Las relaciones con Gran Bretaña por Malvinas pasan por un período de letargo. El gobierno argentino se anotició de la demora en la construcción del cenotafio que recuerda los muertos en la Guerra de Malvinas una semana antes de que Adalberto Rodríguez Giavarini viajara a la reunión del Comité de Descolonización de la ONU para reclamar -como se hace siempreuna solución negociada de la soberanía del archipiélago. La oficina de Planificación y Construcción Urbana del gobierno isleño comunicó oficialmente a la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas que recién el 1 de agosto podría haber una decisión del gobernador Donald Lamont acerca de la propuesta de construir un memorial en el cementerio de Darwin. La construcción de la obra se gestiona por intermedio de la Cancillería desde 1999.
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No sólo los kelpers congelan decisiones: el Palacio San Martín desalentó las ejercitaciones militares conjuntas en el Atlántico Sur en las rondas de Contactos Militares que se llevaron a cabo en Buenos Aires a mediados de mayo y además el Reino Unido no envía unidades de guerra en visita oficial al país como consecuencia de un millonario embargo cautelar que pesa sobre bienes del Estado británico a raíz de un pleito privado entablado contra la corona por productores rurales de Balcarce.
En 1999 la Argentina y Gran Bretaña firmaron en Nueva York el acuerdo de 14 de julio por el cual se reanudaban las comunicaciones con las islas y se permitía a los argentinos viajar desde el continente en vuelo directo a las Malvinas. En el marco del entendimiento había un capítulo esencial: la generación de actos de confianza mutua. Entre ellos estaban: la construcción del monumento a los caídos en combate, el uso de la toponimia sajona original previa al conflicto del '82 y la cooperación en materia de lucha contra la pesca furtiva. En paralelo al acuerdo, el entonces ministro de Defensa Jorge Domínguez firmó un convenio complementario que auspiciaba la realización de ejercitaciones militares conjuntas. De esa lista todo está en suspenso.
Instrucciones
Funcionarios británicos de Defensa encabezados por Simon Webb que sesionaron en el Edificio Libertador con sus pares argentinos no consiguieron revertir la posición del Palacio San Martín respecto de los ejercicios de búsqueda y rescate en el Atlántico Sur. José María Lladós, ex secretario académico del CARI, ahora como secretario de Defensa dio instrucciones -según la consigna de Susana Ruiz Ceruti, secretaria de Relaciones Exteriores-a la licenciada Alejandra Martín, directora de Política del ministerio, de evitar una nueva edición del ejercicio bilateral Millenium en aguas del Atlántico Sur.
El Departamento Malvinas de la Cancillería a cargo del embajador Santos Goñi se enteró de la demora en la construcción del monumento a los muertos en el cementerio de Darwin a través del presidente de la Comisión de Familiares, Héctor Cisneros, precursor del homenaje. Fiona Wallace, jefa del Departamento Planificación Urbana de las islas, notificó a los arquitectos argentinos Mónica Cordero de Berraz y Carlos D'Aprile, diseñadores del proyecto, que si para el 1 de agosto no hay resolución del gobernador ni de los consejeros legislativos «entonces deben reclamar según las formas establecidas en la Ordenanza de 1991 de ese departamento». No sólo la morosidad de los kelpers atenta contra la obra, hay razones de política interna: los primeros días de noviembre tendrá lugar la elección del nuevo consejo legislativo y es difícil arrancar decisiones de algunos kelpers con epidermis sensible a planteos nacionalistas. Del lado argentino tampoco aparecen los recursos para financiar la construcción valorizada en $ 1,2 millón. Por eso Cisneros, titular de la Comisión de Familiares, peregrinó por la Secretaría General de la Presidencia, el Ministerio del Interior y el Estado Mayor Conjunto, en búsqueda de voluntades que posibiliten el desarrollo del proyecto.
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