Como suele ocurrir en los últimos tiempos, el incremento salarial a los militares no incluyó una extensión al personal retirado. Por supuesto, éstos viven esa situación como un castigo. Y, al margen de connotaciones políticas, lo cierto es que en relación con otros sectores del Estado con los cuales antes se comparaban, hoy las diferencias de estipendios alcanzan a 150% (con los diplomáticos, por ejemplo).
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Más allá de las opiniones sobre lo que le corresponde percibir como jubilación a un general, brigadier o almirante -y quienes les suceden en jerarquía-, también en estos casos se producen situaciones de conflicto y marcadas distinciones, pues como los ingresos de los retirados padecieron congelamientos o recortes varios (el móvil que percibían por haber contribuido a ello mensualmente), desde hace tiempo muchos apelaron a la Justicia en busca de reparación (seguramente, después de lo de ayer, lo volverán a hacer). Sucedió, entonces, que hombres de una misma promoción, retirados en el mismo momento, lograron que un magistrado les aceptara el reclamo y, por lo tanto, cobran incrementos. Mientras otros colegas -en igual situación- no obtuvieron de otros jueces esa satisfacción y mantienen sus ingresos estancados.
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