó esa función para convertirla en un superministerio cuya entidad depende del ancho de las espaldas de quien lo ocupe.

Por eso la función fue gravitante con Eduardo Bauzá en lo político porque peleaba en nombre de Carlos Menem con Domingo Cavallo. Con Jorge Rodríguez la jefatura se volvió un cargo más técnico y se apoderó en funciones de control de la economía, un área que Roque Fernández no le peleaba a nadie. Con Rodolfo Terragno, un político virtual, la jefatura casi desapareció del mapa; su titular fue expulsado de la Casa de Gobierno hacia las tinieblas exteriores del edificio donde funcionó una vez la empresa SOMISA (llamado en la jerga «el ex SOMISA»).

Colombo
encarnó el jefe de Gabinete más activo que se haya sentado en esa silla pero la maleabilidad de la repartición la ha convertido en un repositorio de las almas perdidas.

Allí fue a reposar Makón cuando Chacho Alvarez renunció a la vicepresidencia, adonde el nuevo ministro de Desarrollo Social tenía una oficina para reformar la administración pública. También fue el descansadero, en una oficina de relaciones provinciales, de Paola Cocciaglia cuando debió dejar la oficina que tenía en el área presidencial de la Casa de Gobierno.

Uno de los hombres que De la Rúa tenía in péctore para la administración de impuestos, Eduardo Delle Ville, también tiene allí una oficina para asesorar a Colombo en temas previsionales y fiscales. Los radicales lo tienen como uno de los sus fiscalistas más eficaces pero no ha podido salir en más de un año que lleva De la Rúa en el gobierno de esa jaula dorada de la ex SOMISA. A lo mejor ya no quiere.

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