Limita Lavagna armado de un bloque anti-K
-
Javier Milei llevó a todo el Gabinete al Congreso para apoyar a Manuel Adorni
-
Milei atacó los periodistas: "Los corruptos son ustedes"
Pero en medio de esa euforia, Lavagna puso un límite.
«No vamos a participar de un rejunte anti-K» es la consigna sobre la que decidió moverse el ex ministro. Es un mensaje preciso: no aceptará plegarse a un armado que amontone a actores de distinto color y pelaje sólo unidos para competir contra Kirchner.
En los hechos, supone un traspié para los sectores que impulsan la conformación de un megafrente opositor que englobe a Lavagna, Mauricio Macri, Jorge Sobisch, Juan Carlos Blumberg, el radicalismo crítico y el peronismo disidente. Es decir: el no-kirchnerismo.
Pero ante sus íntimos, el ex ministro deslizó algunos vetos. No fue necesario que dé nombres y apellidos porque los gestos y las señales indican que, para empezar, ni el peronista Puerta ni Sobisch forman parte del esquema que más agradaría a Lavagna.
Sobre el misionero sobrevuela una sospecha odiosa entre los peronistas que escoltan a Lavagna: le enrostran que quiere ordenar el PJ disidente no porque piense que «lo de Kirchner no es peronismo» -como dicen ellos- sino para luego «negociar» con el patagónico.
Desde otro lugar, Lavagna observa desde lejos la crisis de la UCR y se despega de Raúl Alfonsín. El ex presidente se atribuye ser uno de los artesanos de la candidatura no oficial del ex ministro, pero hace tiempo, se asegura, que no hay diálogo entre ambos.
Hubo, hace poco, un cruce a la distancia. Desde San Justo, Alfonsín le pidió que lance cuanto antes su candidatura, pero 24 horas después, el ex ministro le respondió con rigor: «A mí nadie me maneja los tiempos», frase que acuñó como gesto de autonomía.
De todos modos, a pesar de rehusar compartir una mesa grande y difusa con algunos dirigentes de la oposición, Lavagna propone extender la experiencia Misiones como una cruzada contra los planes para imponer reelecciones, como ocurre en Jujuy, Buenos Aires y Corrientes.
«Deben ser una defensa de la institucionalidad, pero no un movimiento contra Kirchner. Si luego el Presidente decide acompañar a un gobernador que como Solá quieren forzar la Constitución, habrá sido él quien tomó posición», traducen a Lavagna.
¿Cambia el resultado de la elección misionera, con el fracaso estruendoso del oficialismo, el cronograma que Lavagna guarda en extrema reserva? La respuesta es terminante: no. Críptico, se reserva fecha y momento mientras programa rondas por el interior del país.
Puede, sin embargo, que la derrota del gobierno haya despejado un poco más el camino, que parece irreversible, hacia su postulación presidencial. «Todavía no lo es, pero no hay nada que indique que no vaya a ser candidato», dicen muy cerca del ministro.




Dejá tu comentario