En toda reunión que en estos días lo tiene como orador, Mauricio Macri recibe la pregunta del porqué de su visita a Eduardo Duhalde, en Montevideo. Ayer al mediodía también la tuvo en la tradicional reunión mensual del Círculo Argentino, un grupo empresario que se reúne en el Yacht Club de Puerto Madero. Y Macri la respondió: «Saben que no provengo de una carrera política tradicional. No tengo acumulados ni odios ni amores del pasado que me impidan dialogar con nadie. Lo hice con Duhalde, como antes con López Murphy. De Duhalde tengo la impresión de que es un político que gusta del poder, que aprendió muchísimo cuando fue presidente. Hoy, por ejemplo, dialogando con él, observo que no mantiene la posición de enfrentar a los organismos internacionales, aunque no creo que lo vaya a manifestar dada su postura con el presidente de la Nación para la elección legislativa del año próximo. Entrevistarlo, entonces, no es hacer pactos, aunque yo políticamente creo que es necesario que integremos una parte del justicialismo, que también puede ser la de Ramón Puerta, Rubén Marín, Carlos Reutemann o Juan Carlos Romero».
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Plantea así la fórmula de la «pata peronista» -y así la llama-, aunque, si se trata de Duhalde, éste probablemente esté pensando en «la pata de centroderecha». Ricardo López Murphy dialoga con Elisa Carrió, aunque sólo a nivel de estrategias políticas para 2005 (sería ella en la Capital Federal y López Murphy en provincia de Buenos Aires), no creyéndose posible que ambos hablen de principios políticos comunes.
La fórmula Macri en Capital y López Murphy en la provincia, en cambio, puede ser una estrategia electoral con postulados políticos similares. La impresión que va surgiendo es que también el centroderecha tiene el síndrome de la política argentina: todos quieren ser primera figura y que el otro se pliegue a él. Les pasa también a la izquierda desde hace años y al peronismo.
Pero si no hay alianzas en una elección legislativa -donde pueden sumar más y luego, en el peor de los casos, tener su grupo separado en el Congreso-, menos se las podrá esperar para los comicios presidenciales de 2007. José María Aznar, en su libro sobre sus 8 años de gobierno, dice que el centroderecha español logró en 1996 llegar a presidir España y desplazar 14 años de gobierno socialista el día en que logró reunir todas las fuerzas y políticos afines, «sin dejar afuera absolutamente a ninguno».
Eso parece difícil para el modo de ser argentino. No se perfila un solo dirigente de centroderecha que encolumne a todos. O sea no hay un Aznar que se torne indiscutible para el resto. Los agrupamientos de fuerzas como quiere Macri, sin bases ideológicas comunes, están destinados, como mera fórmula electoral, al resultado que tuvo el ala derecha del radicalismo con el Frepaso, en su «alianza» para el Poder Ejecutivo que terminó alejando primero a Chacho Alvarez y después haciendo renunciar a De la Rúa ante un golpe civil bonaerense. Era un acuerdo inviable. Macri en esto no adopta, por ahora, la idea de que, al haber llegado por primera vez la izquierda al poder (hubo otro arribo, efímero, de meses, en 1973 con Héctor J. Cámpora), se está marcando un camino por el cual, como alternativa, se abre la posibilidad de que gane una elección un centroderecha auténtico y no vía «alianzas», a la larga insustentables, ni vía imprevistos como fue el mismo Carlos Menem. «No pondría las manos en el fuego porque no lo he conocido a fondo, pero Juan Carlos Blumberg me parece un hombre normal, absolutamente respetable que dice cosas lógicas», fue otro concepto de Macri ayer. «Desde el poder baja permanentemente resentimiento y viven criticando la década del '90 cuando hasta hoy el país vive de lo que se invirtió en esos años.» «Lo único que veo mal de las privatizaciones es que el menemismo las realizó con demasiado apresuramiento.» «Admitamos que De la Rúa tuvo mala suerte. Su ministro de Economía, José Luis Machinea, es acusado de frenar la recuperación porque necesitaba 2.000 millones de dólares para nivelar el presupuesto y este gobierno tuvo la excepcional suerte de un sector externo que se los brinda en pocos meses», fueron otras expresiones de Macri.
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