El destino de dos gobernadores «huérfanos», la urgencia por encontrar un jefe para una Cámara de Diputados leal y la construcción del posduhaldismo figuran entre los nudos que, si se cumple el pronóstico de victoria, Néstor Kirchner deberá desenredar luego de la elección.
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En la Casa Rosada, están obligados a repetir que tendrán el 23 de octubre un triunfo global, traccionado desde la provincia de Buenos Aires, que se replicará -salvo casos puntuales- en el resto del país.
Nadie se detiene, por ahora, a desmenuzar la propiedad de ese eventual torrente de votos. No es un ejercicio agradable porque obligaría al patagónico a admitir que, en general, las victorias pertenecen más a los gobernadores -o a los intendentes- que al Presidente.
Así y todo, Kirchner se apropiará de ese presunto triunfo para, desde la cima, ensayar respuestas para los intríngulis que amanecerán con el 24 de octubre en su mapa político. En principio, se observan cuatro ítem:
• Los gobernadores -con alianzas más o menos sólidas con Kirchner- de dos provincias donde el gobierno espera urnas dulces empezarán a padecer tras la elección una horfandad política. Sin posibilidad de reelección, para el bonaerense Felipe Solá y el cordobés José Manuel de la Sota, comenzará el tiempo de descuento en el que deberán rastrear un destino propio para 2007. Kirchner no estará ajeno a esas dudas porque de excluirlos de su armado los estará empujando a convertirse en opositores. De la Sota es el supremo del PJ de su provincia y, desde allí, se instala como presidenciable o vicepresidenciable de 2007. Kirchner lo anotó en una grilla de posibles vices -si busca su reelección- donde también figura Carlos Reutemann a quien, sin embargo, la Casa Rosada prefiere en otro rol: es el único capaz, dicen, de impedir que Hermes Binner sea electo gobernador de Santa Fe dentro de dos años. A esa provincia Kirchner planea volver en un último intento para revertir un panorama adverso, ya no para soñar una victoria sino para reducir la brecha de una derrota que considera irreversible. Las chances de Solá, en tanto, dependen de cómo se ordene la provincia luego de la elección y, sobre todo, cómo evolucione su vínculo -siempre fluctuante- con el Presidente. Pero Kirchner, para evitar un cisma en la provincia, no le soltará la mano.
• El gobierno anticipó, vía Alberto Fernández, que pujará para colocar -en lugar del duhaldista Eduardo Camaño- a un jefe leal en una Cámara de Diputados que supone propia luego del 10 de diciembre. Al margen de que el trámite podría no ser tan sencillo como prenuncian, para la Casa Rosada hay otro problema: el radar del Presidente no detectó todavía al candidato adecuado. «Hay sequía de candidatos», patalean en el gobierno. Sólo Rafael Bielsa parece satisfacer las expectativas de Kirchner, pero salvo un milagro (la Virgen que huele a mandarinas podría gestionarlo) el gobierno sufrirá un revés en la Capital Federal, lo cual, de acuerdo con el manual de la política, inhibiría al canciller para sentarse en ese sillón. Con sus vaivenes, Alberto Balestrini -hasta hace dos meses número puesto para reemplazar a Camaño- sube y baja en el ranking presidencial. A Carlos Kunkel, otro postulado, no le atribuyen el millaje imprescindible para esa tarea. ¿Un tapado?: Jorge Taiana, vicecanciller, podría aspirar a ese lugar apuntalado por Cristina Fernández pero, paradójicamente, el hijo del médico de Juan Perón genera resistencias en el peronismo clásico.
• El banco de suplentes presidencial se desnuda, por momentos, desierto. La falta de «nombres» para reemplazar a Camaño -debe insistirse con que no será un proceso sin sangre- brota también a la hora de dibujar el gabinete del día después. Bielsa, Alicia Kirchner y José Pampuro, por citar sólo a los jefes de cartera, dejarán sus despachos y no se presenta fácil el recambio. Podría ser más trabajoso si, como sugieren algunas voces, se abre una vacante en Salud, donde perdura Ginés González García y Roberto Lavagna se despide de Economía. El « expediente Lavagna» -para quien quizá podría ser menos complejo encontrar reemplazo- tiene reglas propias: cuanto mejor sea el resultado electoral para el gobierno (a lo que ayudaría su gestión en Economía), más cerca estará el ministro de abandonar su cargo, rumbo a la Cancillería.
• Con la mira puesta en Buenos Aires, sobre el cálculo de una victoria por 20 puntos de diferencia, Kirchner auspicia el reciclado de la tropa que hoy está con Eduardo Duhalde. Los kirchneristas, prematuros en los festejos, hablan de posduhaldismo. En ese jardín comenzó -volvió- a sembrar Aníbal Fernández que en los últimos 15 días se citó, al menos dos veces, con miembros del «club de amigos» que, según el quilmeño, es el PJ bonaerense. Baldomero «Cacho» Alvarez, Isidoro Laso y Osvaldo Mércuri frecuentaron al ministro que se ofrece -nadie sabe si tiene venia presidencial- como puente de plata para, luego de octubre, reconciliarse con la Casa Rosada. Fernández no es el único que subasta passwords para el día después: más reservadamente, otros dos bonaerenses -un funcionario y un intendente- con diálogo permanente con Kirchner intentan convertirse en los vehículos para la captura del duhaldismo residual.
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