Casa de Moneda, ese instituto que popularizó Armando Gostanian, ahora será responsable de la confección de los padrones (como consecuencia de la caída del contrato de Siemmens, presuntamente a menor precio). A pesar de todo lo que se habló de la gestión de Gostanian en el pasado, lo cierto es que finalmente no se comprobaron irregularidades (aunque debe pesar, como siempre, alguna denuncia suelta). Pero, hoy, ¿cuál es la situación de la Casa de Moneda, donde en la primera parte de la administración de la Alianza se registraron sabrosas anécdotas hasta ahora poco conocidas?
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En principio, tiene un nuevo titular y, curiosamente, es una mujer, el primer antecedente en la historia de la entidad. Se trata de Marilú González Estevarena de Díaz Vega, cara funcionaria al corazón presidencial en la Municipalidad que en un rapto de racionalización decidió desplazar Aníbal Ibarra y poner en su lugar a Laura Moresi, a quien confía siempre asuntos financieros. Casi un ataque personal a De la Rúa -ella es la tesorera de su histórica fundación-y, particularmente, un disgusto mayor para la esposa del mandatario, Inés Pertiné. Es que Marilú constituye una pieza clave de su entorno en Olivos y además se precia de ser una de las pocas amigas de la primera dama con origen y militancia radical.
Marilú mantiene con el matrimonio presidencial una añeja relación -ella y su marido lograron que el mandatario embocara sus primeros hoyos al golf en el Club Argentino-, de ahí que haya ocupado responsabilidades en sitios sensibles como el caso de AUSA (la empresa de autopistas de la Ciudad de Buenos Aires), donde también tuvo responsabilidades de tesorera. Esa función habría sido, objetivamente, la razón por la cual la derivaron a su nuevo puesto. Conviene indicar que luego del despido de Ibarra, Marilú casi no estuvo desocupada ni cinco minutos: automáticamente Presidencia le concedió la responsabilidad de la Casa de Moneda, cargo en el cual apenas tiene unas horas.
Llega, eso sí, a ocupar un espacio controvertido pero silenciado dentro del gobierno, ya que sucede a un interinato burocrático y obligado luego que cesaran en el cargo las dos cabezas designadas originalmente: los señores Nelson López del Carril y Adolfo Busto. Ya había sido una complicación el nombramiento de ambos, pues De la Rúa sugirió a Busto, pero José Luis Machinea cajoneó ese pedido porque el empresario porteño cercano al Presidente «no daba el perfil». Eterna excusa de funcionarios para no cumplir con los designios de la Casa Rosada. En ese ínterin de espera surgió el nombre de López del Carril, antiguo radical, quien fue segundo de la SIDE en tiempos de Raúl Alfonsín, con alguna especialidad en comercio exterior y que para el entonces ministro de Economía «daba mejor perfil». Así se armó el unodos en la Casa de Moneda.
• Enojos
Pero ese dúo tuvo un inicio enojoso, quizá porque uno imaginaba ser primero y el primero no deseaba tener ese segundo. Desde entonces, ambos entraron en rivalidades y rencillas barriales, conflictos personales merecedores de una telenovela, llegando al extremo de esos escándalos a construir una tapia en el baño para no verse mutuamente a la hora de compartir o coincidir en ciertas humillaciones fisiológicas. Por supuesto, eran un correveidile a la Casa Rosada con chismes y versiones hasta que, por último, lograron lo inimaginable: que De la Rúa apresurara una decisión y los echara a los dos. Cuestión que, para ambos, fue observada con templanza británica a la hora de tomar el té: se sentían reconfortados porque en el cadalso también habían ejecutado a su adversario. Después, no se cubrieron las ausencias, ejercía la conducción de la Casa de Moneda un interinato, hasta que Ibarra cometió la impertinencia de desalojar a Marilú: directamente la ungió para un cargo superior, más expectante y connotado por el antecedente Gostanian, con la casi seguridad de que su segundo no reeditará las desavenencias del dúo López del Carril-Busto. Aunque no vaya a ese cargo de segundo, el esposo de Marilú la asesorará en forma conveniente, como lo ha hecho siempre. No es un hombre de la política, pero tanto como a ella el Presidente les tiene confianza. Ahora empiezan con los padrones.
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