28 de octubre 2010 - 17:37

Luto colectivo y el destino de la idealización

Apenas se supo la noticia de la muerte de Kirchner, la gente acudió a la Plaza de Mayo.
Apenas se supo la noticia de la muerte de Kirchner, la gente acudió a la Plaza de Mayo.
Por Dr. Isaac Tylim.- Las estrellas de cine, las celebridades y los políticos suelen ser idealizados, cuando no sobreidealizados, por el público en general. Aquellos que son idealizados parecen ser más grandes, más poderosos y más atractivos que la gente común y corriente. En el imaginario popular, funcionan como padres adoptivos que hacen cosas importantes a la vez que inducen una extraña combinación de admiración y envidia.

La identificación con los objetos idealizados alimenta los ideales de los individuos. La grandeza que se les atribuye es a menudo una proyección de las ansias y los deseos del sujeto por rescatar figuras protectoras del pasado, a saber, el padre y la madre.

La idealización es, quizás, la mejor defensa contra los impulsos destructivos. La idealización de la autoridad es una herramienta estratégica para ahuyentar y negar los sentimientos incompatibles y contradictorios. Cuando existe menos tolerancia a la ambivalencia, es probable que uno se encuentre con un mayor grado de idealización. Esto ayuda a explicar por qué la gente disfruta de ver caer a las figuras importantes de los pedestales sobre los que habían sido colocados en un pasado. La difusión de la transgresión oculta, sea ésta de carácter sexual o financiera, la publicación de las biografías de los ricos y famosos, o simplemente su muerte, sacude esta idealización y, a un nivel más profundo, la cuestiona. 

Dicho esto, ¿cómo se puede entender la expresión de congoja colectiva que surge ante la muerte de una figura pública? ¿Será un intento por ocultar lo que se halla detrás de la idealización? ¿O acaso la desaparición de aquel Otro Ideal es también el significante de la pérdida del objeto parental amado y odiado a la vez?

El luto colectivo se asemeja a los hermanos distanciados que se unen para los funerales de su padre. Es capaz de darle una lección de humildad a los involucrados, ante la evidencia de que hasta los superpoderosos van más allá de los límites previstos. Dicho de otro modo, el luto colectivo puede generar realidades opuestas. Por un lado, puede señalar el comienzo de un proceso de desidealización; por otro, puede facilitar su resurgimiento. En el peor de los casos, el luto colectivo posibilita la transformación de las figuras idealizadas en fetiches; y estos son difíciles de superar.

La realidad material se manipula para crear algo que, al igual que la frazada del niño que comienza a caminar, preserve la ilusión de poder aferrarse al que se ha perdido. En la coreografía de presencias y ausencias, aquellos productos recién creados -los fetiches- le dan sosiego al que hace el duelo. Los afiches de Marilyn Monroe, las camisas con la imagen del Che Guevara y las tazas con el retrato de Lady Di podrían seguir vendiéndose durante generaciones. 

Las figuras idealizadas nunca mueren. Se convierten en otra cosa con el tiempo, sobreviviendo de generación en generación. Es una bendición complicada. Se podrán erigir monumentos con palabras grabadas en ellos como tatuajes sobre el cuerpo, se podrán construir edificios dedicados a líderes fallecidos; se podrán ver una y otra vez viejas películas para evocar tiempos pasados. Estos homenajes diversos ofrecen imitaciones de inmortalidad, un escudo contra la realidad, la cual, sin la idealización, podría volverse insoportable

*Issac Tylim is Profesor en el Programa post doctoral de Psicoterapia y Psicoanalisis en la New York University

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