Al de canciller, Rafael Bielsa debería incorporar otro cargo, el de promotor de escritores argentinos, rol que ya comenzó a ejercer repartiendo entre sus pares -lo hizo, por caso, con Leyla Rachi d, su símil de Paraguay- el libro «La última muerte de Anastasio Somoza», que da una nueva versión sobre la muerte del dictador nicaragüense, planteando que no fue víctima de un atentado guerrillero, sino de una venganza pasional.
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Tan apasionado quedó Bielsa con la novela, escrita por el periodista Julián Mandriott i, que quiso conocer a su autor, lo rastreó y apareció por el Congreso -Mandriotti es vocero de Eduardo Camaño, presidente de la Cámara de Diputados- a saludarlo y a inquirir, casi cholulo, sobre el porcentaje de verdad y ficción que mixtura el autor. Informate más
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