9 de septiembre 2002 - 00:00

Los 80 años de Cafiero serán excusa de un pacto en el PJ

La ocasión parece inmejorable para los objetivos del gobierno. Los 80 años de Antonio Cafiero podrían servir para que los seis candidatos del PJ se sienten a la misma mesa y, por lo menos, produzcan una foto indicativa del más mínimo consenso. El jueves, a partir de las 20.30, la casa de los Cafiero en los altos de San Isidro albergará a unos 50 dirigentes políticos de variada extracción. El carácter multipartidario está garantizado: basta con que estén Mario y Juan Pablo, dos de los hijos del senador, para que haya una mínima representación del ARI y el Frepaso. Sin embargo, no es este tipo de pluralismo el que hará de la reunión un hecho político. Las gestiones que se iniciaron la semana pasada aseguran la presencia de Eduardo Duhalde, Carlos Menem (que se junten ya vuelve atractiva la ocasión), José Manuel de la Sota, Juan Carlos Romero, Néstor Kirchner y José Octavio Bordón, quien promete lanzarse esta semana, tal vez en esa fiesta (hoy viaja a los Estados Unidos para volver el mismo jueves). La incógnita: si estará Adolfo Rodríguez Saá o aprovechará el encuentro para volver a exhibirse como un «outsider». Cuando se lo consultó de manera preliminar este fin de semana, contestó: «¿Va Duhalde?». Tal vez sea la causa de su posible ausencia.

Cafiero iniciará el día envuelto en la bandera de Italia, que no sólo es la tierra de su padre sino un destino permanente de sus viajes. Fue también lugar de residencia, ya que vivió en Roma cuando representó al país ante el Vaticano. En la mansión de Libertador y Billinghurst el embajador de ese país lo condecorará en obsequio a esa simpatía a las 10 y media. No habrá, en cambio, oficio religioso durante ese día: la familia prefiere esperar el regreso de Jorge Casaretto desde la Santa Sede para que el obispo celebre una misa de acción de gracias el domingo.

• Puntada

La comida del jueves, si se quiere, será más prosaica. El gobierno espera poder dar allí la primera puntada de una urdimbre compleja: la obtención de una serie de declaraciones de los principales candidatos, quienes deberían dar a entender que están dispuestos a mantener los compromisos del país con los organismos internacionales más allá del mandato actual. Este pronunciamiento, que ni siquiera pretende formularse en un documento escrito, imita lo sucedido en Brasil. En ambos procesos el motor es el Fondo Monetario Internacional. En el país vecino, Fernando Henrique Cardoso consiguió que tanto Luis Inacio Lula Da Silva como Ciro Gomes prometan mantener la austeridad fiscal, honrar la deuda pública y respetar los contratos si llegan al poder. El oficialista José Serra fue menos subliminal: dijo que mantendrá los compromisos asumidos por el gobierno en la negociación con el Fondo.

A Duhalde le gustaría conseguir algo parecido, sobre todo porque desde Washington se lo piden abiertamente. Pero teme que si lo solicita abiertamente a través de alguna gestión concreta los candidatos hagan de desairarlo una plataforma de campa-ña. Por eso prefiere ser cauteloso. En cambio Menem resolvió la semana pasada liderar esta operación, con prescindencia del gobierno: propuso a sus competidores ratificar los 14 puntos que Romero elaboró en abril para encuadrar la política económica oficial. Anoche Rodríguez Saá afirmó que no tendría inconvenientes en suscribir un entendimiento mínimo en favor de una mayor previsibilidad.

¿Hasta dónde llegará el Ejecutivo en esta gestión a partir del encuentro en lo de Cafiero? Desde hoy hasta el jueves se irá despejando esta incógnita. Lo mismo que la amplitud del arco que asistirá a lo de «Tony» para su cumpleaños. La política, en la Argentina, sigue teniendo al consenso como una mácula y habitualmente los intercambios se producen con mucha frecuencia pero de manera secreta, casi clandestina.

Sin embargo hay vallas que quedarán depuestas al menos para este jueves. A la casona de la calle Clemente Onelli llegará el gabinete completo de Duhalde y también todo el equipo bonaerense de Felipe Solá. Sacar fotos, porque puede ser la última vez de confraternidad entre dos equipos que, en general, se odian.

Más allá del horizonte peronista: ¿irá Raúl Alfonsín a lo de Cafiero? ¿Lo hará Chacho Alvarez? Hasta anoche había planes para invitarlos pero nadie quería convertir la lista de invitados en una colección de tentativas fracasadas. Por más que el home-najeado sea, acaso, el político argentino con mayor libertad de tránsito dentro de su profesión.

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