26 de marzo 2007 - 00:00

Malvinas, la decisión

A partir de hoy, este diario publicará seis ediciones -a completarse el 2 de abril, fecha del 25° aniversario de la recuperación transitoria de las islas-con el marco previo, secreto y desconocido, de lo que rodeó la decisión final de ocupar las Malvinas. Una formidable tarea que realizó el periodista Juan Bautista Yofre, indagando en informes, archivos y testimonios de lo que fue ese proceso militar con el acompañamiento de algunos civiles. No se induce a ninguna conclusión; ésta surge por la evidencia de los hechos: cierta malversación de lo que ha sido un anhelo argentino. Al margen de intereses personales o políticos, lo que revela esta investigación con materiales inéditos es la soberbia y el aislamiento de un régimen, propios de los que no intentan conocer el mundo y sus reglas, sólo inclinados a permanecer en su ignorancia. También son múltiples las razones que podían explicar este encierro, pero finalmente lo que resta es el saldo oprobioso: la derrota. Con un mínimo de distancia, como si se observara un cuadro, se puede advertir con nitidez la cantidad de errores que llevaron a la decisión militar, luego multiplicada en fallas al negociar; errores estos últimos que tampoco fueron vistos -ni siquiera hubo voluntad al respecto-por la gran mayoría de los argentinos, quienes tal vez se aferraron a ese intento de ocupación como forma de recuperar un orgullo perdido o para disfrazar, una vez más, su prescindencia de la realidad. No fue entonces la única ocasión. A partir de hoy, este diario publicará seis ediciones -a completarse el 2 de abril, fecha del 25° aniversario de la recuperación transitoria de las islas-con el marco previo, secreto y desconocido, de lo que rodeó la decisión final de ocupar las Malvinas. Una formidable tarea que realizó el periodista Juan Bautista Yofre, indagando en informes, archivos y testimonios de lo que fue ese proceso militar con el acompañamiento de algunos civiles. No se induce a ninguna conclusión; ésta surge por la evidencia de los hechos: cierta malversación de lo que ha sido un anhelo argentino. Al margen de intereses personales o políticos, lo que revela esta investigación con materiales inéditos es la soberbia y el aislamiento de un régimen, propios de los que no intentan conocer el mundo y sus reglas, sólo inclinados a permanecer en su ignorancia. También son múltiples las razones que podían explicar este encierro, pero finalmente lo que resta es el saldo oprobioso: la derrota. Con un mínimo de distancia, como si se observara un cuadro, se puede advertir con nitidez la cantidad de errores que llevaron a la decisión militar, luego multiplicada en fallas al negociar; errores estos últimos que tampoco fueron vistos -ni siquiera hubo voluntad al respecto-por la gran mayoría de los argentinos, quienes tal vez se aferraron a ese intento de ocupación como forma de recuperar un orgullo perdido o para disfrazar, una vez más, su prescindencia de la realidad. No fue entonces la única ocasión.

El general Mario Benjamín Menéndez, gobernador de las Islas Malvinas, en el momento de izar el pabellón nacional en Puerto Argentino. El presidente Jorge Rafael Videla junto a José Alfredo Martínez de Hoz, el ministro más influyente de sus gabinetes. Eduardo Emilio Massera, Jorge Rafael Videla y Orlando Ramón Agosti, integrantes de la primera Junta Militar que tomó el poder el 24 de marzo de 1976.
El general Mario Benjamín Menéndez, gobernador de las Islas Malvinas, en el momento de izar el pabellón nacional en Puerto Argentino. El presidente Jorge Rafael Videla junto a José Alfredo Martínez de Hoz, el ministro más influyente de sus gabinetes. Eduardo Emilio Massera, Jorge Rafael Videla y Orlando Ramón Agosti, integrantes de la primera Junta Militar que tomó el poder el 24 de marzo de 1976.
UNA ADVERTENCIA, NECESARIA, PARA EL LECTOR

La Cancillería siempre fue el botín más preciado por los gobiernos constitucionales y los de facto. Hay siempre algo mágico, llamativo y deslumbrante alrededor del viejo Palacio Anchorena. Para muchos, entrar por los amplios portones de la calle Arenales 721 otorgaba (u otorga) lustre intelectual, ascenso en la ponderación social, cócteles, viajes al extranjero y buenos sueldos en el exterior. A tal punto que los ajenos a la Cancillería la llamaban "la cuna encantada". Esa visión un tanto superficial primó siempre, salvo en algunos períodos excepcionales. El gobierno del Proceso de Reorganización Nacional no escapó a esta visión en marzo de 1976, aunque sus autoridades, además de interventores, se convirtieron en defensores de la moral pública: en medio de una "cacería de brujas", pusieron a todo el personal diplomático en la categoría "a confirmar", e instituyeron la calificación "SIF", es decir, la "situación irregular familiar". Aquel que estaba divorciado se encontraba en problemas. Con el paso de las horas, varios funcionarios fueron echados desde el comienzo, sin mediar razones públicas. Todo era "sotto voce". Así se conocieron las expulsiones de Hugo Juan Gobbi, Vicente Berazategui, Ernesto Garzón Valdés, Teresa Flouret, Mario Cámpora, Juan Archibaldo Lanús, Lilian Alurralde, Albino Gómez, Félix Córdova Moyano, José Figuerola y May Lorenzo Alcalá, entre otros. Así como salieron despedidos unos funcionarios, fueron reincorporados otros que habían sido echados en administraciones anteriores, especialmente durante la "razzia" de Juan Alberto Vignes, el ex canciller de "Isabel" Martínez de Perón.

Dado el carácter castrense de la gestión, se impuso orden en la administración, pero fue un orden en medio del desorden. En apariencia todo funcionaba bien, se cumplían los horarios y cierta consideración existió para con el personal diplomático. Pero primó el desorden: no llegaron ideas nuevas, ni renovadoras, susceptibles de conciliar una lectura certera de lo que pasaba en el exterior. También se intentó adaptar o modificar esa realidad internacional a partir de lo que ocurría en la Argentina. Los responsables de las malas lecturas de la situación internacional no eran los argentinos, sino los otros que no nos entendían.

En este contexto, la Guerra de las Malvinas no fue una excepción a la regla. Siempre se ha sostenidoque la política exterior es la prolongación de lo que ocurre en el interior de un país. Y, precisamente, el "esquema de poder" que los militares se inventaron sólo prolongaba hacia afuera la enorme confusión que reinaba en la Argentina. La pregunta más repetida en esos años era: ¿quién manda en la Argentina? El interrogante lo formulaban cotidianamente los diplomáticos extranjeros, y en los días de la crisis de las Malvinas, en 1982, se lo observó en toda su dimensión: "No está claro quién manda acá. Tanto como 50 personas, incluyendo comandos de tropas, pueden estar ejerciendo vetos. Ciertamente, no puedo conseguir nada mejor en este momento", le escribió el secretario de Estado Alexander Haig a su colega británico, Francis Pym, en medio de las negociaciones previas al enfrentamiento armado en el Atlántico Sur. En este contexto, la Guerra de las Malvinas no fue una excepción a la regla. Y los errores que se cometieron al evaluar la invasión del 2 de abril de 1982 sólo se entienden observando lo que ocurrió los años anteriores. Esta somera reseña, desde el 24 de marzo de 1976 hasta 1981, es tan sólo una muestra que explica los desaciertos que vendrían más tarde.

El 24 de marzo de 1976 fue una fecha esperanzadora para muchos. Pero sólo volvió a sacar a la superficie la crisis de la dirigencia argentina y, como era de esperar, el proceso terminó envueltoen un enorme fracaso. No sería el primeroni el último. Antes y después sobrevinieron otras decepciones. En esta reseña queda reflejada la disputa dentro del poder en esos años, el mecanismo de toma de decisiones y su exteriorización hacia el mundo. Es la historia de personajes menores que ya muy pocos recuerdan y la de funcionarios lúcidos que no pudieron o no quisieron hacerse oír. La reseña está apoyada en testimonios de funcionarios diplomáticos, medios públicos, informes y minutas que circulaban por el Palacio San Martín y las principales embajadas argentinas en el exterior y, también, por qué no decirlo, de los apuntes personales del autor que hoy salen a la luz.

1976, LA ARMADA CONDUCE LA CANCILLERÍA

Junto con la asunción de Jorge Rafael Videla juró como ministro de Relaciones Exteriores y Culto el contraalmirante César Augusto Guzzetti, un oficial submarinista que había pasado gran parte de su vida observando el mundo desde su periscopio. Toda una imagen. La Cancillería cayó en manos de la Armada, de acuerdo con el 33% que demandó el reparto de las áreas de poder, y las embajadas también entraron en el "cuoteo", salvo contadas excepciones. A su vez, la administración de la Cancillería también se dividió en tres: Armada (política exterior), Ejército (personal y administración) y Fuerza Aérea (las relaciones y negociaciones comerciales con el exterior). Como comentaría años más tarde, con la sutileza que lo caracteriza, el embajador Carlos "Kiko" Keller Sarmiento, "la Cancillería se convirtió en un buque de guerra, con todos los pabellones de combate flameando al viento con una ocupación pacífica, pero eficiente de la Marina." 1

Al capitán de navío Gualter Allara le tocó ejercer como subsecretario de Relaciones Exteriores. Otros oficiales navales (especializados algunos en "inteligencia") y representantes del Ejército y la Fuerza Aérea se repartieron los cargos más importantes: el capitán de fragata Nelson Castro, Santoiani, Pérez Froio, Seisdedos, Cuadrado, Groppo y Vilardo conformaron los cuadros medios de la estructura de "la casa". No estaban preparados para el desafío, y para que no quedaran dudas, un capitán de fragata hizo gala de su desconocimiento al afirmar durante una reunión en el Salón Verde: "Yo no sé nada de política exterior, pero me resulta muy divertida".

La línea de política exterior que habría de seguir Guzzetti estaba bien definida en las "Bases para la intervención de las FF.AA. en el Proceso Nacional": "...ubicación internacional en el mundo occidental y cristiano, manteniendo la capacidad de autodeterminación, y asegurando el fortalecimiento de la presencia argentina en el concierto de las naciones".

Imbuido por el contenido de estos tres párrafos, el coronel Repetto Peláez irrumpió en el despacho de Eduardo Lorenzo de Simone para ordenarle que "haga un plan para cerrar embajadas en Africa". El funcionario, sorprendido, con su estilo parsimonioso y su voz nasal le respondió: "Coronel, ¿qué vamos a hacer con el Movimiento de Países No Alineados?". La cara del representante del Ejército se desfiguró: "¿Qué es eso?, espere un poco que voy a consultar". Casi al unísono, el canciller Guzzetti decía que "si nos aislamos, si discriminamos, si descartamos a unos por un motivo y a otros por otro motivo, comeremos carne -porque nadie nos comprará nada-pero seremos mediocres". 2

Más difícil de entender era para el comodoro Raúl Cura, subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales, cómo en los países del área socialista no regía la economía de mercado y que la política económica que allí imperaba era planificada y centralizada. "¿Cómo puede ser?", le preguntó a un joven consejero (hoy embajador). "¿Entonces dónde compran los rusos la comida si no tienen mercado?"

Por esos días un diplomático escribió: " Arnaldo (Musich) 3 le dijo a Carlos (Muñiz) que hay que cuidar mucho a Enrique Ros4, que es la única persona que puede revisar y arreglar con algún criterio las barbaridades que hacen, o algunas de ellas al menos". También añadió que el canciller Guzzetti, después de Chile, tras sus contactos con Kissinger, 5 "se agrandó y se cree estadista en serio, perdiendo la humildad, única virtud que lo adornaba".

A los pocos días de retornar de Santiago de Chile se dio uno de los diálogos irrepetibles que sonaron socarronamente por todas las paredes del Palacio San Martín. Fue entre el diplomático Quadri Castillo y el ministro Guzzetti:

Quadri Castillo: Canciller, lo de la OEA salió bien, muy bien, ahora viene lo más complicado.

Guzzetti: ¿Ah sí? ¿Qué es?

Quadri Castillo: Ahora viene el encuentro con (Antonio) Azeredo da Silveira, por la disputa de las represas.

Guzzetti: Al negrito ése le pongo la cara número tres y lo paso al cuarto.

Pasaron los noventa días iniciales y la situación de los diplomáticos estaba sin resolverse. La mayoría del personal diplomático colgaba de un pincel, o mejor dicho seguía en " disponibilidad". El canciller, pese a todo, no perdió su parquedad. Preguntado sobre cuál era el futuro de Raúl Giraldes (un embajador tildado de peronista) contestó: "Presenta un disparo en la línea de flotación". La pregunta vino a propósito de que Giraldes había sido convocado por el canciller días antes para informarle que él permanecería en la carrera. Aliviado por la noticia, cuando bajaba la enorme escalera de mármol que lleva a la calle Arenales escuchó que lo llamaban para que retornara al despacho de Guzzetti. Al entrar nuevamente al despacho que en otras épocas había albergado a Saavedra Lamas, Paz, Zavala Ortiz o Cárcano, el almirante le dijo: "Me equivoqué, su situación continúa bajo análisis de la Junta". Guzzetti pensaba que había conversado con otro embajador y Giraldes debió ser reconfortado en la enfermería del palacio.

Por aquel entonces los funcionarios más influyentes eran: Juan Carlos Arlía (un experto en derechos humanos), Ezequiel Pereyra Zorraquín (director de Política), el coronel (RE) Rafael "Manzanita" Giménez6, y Oscar Ataide (un marino retirado del servicio por encallar un barco). Existieron otros, aunque nombrarlos no lleva al fondo de la cuestión.

El 4 de abril 1976 llegó a Buenos Aires el ministro de Marina de Brasil, almirante Geraldo Azevedo Henning. Traía en su portafolio un proyecto largamente acariciado por la Armada de la Argentina: la conformación de un tratado defensivo en el Atlántico Sur que pretendía cortar el avance de la influencia soviética-cubana y defender las rutas de aprovisionamiento de petróleo de los países occidentales. Esperaban contar para tales fines con la colaboración de las armadas de Brasil, Sudáfrica, Uruguay y los Estados Unidos. La participación brasileña se resquebrajó el 21 de setiembre de ese año, cuando el canciller Azeredo da Silveira declaró públicamente que "no hay la menor posibilidad de constitución de un sistema colectivo de defensa... aun menos con la presencia incómoda e indeseable de Africa del Sur". 7 De todas maneras, haciendo oídos sordos, la Cancillería envió al ministro Alfredo Oliva Day como encargado de Negociosen Sudáfrica y los planes de acercamiento al régimen del "apartheid" continuaron avanzando, exponiendo a la Argentina en el bloque de países No Alineados. Es más, la Fuerza Aérea intentó vender sin resultados sus aviones Pucará. El presidente Videla, influenciado en gran parte por el equipo económico, no estaba muy convencido de continuar en un bloque cuya voz cantante la llevaban Cuba, Libia y otros países influidos por la Unión Soviética. La decisión quedó en suspenso luego de un almuerzo que el presidente mantuvo con varios ex cancilleres, entre otros Miguel Angel Zavala Ortiz e Hipólito Jesús Paz. El ágape sirvió además para reflejar el espíritu de competencia que reinaba entre las armas. Fue cuando el canciller Guzzetti se quejó a Videla por no haber sido invitado en momentos en que se analizaban temas de su área de competencia. La respuesta del presidente de la Nación, casi una excepción con su estilo conciliador, fue que era su prerrogativa almorzar con quien quisiera. Como se observará en otros momentos, la decisión fue acertada: la permanencia de la Argentina en los No Alineados coadyuvó a los reclamos argentinos en el Beagle (1977/78); respaldó los reclamos de soberanía en las Malvinas y silenció las acusacionesde violaciones a los derechos humanos. Enfrentado con esta decisión, el ex canciller de Juan Carlos Onganía, Nicanor Costa Méndez, desde el mensuario "Carta Política", escribió: "Los juristas sostienen que la Argentina esta jurídicamente alineada con los Estados Unidos. Por lo menos en una alianza defensiva. (...) No necesitamos militar en el Tercer Mundo, al que no pertenecemos. La militancia en el grupo de los No Alineados puede alejarnos de nuestros viejos amigos y de nuestros naturales aliados. De aquellos países con los que mantenemos activo comercio y activas relaciones económicas y financieras. (...) Otro asunto nos debe mover a reflexión. Las Malvinas. Necesitamos los votos de la mayoría (de la Asamblea General de las Naciones Unidas), dicen los especialistas. No parece ser así, sin embargo. La intervención de las Naciones Unidas permitió comenzar las negociaciones. Es verdad. Ninguna influencia tuvo, empero, en las etapas siguientes; anualmente la Asamblea General reitera la exhortación a Gran Bretaña. Gran Bretaña no responde a esa exhortación y su silencio no tiene sanción alguna. Conviene determinar si vale la pena limitar nuestra libertad exterior y prendar nuestra independencia en las Naciones Unidas, para asegurar un hipotético voto mayoritario cuya eficacia hasta ahora no se ha demostrado." 8

El 18 de junio de 1976, la militante montonera Ana María González, aprovechando la amistad con su hija, asesinó al jefe de la Policía Federal, general Cesario Cardozo, colocándole explosivos debajo de la cama. El hecho conmocionó al país. Para sucederlo se habló de varios candidatos: Adel Vilas (lo pidió expresamente por telegrama) y los generales Buaso, Mujica y Corbetta. Fue elegido este último, que duró muy poco en el cargo. Cada asesinato terrorista endurecía el frente interno militar y le quitaba espacio de maniobra a la dirigencia política. Semanas más tarde el terrorismo voló el comedor del Departamento de Coordinación de la Policía Federal. Un clima enrarecido y de temor fue la respuesta inmediata. "¿Quién manda?", se preguntaron funcionarios de la Cuenca del Plata de la Cancillería. 9 "Videla no podrá sostenerse más si se cometen dos o tres crímenes importantes", le dijo un general retirado al embajador Sanz.

Durante un almuerzo entre dos periodistas (hoy muy conocidos) y un colaborador militar, en el restorán "La Marina", los hombres de prensa se sorprendieron cuando escucharon: "

Videla sigue sin tomar decisiones, de continuar así lo pueden sacar". 10 Conceptos similares sostenía en esas horas un consejero (hoy embajador), de extracción peronista: "Esta situación no puede perdurar dos meses más. Se corre el peligro de que caiga Videla".

La visita de Hugo Banzer no fue el primero ni el último incidente generador de celos entre los miembros de la Junta Militar: cerca de fin de año, el presidente boliviano Hugo Banzer Suárez devolvió la visita que Jorge Rafael Videla hizo a La Paz. Durante su estadía se quedó sorprendido por los problemas de protocolo que se le planteaban desde los distintos comandos militares. Como es de costumbre, el visitante invistió con la más alta condecoración al dueño de casa, en este caso al presidente Videla. Grande fue la sorpresa que se llevó cuando desembarcó en Buenos Aires: se le reclamaron dos condecoraciones más para los restantes miembros de la Junta, que fueron traídas urgentemente desde La Paz. Esos inconvenientes no fueron inusuales. El 8 de junio, el almirante Eduardo Massera realizó una visita a Ecuador y Nicaragua. Lo hacía como miembro de la Junta Militar, no como comandante de la Armada. El viaje se organizó tan precipitadamente que de los cuatro collares de la Orden del Libertador que necesitaba para otorgar en su periplo (en Ecuador gobernaba una Junta) sólo consiguió dos. En un gesto desacostumbrado, le pidió prestada la suya al cardenal Antonio Caggiano. En Ecuador, luego de condecorar a los tres miembros del gobierno, le pidió como favor especial a su colega de la Armada que se la devolviera con la promesa de que le haría enviar otra desde Buenos Aires. Con la que le restituyeron condecoró posteriormente a Anastasio Somoza Debayle. Massera fue acompañado por personal de la Cancillería, entre otros el director del Departamento América Latina y el director nacional de Protocolo y Ceremonial: "Todo esto no hace más que confundir las cosas y restar al presidente poder de negociación en el exterior", escribió un observador.

El 9 de setiembre, a los 82 años, murió Mao Tsé Tung, el líder de la revolución en China. El 4 de noviembre de 1976, el demócrata James Carter le ganó en la elección presidencial al republicano Gerald Ford. Un télex informativo llegaba a una importante empresa argentina operadora de "commodities" desde Nueva York. En el texto se sostenía que "el embajador Robert Hill habría mandado un informe sobre la Argentina que fue distribuido a los legisladores con carácter de 'clasificado'. Este informe sería ampliamente negativo para con el gobierno de Videla. (...) El triunfo de Carter presenta una perspectiva más dura para la Argentina en cuanto al tema derechos humanos. Aunque su ideología es 'no intervencionista', su propósito era la 'presencia moral' norteamericana (y) podría concretarse en decisiones desfavorables para países como la Argentina, cuestionados por este tema. El propósito de algunos grupos cercanos a Carter es atar el tema con los factores económicos, tales como preferencias arancelarias, créditos, etc. Una frase muy repetida es: 'Que maten toda la gente que quieran, pero que no lo hagan con nuestros impuestos, nuestro dinero. (...) Un factor favorable (para la Argentina) es que, en general, nadie confunde a Videla con Pinochet. Otro factor es que al grueso de la población no le interesa el tema en absoluto". 11 El jueves 11 de noviembre, Videla inició una visita oficial a Chile, suscribiendo en la oportunidad doce acuerdos bilaterales ( entre otros, uno de venta de trigo a Chile por 500.000 toneladas anuales, y otro de compraventa de gas).

MALVINAS EN 1976

Desde el 16 de noviembre de 1965, la Argentina contaba a su favor con la Resolución 2.065 de las Naciones Unidas que instaba a la Argentina y a Gran Bretaña e Irlanda del Norte "a proseguir sin demora las negociaciones recomendadas por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la declaración sobre la concesión de independencia de los países y pueblos coloniales, a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la Resolución 1.514 (XV), así como los intereses de la población de las Malvinas (Falkland Islands)". En su punto 2°, la resolución pedía a ambos gobiernos que "informen al Comité Especial y a la Asamblea General, en el vigésimo primer período de sesiones (es decir, 1966) sobre el resultado de las negociaciones". En pocas palabras, por primera vez se reconocía una disputa de soberanía y aparece la palabra "intereses" de los pobladores (kelpers) y no los "deseos" de ellos. 12 Hasta 1976 no se había producido ningún avance en las negociaciones, y año tras año, en cada reunión de la Asamblea General, los cancilleres argentinos hicieron escuchar sus protestas. Sin embargo, el 4 de febrero de 1976 se produjo un incidente armado, cuando un buque de la Armada Argentina disparó un tiro contra la cubierta del buque Shackleton, que iba a hacer un trabajo de prospección.

Los primeros encuentros entre los funcionarios del nuevo gobierno argentino y los británicos se realizaron en secreto en París, entre los días 10 y 11 de julio de 1976. La delegación argentina la encabezó el subsecretario Gualter Allara y la británica Robin Edmonds, subsecretario del Foreign Office para Asuntos Latinoamericanos. La intención fue sentar las bases para proseguir las negociaciones. Luego volvieron a hacer lo mismo en Buenos Aires el 7 y 8 de agosto. Y, meses más tarde, los días 22 y 23 de febrero de 1977. En esos momentos, la Argentina proponía una administración conjunta como etapa provisional y progresiva previa al momento del traspaso definitivo de la soberanía. Los ingleses, en ese caso, preferían hablar de cooperación conjunta en temas tales como explotación de hidrocarburos y régimen de pesquerías. El 7 de noviembre de 1976, la Armada Argentina comenzó a construir, bajo una estricta reserva, un observatorio en la isla Thule, en el extremo austral de las islas Sandwich. El gobierno inglés pidió explicaciones y la Argentina respondió que era para realizar estudios científicos de manera provisoria. Después de intercambiar notas, finalmente Gran Bretaña presentó una protesta formal que se fue diluyendo con el tiempo. No hubo otro procedimiento y esto hizo pensar más tarde en el Plan Goa.

Ya entonces la Armada, bajo la conducción de Eduardo Emilio Massera y con la dirección del capitán de navío Jorge Anaya, diseñó el Plan Goa, basado en la experiencia de la ocupación de la India, en 1961, de la isla portuguesa de Goa y la ausencia casi total de reacción internacional. El plan contemplaba la ocupación y el traslado de los kelpers a Montevideo. La India lo había podido realizar dado el franco retroceso de Portugal de sus colonias y su escaso predicamento en la escena internacional. El año terminó con una resolución en Naciones Unidas donde se felicita a la Argentina por los esfuerzos realizados para favorecer el proceso de descolonización en las Malvinas y promover el bienestar. La resolución fue aprobada con 102 votos a favor, 32 abstenciones y el voto contrario de Gran Bretaña. "Miremos al mar, que es también parte de la patria", aconsejó Massera en la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales. 13

1977, LA ARGENTINA HACIA EL AISLAMIENTO

El 8 de enero, la Cancillería realizó un balance de su gestión hasta ese momento. Entre los modestos resultados, valoraba "la ruptura del hielo de nuestras relaciones con Brasil y el mayor acercamiento con nuestros países vecinos como resultado de una mayor dinámica diplomática". Puro optimismo. Poco tiempo después, el canciller Azeredo da Silveira puso las cosas en términos más realistas cuando afirmó en el Senado de su país que Brasil no tenía nada que discutir con la Argentina sobre la construcción de la represa de Itaipú. Y afirmó también que Paraguay ya no realizaba una política pendular, entre su país y la Argentina, dado que "en la actualidad Paraguay se inclina sólo hacia Brasil". Mientras sus autoridades hacían sus balances, el personal seguía en "disponibilidad".

Poco más tarde, entre el 10 y el 11 de febrero, los altos mandos del Ejército analizaron la marcha de las relaciones internacionales con su comandante en jefe y presidente de la Nación. En la oportunidad se llegó a la conclusión de que en materia internacional lo más indicado era " tender hacia el aislamiento", como consecuencia de las imputaciones sobre violaciones a los derechos humanos. Una calificada fuente aseguró que los generales analizaron el rompimiento de relaciones con México y Francia por la facilidad que se les daba en esos países a elementos subversivos. Para rechazar esas acusaciones, el 13 de marzo se inició un cónclave de embajadores acreditados en Europa occidental y organismos internacionales con la coordinación del capitán de navío Gualter Allara. La cumbre tuvo un doble propósito: "Esclarecer la situación nacional e intensificar las relaciones de nuestro país con Europa occidental". Una cosa quedó clara: el gobierno necesitaba "esclarecer" los hechos y las consecuencias de la guerra interna que se estaba librando en la Argentina. Como conclusión, se decidió estructurar un "centro de difusión" de la imagen argentina con sede en París. Para tal fin, a pesar del disgusto del embajador Tomás de Anchorena, el "centro" se llenó de oficiales navales y luego de descartar a Magdalena Ruiz Guiñazú y Ricardo Curutchet (director de la revista "Cabildo"), fue designado el veterano periodista Alfredo Bufano. 14 "La reunión de París fue lamentable, el único que sobresalió fue Víctor Massuh (embajador en la UNESCO15). Semanas antes, el 18 de febrero, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ER) dio otra vuelta de tuerca al intentar asesinar al presidente Videla cuando despegaba del Aeroparque Metropolitano (Operación Gaviota).

Dos hechos negativos demandarían especial atención de las autoridades del Palacio San Martín en los meses siguientes. Uno, el 14 de marzo de 1977, a un año de iniciado el Proceso de Reorganización Nacional, el Departamento de Estado dio a conocer un severo informe sobre la situación de los derechos humanos en la Argentina. La Cancillería respondió que rechazaba "de plano las infundadas acusaciones contenidas en el informe", y reafirmó su decisión de "no permitir injerencia externa alguna en asuntos de jurisdicción exclusiva de nuestro país".

Previamente, en febrero, Cyrus Vance en persona anunció que seis países latinoamericanos quedaron marginados de la ayuda militar estadounidense. La Argentina era uno de ellos. A través de la Enmienda Humphrey-Kennedy, se le redujo a la Argentina el crédito norteamericano de 32 millones de dólares a 15,7 millones del presupuesto del Programa de Asistencia para la Seguridad. La sanción guardaba directa relación con la violación a los derechos humanos. El gobierno, entonces, el 1 de marzo de 1977, rechazó toda ayuda, porque entendía que mantenerlo era convalidar las acusaciones de la administración Carter.

A los tres meses de haber llegado Carter a la Casa Blanca, en abril hizo su primera visita a Buenos Aires la subsecretaria de Derechos Humanos, Patricia Derian, quien luego de mantener entrevistas a nivel oficial, volvió a su país con una "sensación negativa". El sábado 30 de abril de 1977, las Madres de Plaza de Mayo, encabezadas por su fundadora, Azucena Villaflor, hicieron su primera ronda alrededor de la Pirámide.

Fue cerca de las 16.30. Fueron pocas, luego decidieron que realizarían sus marchas los jueves de cada semana, a las 15.30.

El segundo: el 2 de mayo de 1977 es comunicado oficialmente el fallo arbitral sobre el litigio con Chile del canal Beagle. 17 La sentencia de los cinco jueces, representantes de los Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Suecia y Nigeria, resultó francamente favorable a las aspiraciones chilenas de extender su presencia al océano Atlántico. Así nació un conflicto que llevaría al país en 1978 al borde de la guerra con Chile. La resolución de la Corte Arbitral causó indignación en el gobierno militar, y también entre la clase política: el 4 de octubre, varios dirigentes solicitaron públicamente el rechazo del fallo del Beagle, entre otros Raúl Alfonsín, Miguel Unamuno, Eloy Próspero Camus y Roberto Ares.

Al cumplirse un año del inicio de su gestión, Videla pronunció un largo discurso que fue televisado. Francisco Guillermo "Paco" Manrique opinó que "nos obliga desde adentro (él se sentía parte del Proceso), la necesidad de decir que vimos en pantalla a un ciudadano descontento, quizá trabado en sus dichos por esta inexplicable e inadmisible confusión del poder en su cúspide". 18 "Ya estamos impacientes", tituló "Prensa Libre", un diario de la mañana con cierta afinidad con Massera.

El 7 de mayo, como una muestra más del estado de guerra interna que se vivía, un comando montonero atentó contra el canciller César Augusto Guzzetti, en el interior de una clínica privada. Lo abandonaron dándolo por muerto después de pegarle varios tiros, usando una almohada para tapar las explosiones. Fue reemplazado por el contraalmirante Oscar Antonio Montes.

"El cambio de Montes por Guzzetti no agreganada especial. Sólo que, se sostiene en la Cancillería, como licenciado en diplomacia tendrá más facilidad para entender 'el negocio'. Novedades en la Cancillería no hay muchas. Sólo que a (la candidatura de) Lucio García del Solar se lo ha reemplazado por Enrique Ros para Naciones Unidas. Su cuñado Hugo Gobbi el otro día explicó algunos temas de política internacional, ante gente uniformada inquieta por los temas de la Cancillería. Hablando sobre Brasil, dijo que sí existían errores, pero que era injusto endilgarlos a Camilión, pues él estaba aislado con un ministerio que prácticamente no le daba, ni había dado, instrucciones". 19

Días más tarde, el presidente Videla realizó una visita oficial a Caracas, Venezuela, y fue recibido por Carlos Andrés Pérez. En la ocasión, durante una conferencia de prensa, el mandatario argentino negó que hubiera "malestar en las Fuerzas Armadas" y reconoció "un exceso de la represión en las fuerzas del orden". La visita fue calificada como "satisfactoria" por algunas fuentes oficiales. En general, el mérito le fue atribuido al embajador argentino en Caracas, el dirigente radical Héctor Hidalgo Solá. Con méritos o sin ellos, el 18 de julio de 1977, Hidalgo Solá, el embajador nombrado a instancias de la Secretaría General de la Presidencia (el núcleo más próximo a Videla), fue secuestrado por un comando paramilitar y nunca más apareció.

En agosto, Patricia Derian fue nuevamente de visita a Buenos Aires. En la Cancillería mantuvo un encuentro antológico. Fue con el subsecretario Gualter Allara y el embajador Juan Carlos Arlía. Tenían visiones encontradas: Arlía se quejó porque cuando un subversivo violaba los derechos humanos, los Estados Unidos no decían nada, pero sí cuando se comete un exceso en la lucha contra la subversión. Derian le dijo entonces que cuando un guerrillero cometía un acto, de por sí implicaba una violación a los derechos humanos, por lo tanto estaba implícito en su accionar violar los derechos humanos. Pero que ella no podía entender cómo un Estado podía violar los derechos humanos, cuando en un estado de derecho ellos deben ser protegidos. Arlía seguidamente comparó la violación de los derechos humanos en la Argentina con los cometidos por los americanos durante el apagón en Nueva York. 20 Y remató, a los presos por los saqueos, "en las cárceles donde entraban tres, ustedes pusieron diez".

En ese marco de violencia y creciente soledad internacional, el 6 de setiembre, Videla, a pesar de desaconsejarlo el embajador Aja Espil y su segundo, el ministro Gastón de Prat-Gay, viajó a Washington para estar presente en la firma de los Tratados del Canal de Panamá, entre Carter y Omar Torrijos. En la ocasión, el mandatario argentino tuvo una conversación a solas con el presidente norteamericano. Para que la cita se realizara, medió Carlos Andrés Pérez, entre otros. En una conferencia de prensa, Videla prometió una Navidad sin presos políticos; también mantuvo entrevistas con políticos norteamericanos, columnistas (James Reston) y editores de diarios. No le fue mal al presidente argentino: pudo afianzar la imagen de un primer mandatario "moderado" rodeado por un "grupo de caníbales", como dejó traslucir un comentario periodístico estadounidense. Cuando comenzaba su visita a Washington, la Armada dejó trascender que no participaría de los ejercicios conjuntos UNITAS (por el bloqueo a los créditos para compra de armas) y es secuestrado el profesor Alfredo Bravo por un "comando operativo".

En octubre se cumplieron tres meses de la desaparición de Héctor Hidalgo Solá y comenzaban a darse nombres para sucederlo. Uno de ellos fue el del general (RE) Haroldo "Cholo" Pomar, un íntimo amigo de Roberto Eduardo Viola. La Cancillería venezolana hizo oír su voz a través de un mensaje: "deseamos que el próximo titular de la representación argentina sea un funcionario de carrera". En virtud de ese pedido, fue designado Federico Carlos Barttfeld, hasta ese momento director del departamento América latina, considerado un "duro" en las relaciones con Brasil. El general Pomar sería postulado para embajador en Uruguay, gobernador en Misiones, y finalmente terminó como interventor en YCF. Daba lo mismo.

El 21 de noviembre, como cerrando el año, llegó el secretario de Estado, Cyrus Vance, al frente de una importante delegación. La entrevista más tempestuosa fue con el almirante Massera, quien luego de las presentaciones de estilo entró en tema señalando que la restricción al programa de ayuda militar representaba un agravio para la marina de guerra. Vance atinó a responder que obedecía a los nuevos lineamientos de la política exterior de su país, sustentada en el respeto a los derechos humanos. Y aprovechó para dejar constancia de que durante el secuestro de Oscar Serrat, periodista de "Associated Press", según su información había pasado por la ESMA, "lugar donde suceden cosas muy raras". Con Videla, el secretario de Estado trató la cuestión de la firma del Tratado de Tlatelolco.

Videla prometió ratificarlo, pero nunca lo hizo. La visita al comandante de la Fuerza Aérea, Orlando Ramón Agosti, fue corta, inocua y aburrida, pero estaba obligado a hacerla. Hablaron de Washington, ciudad en la que el jefe aeronáutico había vivido en años anteriores. Poco antes de partir de la Argentina, un alto miembro de la delegación norteamericana le dijo a un periodista, "off the record", que se iba "abrumado por la mediocridad del elenco gobernante en su país".

Cyrus Vance no estaba de acuerdo en visitar personalmente a cada uno de los miembros de la Junta Militar. Según la embajada, Vance debía ser recibido por la Junta y luego retirarse a conversar directamente con el presidente Videla. 21

UN PAIS EN "OFF THE RECORD"

Más categórico y más crítico era en esos días un miembro de la Junta Militar. "El actual gobierno militar es el peor que ha habido en toda la historia de los gobiernos militares", dijo el almirante Emilio Eduardo Massera, durante un "off the record". 22 Y siguió: "No hay que descartar que en marzo pueda haber una huelga general en virtud de la desastrosa situación económica... pero Videla se ha empeñado en mantener a Martínez de Hoz. Yo soy pesimista con respecto a la situación económica, si esto sigue así, me voy a tener que ir".

Eduardo Emilio Massera, Jorge Rafael Videla y Orlando Ramón Agosti, integrantes de la primera Junta Militar que tomó el poder el 24 de marzo de 1976.

La ausencia de unidad de pensamiento en los altos niveles del poder militar era un tema cotidiano. Así, Massera dijo: "La falta de coherencia dentro del Ejército es total. Todo el mundo habla un idioma distinto. Yo, por mi parte, he repartido una cartilla a mi oficialidad sobre los distintos temas de la actualidad nacional, para evitar este tipo de contradicciones". Luego se preguntó: "¿Cuál es la opinión del Ejército, si Harguindeguy (ministro del Interior) dice una cosa, Díaz Bessone (ministro de Planeamiento) otra y Videla otra?". Con referencia a los presos políticos y la represión al terrorismo, opinó que "a Isabel (Perón) y Lorenzo Miguel hay que soltarlos pues no se les ha podido probar absolutamente nada". Sin inmutarse, luego agregó: "Hay que terminar con la represión indiscriminada".

Se vivía un clima esquizofrénico y los diplomáticos lo percibían de esa manera. Quién mejor para expresarlo que Hugo Ezequiel Lezama, en ese entonces director del boletín político "Convicción"23, cercano a la Armada. En el número 12, segunda quincena de setiembre de 1977, escribió: "Todos sabemos que la Junta es el poder supremo encargado de establecer las grandes políticas generales y vigilar el cumplimiento de los objetivos del Proceso. Pero la Junta es mucho más que eso. La Junta tiene que ser la entidad que exprese a toda la República. Por eso, y aunque a primera vista parezca un absurdo, la Junta no puede ser sistemáticamente oficialista porque la Junta debe ser también oposición".

En el Palacio San Martín los diplomáticos hablaban en voz baja, en el periodismo también. En la intimidad de una redacción se desgrabó el testimonio de un asistente a una reunión peculiar. Fue entre el almirante Massera y cuatro ex diputados peronistas, algunos habían pertenecido al "Grupo de Trabajo". La cita, organizada por el ex diputado Luis Sobrino Aranda, fue el miércoles 26 de octubre de 1977, en un hotel de Madrid. 24 Algunos de los pasajes de la exposición del alto jefe naval eran antológicos. Con un lenguaje llano y directo, Eduardo Massera dijo:

- Que venía a proponer la creación de un gran movimiento nacional, "donde tengan cabida, desde una izquierda inteligente, donde el peronismo tendría un rol importante, hasta una derecha controlada... con un programa socialdemócrata". En la ocasión volvió a cargar sobre el titular del Ministerio de Economía. Fue cuando comentó que él no estaba "para nada de acuerdo con la política de Martínez de Hoz, que no sólo había hecho desaparecer la clase media, sino que llevaba al país al total descalabro económico. Por lo tanto en noviembre probablemente, en forma pública, voy a pedir la renuncia de Martínez de Hoz". El que escuchó estas declaraciones pensó que, en ese momento, las declaraciones del jefe naval resultaban injustas. Martínez de Hoz llegó al Ministerio de Economía gracias a la presión de la Armada, y es más: según relató un médico, el doctor Carlos Capdevilla tuvo que internar de urgencia a Martínez de Hoz en razón de "una intensa anemia", en razón de sus doce horas diarias de trabajo. Fue internado en el Hospital Militar Central por razones de seguridad. El cuadro presentaba "tres úlceras sangrantes en el duodeno". Lo operó el doctor Stell, quien había sido su compañero en el colegio Nacional Central. "Ahora me las vas a pagar todas juntas", le dijo Stell en sentido jocoso. Y el chiste lo hizo en razón de antiguas competencias. Fueron compañeros de curso y siempre Martínez de Hoz era el primero y Stell el segundo.

- Massera también dijo: "Otra cosa que voy a agregar en la mesa (en la Junta Militar) es que yo quiero dar la lista de los detenidos, la lista de los detenidos de la Marina", y comentó que en la última reunión de la Junta (antes de partir para Europa), planteó al Ejército la necesidad de hacerlo, a lo que Videla le habría contestado: "Mirá, yo esto lo necesito igual que vos, porque entiendo que la situación de lo contrario se hace imbancable. Pero no lo puedo hacer, ya que no lo controlo (al Ejército), sin correr el riesgo de desatar algo peor". Ante la respuesta del jefe militar, Massera dijo que esto puede aparecer como una justificación que "no toleraba", porque en este aspecto la Armada estaba tranquila porque había procedido coherentemente, teniendo "pruebas para demostrar que no se habían cometido acciones indiscriminadas. Nuestro objetivo sí fue eliminar la guerrilla, el que pensamos ya casi concretado".

- Se refirió con un desdén inusual a un ministro del gabinete presidencial. Ante una pregunta sobre el papel del Ministerio de Planeamiento, y su titular el general de división Genaro Díaz Bessone, afirmó sin anestesia: "Ese es un pobre boludo que me hace acordar a Damasco25".

- Finalizó diciendo que nadie daba ni pedía nada (de los presentes en la reunión) y que sólo deseaba que se informaran de su proyecto político (el otro, antagónico, era el del general Roberto Viola). "Entonces, el 20 de noviembre a más tardar, viajará a Europa un capitán de corbeta a hablar sobre alianzas, arreglos y planes para arribar a este objetivo".

El 22, Ricardo Balbín dijo que "nunca como hoy se han dicho tantos discursos" y que ellos "comportan una penetración en el trasfondo político del país y cuya abundancia, como contradictorio significado están produciendo un desconcierto general muy perjudicial". Discursos por doquier. Uno de ellos pronunciado desde Coronel Suárez por el ministro del Interior, Albano Harguindeguy: "Las FF.AA. no pueden transitar solas el camino que lleve a la obtención de los objetivos fijados en la etapa fundacional. Eso es imposible. Esa etapa no tiene plazos sino objetivos; pero si bien no quiero hablar de cifras, puedo anticipar que el período comprenderá muchos años".

El mediodía del 23, Massera dijo irónicamentea los corresponsales extranjeros que "lo que pasa es que el ministro se puso nervioso y en vez de decir 1978 dijo 1987. Si todo sale bien habrá elecciones en 1979, si sale mal en 1978".

El 23 de noviembre de 1977, Videla también hizo su "off the record"26. Fue con los directores de revistas: Mariano Grondona («Carta Política»), Gabrieli («Competencia»), Hugo Gambini («Redacción»), Bernardo Neustadt («Extra»), Agulla («Confirmado») y Olivera («Discusión»). Entre otros conceptos, el presidente dijo que "el plan Díaz Bessone no constituye el plan del gobierno, no lo tomen en cuenta". Hablando sobre la herencia de su gobierno, fue escatológico: "El proceso es como un hueso pelado, al que hay que rodearlo, darle forma. Esta carne, por decirlo así, es el Movimiento de Opinión. Sobre dicho movimiento tengo, o surgen todavía, algunas dudas en cuanto al modo de su instrumentación". Uno de los presentes comentó que en la Argentina los movimientos de apoyo al gobierno siempre se han instrumentado desde el Estado, "vea si no el caso del Partido Conservador y el partido peronista".

Gambini, en ese momento, dijo que no se pueden utilizar procedimientos que no condicen con una auténtica democracia. "Yo en ese caso -dijo Gambini- me encontraré en la oposición." A lo que otro colega agregó: "Por supuesto, Hugo, yo nunca descarté que vos pasarías a la oposición". Videla dijo que "los partidos políticos no habrán de intervenir en el Movimiento de Opinión". De todas maneras dijo que "me gustaría intercambiar impresiones con los políticos, pero ello se me hace imposible teniendo en cuenta la situación interna en las Fuerzas Armadas. Yo a las relaciones con los políticos me gustaría denominarlas 'clandestinas'", dando a entender que los contactos deberían realizarse a escondidas.

Dos medios sufrieron percances en esos días. Uno, "Correo de la Tarde", dirigido por Francisco "Paco" Manrique, fue cerrado. El ex marino defendía al equipo económico con pasión, mientras Massera lo atacaba. Durante un encuentro personal, el temperamental ex marino y periodista le dijo a Massera que ésta "no era la Marina que había conocido y que se fuera a la puta que lo parió" (textual). 27 El otro medio fue "La Opinión", intervenido por el gobierno militar, porque a su director, general José Teófilo Goyret, Videla le pidió la renuncia por oponerse a su política con Brasil.

Juan Bautista Yofre


1 "Vivencias rescatables de un diplomático de carrera", Carlos Keller Sarmiento. "Grupo Editor Latinoamericano", Buenos Aires 2001.

2 "La Opinión", 4 de octubre de 1976, pág. 15.

3 Arnaldo Musich fue embajador del Proceso en Washington apenas unos meses. Fue sacado, luego de sostener que tras un momento de dureza (en terminar con las organizaciones armadas) había "que limpiar el bisturí". Uno de los que ejerció más presión para que se fuera fue el embajador Juan Carlos Arlía.

4 Enrique Juan Ros fue asesor de política internacional del presidente Videla. Apenas duró unos meses, la Armada lo bloqueó. Fue un funcionario importante durante la guerra de Malvinas.

5 En junio de 1976, en el marco de la Asamblea General de la OEA, Guzzetti y Kissinger hablaron, especialmente de derechos humanos.

6 Su gran mérito era ser íntimo amigo de Viola.


7 En esos años en Africa del Sur regía la política del "apartheid".

8 "Carta Política", nota titulada "Por un puñado de votos", 1976.

9 Apuntes personales del 5 de julio de 1976.

10 Apuntes personales, el 27 de julio de 1976.

11 Copia, archivo del autor.

12 El autor reconoce y agradece el valioso trabajo del contraalmirante (RE) Eugenio Luis Bézzola, que estará presente a lo largo del libro. La obra: "Malvinas, una cronología correlacionada (1963-1982). Camino hacia la guerra".

13 "La Razón", 2 de diciembre de 1976.

14 En julio de 1977 se conoció oficialmente la creación del Centro Piloto de París con el fin de difundir hechos, circunstancias, informaciones y material dirigidos a mejorar la imagen argentina en el exterior.

15 Confesión de un embajador al autor, el 21 de marzo de 1977.

16 Informe a un embajador.

17 El único ex canciller que opinó que se debía cumplir fue Mario Amadeo. Designado más tarde en la Subcomisión de prevención de discriminaciones y protección de las minorías, de las Naciones Unidas. Su nombramiento fue impulsado por el subsecretario Gualter Allara y el embajador Juan Carlos Arlía. Minuta del 19 de marzo de 1978, en el archivo del autor.

18 «Correo de la Semana», 4 de abril de 1977.

19 Carta de un observador al embajador Oscar Camilión, del 31 de mayo de 1977.

20 Informe de la situación para el embajador Ros, que estaba en el exterior, del 19 de agosto de 1977. Archivo del autor.

21 Conversación "off the record" de Jorge Aja Espil con el autor, el 23 de noviembre de 1977.

22 "Off the record" con el autor y dos personas más, el 27 de diciembre de 1977.

23 Tiempo después "Convicción" se convirtió en matutino. El párrafo es resaltado por el autor del artículo.

24 Estando trabajando en "La Opinión" se me pidió desgrabar la casete. Una copia la conservo en mi archivo. A mano apunté los nombres de Sobrino Aranda, Santiago Díaz Ortiz, Rodolfo Vittar, Julio Bárbaro y Bajczman. La casete llegó al matutino por instancias de Angel Federico Robledo.

25 El coronel Vicente Damasco fue ministro del Interior de Isabel Perón y, según afirmaba, depositario del plan político de Juan Domingo Perón sobre la "Comunidad Organizada".

26 Minuta de la reunión en poder del autor.

27 Informe escrito a un embajador argentino, del 28 de noviembre de 1977.

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