29 de diciembre 2004 - 00:00

Lealtad y nostalgia, en brindis con amigos

Estaban algunos de los que hace años visitaban la residencia de Olivos. Unos con más canas, otros con más kilos; no faltaron los que se afeitaron la barba o el bigote (la cirugía de los pobres) y unos pocos con menos arrugas gracias a algún cirujano («Se te ve igual. ¿Qué te hiciste?»).

Estaban los que debían estar ayer al mediodía en el hotel Presidente para saludar a Carlos Menem. El nombre condena al hotel. Le dicta un destino. Desde que está el riojano, se transformó. El primer piso poco a poco va tomando la forma de oficina de campaña. Allí descansaba ayer Ramón Hernández, aprovechando que «el jefe» estaba en el cóctel.

En el brindis que organizó Jorge Igounet estuvieron casi 100 personas. Además del ex edecán, se vio a Eduardo Bauzá, más canoso; a Eduardo Menem; al médico del ex presidente Alito Tfeli; al gremialista Jorge Triacca; a Luis Santos Casale; al brigadier Andrés Antonietti; y al ex intendente de la quinta de Olivos Eduardo Meiriño.

• Conversación

No fue una multitud como otros años la que fue a saludar al ex presidente, lo que hizo que dos temas de conversación fueran centrales: la lealtad ( obvio, los que fueron al brindis eran los leales de siempre) y la nostalgia (la reunión fue superavitaria en anécdotas de «los años felices»).

Julio Maharbiz
, ex titular de Radio Nacional y del Instituto del Cine, recordó el trato «despiadado» que tenía la prensa con su gestión. Cada ex funcionario envidió el buen trato que la prensa les da hoy a los que ocupan su lugar.

Claudio Sebastiani
, el ex diputado y ex vicepresidente de la UIA, aprovechó para saludar a quienes fueron sus contemporáneos en política como Humberto Toledo o Roby Fernández.

Menem
habló al final. Se lo vio contento, poco tenía que ver con el hombre apagado que vivía en Chile. Estaba feliz con los reencuentros. Agradeció a los que lo visitaron en Chile y habló de «los desleales, no les digo traidores porque no me gusta usar esa palabra». Señaló que los jóvenes «se están sumando por oleadas» a su proyecto. Lo escuchaban desde los ex funcionarios más encumbrados que tuvo, hasta gente que se la adivinaba humilde que se acercó al hotel a saludar y se encontró con el cóctel. Como en cada reunión menemista, había espacio y tiempo para todos. El ex presidente se fotografió con cada uno de ellos y les dio la mano a todos. Una mujer, militante barrial, animaba a otra: «Dale vení, hablale, decile que te querés sacar una foto. Vení conmigo que soy amiga de él». Otro con un aparato para la sordera hacía esfuerzos para escuchar el discurso del riojano que habló sin micrófono. Asentía cada frase.

En el look de los presentes predominaban los trajes oscuros, pero no faltaron los sacos blancos, los zapatos bicolor o los de piel de cocodrilo. El color siempre fue parte de la vestimenta de los seguidores de Menem. «Dirán lo que quieran de nosotros, menos que no somos alegres», se jactó uno de ellos.

L.B.

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