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Cristina Fernández de Kirchner y Roberto Lavagna
«La Nación».
Es una columna interesante, entonces, pero con dudas en las afirmaciones que contiene. Se expresa también que el kirchnerismo querría agregar «una verdad» a aquellas arcaicas y legendarias «veinte» del peronismo histórico.
Sería para Kirchner «correr en ayuda de los vencedores»(?). ¿No será de los «perdedores» duhaldistas para sumarlos? ¿O estaríamos en otra afirmación descabellada para los psicologistas del matrimonio santacruceño?
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
Como el monopolio «Clarín» es socio del gobierno nunca se pueden esperar análisis pero sí datos oficiales, precisamente por ser vocero. Fue muy interesante este fin de semana la descripción de un inusitado armamentismo en el gobierno chileno: 10 aviones F16, dos submarinos, 24 helicópteros. Aquí no hay una sola protesta del gobierno de Estados Unidos como sí existe con la venta de armas al peligroso Hugo Chávez de Venezuela. Felizmente un Chile armado no es prevención contra la Argentina sino porque el «Evo Morales» peruano, el nacionalista Ollanta Humala que podría ganar Cristina F. de Kirchner Roberto Lavagna la presidencia de este país, dijo una frase también desconocida pero inquietante para una visita protocolar: «A Chile iré montado en un tanque». Pronóstico que justifica que Chile se prepare militarmente si va a tener en las fronteras a dos enemigos como Humala y Evo Morales.
Otro dato del columnista Van der Kooy -tomarlo con pinzas porque transcribe los deseos del gobierno- es sobre Roberto Lavagna, el poseedor de una «pequeña fama» negociando una deuda externa hoy carísima al pagarla con bonos ajustados por inflación interna, que el kirchnerismo no domina, y no por dólar donde le fija el precio que quiere. Lavagna -según «Clarín»- «siente que no será el espacio político al cual podría pertenecer», en relación a que el gobernador de Neuquén, Jorge Sobisch, declaró la última semana que podrían aliarse y Maurico Macri también lo considera posible.
También «La Nación» -podría ser una «operación de prensa» de la misma fuente oficial- dice que la unión de Lavagna al espectro opositor es difícil y que podría jugar en definitiva con el kirchnerismo. Al ex ministro le seduce «ganar una elección» tras una vida de ser «nombrado» por distintos gobiernos. Por caso consideraría su culminación en la vida pública ser elegido jefe de la Ciudad de Buenos Aires. Pero salvo que Mauricio Macri vaya directamente a candidato presidencial no veo hueco como para asumir compromisos allí. Por el lado de Elisa Carrió -que también lo alaba- tampoco ve salida segura porque esta hábil política quiere mandar a candidatearse a presidente de la Nación, sea Macri o Lavagna, a todo aquel que pueda hacerle sombra para asegurarse la Jefatura de la Ciudad de Buenos Aires, aunque nunca dejará de decir hacia afuera que «quiero ser presidente de los argentinos». Lavagna, que tiene tantos antecedentes de populismo como de libreempresismo -quizá de éstos menos- puede esperar y optar. El kirchnerismo le puede dar algo valioso: candidato a ganar la elección en la Capital Federal porque tras el fracaso del candidato Rafael Bielsa tiene muchos aspirantes en sus filas -comenzando por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández- pero ninguno atractivo como podría ser el ex ministro de Economía para el electorado del país que es el más crítico y opositor a este gobierno con santacruceños de base. Roberto Lavagna sumado a la oposición es una preocupación seria del kirchnerismo que se sabe dueño de votos no desde el amor sino desde la compra.
A la nueva política norteamericana sobre la región (ante Evo Morales y eventualmente Humala en Perú), su relación con la visita del funcionario norteamericano Tom Shannon a la Argentina y su entrevista con Néstor Kirchner, Van der Kooy no agrega nada nuevo y quedó detrás de otros comentarios de la semana.
Porque es vocero oficial por ejemplo no mencionaría -ni quizá llegue a deducir- que a Kirchner le interesaba verlo a Shannon más que éste al Presidente porque se derrumbó aquella imagen de arcilla blanda montada en que «podemos frenar desde la Argentina a Morales». Hoy el gobierno argentino tiene poco que ofrecerle a EE.UU. después de haberlo ofendido en la cumbre de Mar del Plata porque Evo Morales no quiere a este gobierno argentino, aunque vaya a guardar las formas y a regañadientes hará una visita fugaz de pocas horas. Por otro lado Kirchner le debe tanto que no puede calmar ya a Hugo Chávez y George Bush no necesita ningún intermediario argentino con Lula. Es cierto que al no tener deudas con el Fondo los norteamericanos no pueden presionar con apoyos al kirchnerismo. Pero también es cierto que lo único que pueden ofrecer hoy Néstor Kirchner y su esposa a Estados Unidos es seguir sin visitar a Fidel Castro. Es poco, pero obviamente los comentarios «dulces» de «Clarín» no van a decir estas cosas.
LABORDA, FERNANDO.
«La Nación».
Flojo. No transcribe información nueva y sólo un dato que es posible pero no hay fuente al alcance que lo confirme en términos tan tajantes. Posiblemente sea una buena deducción del columnista en relación a posturas anteriores: que en el encuentro de esta semana con Lula da Silva, Néstor Kirchner le admitirá el «liderazgo» sudamericano pero que, a cambio, pague por ello. Concretamente, que no exporte tanta industria desde Brasil a la Argentina. En realidad eso ya está concedido y anunciado la semana pasada pero es sabido que, aunque mejoró un poco con el canciller Jorge Taiana, nuestro país sigue sin tener una clara política internacional. Ni medianamente clara. Nos exportarán menos pero no porque los brasileños «piensen con el corazón y no con el bolsillo», como soñaba aquel ministro radical de Raúl Alfonsín. Lo que sucede es que Brasil con la instalación de una importante fábrica de zapatillas en territorio bonaerense para que trabajen 2.000 argentinos llegó al nivel que quería para decidirse: tiene ya la suficiente penetración empresaria productiva en la Argentina como para no llevarse de ahora en más tantas «divisas argentinas» de exportación, irritando el nacionalismo criollo, sino parte de ellas por esa vía y el resto por dividendos girados de sus empresas aquí. No olvidar que también compraron los brasileños, con créditos del banco de desarrollo de su país, los bienes otrora de Pérez Companc, las cementeras de Amalita Fortabat y centenares de empresas menores, además de tener operando aquí dos poderosos bancos de Brasil. ¿Para que querría Lula molestar a Kirchner y a los fabricantes argentinos de zapatos y electrodomésticos exportándoles demasiado desde San Pablo si puede tomar los beneficios para su país como ganancias de producir aquí, teniendo a favor en la provincia de Buenos Aires a obreros a los que les dan trabajo fábricas brasileñas y Kirchner, en agradecimiento, lo apoyará a Lula como líder? Itamaraty es una cancillería de Brasil famosa porque piensa. La argentina...
Carlos Menem nunca le cedió el liderazgo al Brasil de Henrique Cardoso en los '90 y lo duplicaba en atraer inversiones externas. Hoy en la Argentina se puede hacer todo mal y pasa mientras el dinero llueve a raudales desde el mundo.
El columnista de «La Nación» no agrega más. Acota análisis menores como que en Uruguay, si van a un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, «no sería el primer gobierno de izquierda que asume posiciones de derecha». Tres fallas en el concepto: a) La racionalidad económica para crear riqueza en un país no es de «derechas» ni de «izquierdas», sino de gobernantes torpes, tipo populistas, o gobernantes con intención de estadistas. Luego sí se separan con carátulas por criterios distintos. Es cuando hay que distinguir la riqueza fruto del manejo racional o circunstancial (como hoy tiene la Argentina por la soja y China).
Generalmente la «izquierda» apura y la «derecha» demora para consolidarla. b) Por supuesto que Uruguay no sería el «primero de izquierda» en ser racional. Lo son Chile, España, decenas más y fundamentalmente lo es China -comunista aún en lo político y con pocas libertades democráticas- pero que con absoluta racionalidad económica «tipo derecha» en 20 años alcanzará a Estados Unidos entre los países más desarrollados del mundo. c) La tercera falla es no recordar que históricamente los uruguayos como los chilenos han tenido mejor calidad de clase política que los argentinos como para poder gobernar mejor su país. Aunque dictadores y despiadados hasta las castas militares fueron más útiles e imaginativas que las nuestras. Tabaré Vázquez y el Frente Amplio, hoy en el gobierno, serán «de izquierda» pero no se les nota hasta ahora -aunque apenas llevan 10 meses en el gobierno- que desmerezcan esa calidad tradicional de los hombres públicos en este vecino país aunque piensen distinto.




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