"Me tienen harto" (Duhalde sobre Lavagna y Pignanelli)
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«Alfredo es sedativo», se suele decir en el área presidencial sobre el jefe de Gabinete -lo saben quienes escuchan sus parrafadas cada mañana, que usan como somnífero quienes quieren seguir en la cama (habla entre 8 y 9 todos los días)-. Imagine el lector lo que puede producir una sobredosis de Atanasof en Pignanelli, que permaneció a solas con él cuatro horas en el despacho hasta que retiró la renuncia.
«No se va hasta que no se firme con el Fondo. Además, nadie se va cuando no estoy en Buenos Aires», remató el presidente desde Brasilia.
• Consigna
Atanasof lo esperaba con la consigna: Aldo no se va, Lavagna no pone reemplazante, el acuerdo con el FMI está por encima de cualquier rencilla de funcionarios.
En el diván sedativo de Atanasof, Pignanelli recordó con ira:
• «El Presidente no me cuida, no me defiende. Deja que Lavagna me ofenda al lanzar el levantamiento del 'corralito', que nosotros habíamos aconsejado hace tres meses y ni nos avisa. ¿Por qué no dice que él se opuso cuando decía que venía la híper y ahora se demostró que no pasaba nada, como decía yo?»
• Se dijo mortificado con el método de Duhalde: «Encima viene a decirme que no hable en público, que tenga bajo perfil, y lo deja a Lavagna que diga como hoy en 'Clarín' que dejo que manejen los bancos el Central. ¿Por qué no le dice nada, por qué me trata así?». Atanasof, que acepta ya con una sonrisa esa forma de tratar a la gente de Duhalde que ha hecho llorar a tantos, le dobló la dosis tranquilizante.
• Tampoco le gustó mucho a Pignanelli el minué de la última nota que recibió el gobierno del FMI. Para algunos es un nuevo borrador de la Carta de Intención que se firmaría como parte de un acuerdo. Para otros -Pignanelli entre ellos- no contiene novedad alguna. Pero Lavagna ordenó que nadie le muestre el texto de esa carta a Pignanelli; más, le pidió a los funcionarios del FMI que no le den una copia. El titular del Central consiguió una copia en pocos minutos y se enteró de que no había nada nuevo. ¿Para qué me la ocultó Lavagna? ¿Nada más que para molestarme? (En realidad usó una frase más psicalíptica).
• «A Roberto lo conozco bien. Nos juntó en los '70 Antonio (Cafiero); éramos Eduardo Amadeo, Rolo Frigeri, él. Vinieron los militares, me persiguieron, Lavagna se fue, pero volvió pronto. No sé cómo.Y cuando ganó Alfonsín se hizo alfonsinista y yo seguía acá, con los peronistas, y después se hizo de Bordón, y yo seguí acá. ¿Por qué me pagan así?», siguió la catarsis.
• Más de lo personal: «A mí me va bien con la fábrica, más en esta época, se venden más -los burletes (especialidad de la fábrica familiar de los Pignanelli)-. Encima mi hijo se pone a estudiar medicina y la fábrica la tienen que atender mi mujer y mi hermana. ¿Me querés decir qué hago yo acá?». «¿Me lo vas a decir a mí?», responde, por cumplir, Atanasof.
• En la enumeración de los reproches, Pignanelli incluyó que el Senado que domina el peronismo no le haya aprobado aún el pliego para el cargo, los éxitos en el saneamiento de los bancos Bisel, Suquía y Entre Ríos, «el día que ganamos u$s 100 millones cuando decían que íbamos a perder la pulseada».
• Antes de darle el alta, el jefe de Gabinete cruzó un telefonazo con el avión presidencial que estaba bajando en Brasilia. Pudo, por eso, darle las seguridades de un empate al abatido Pignanelli: «Ni se te ocurra presentar por escrito la renuncia porque está ya rechazada. Nadie se mueve hasta que no se firme con el Fondo». Además, no hay que darle el gusto a Lavagna, ¿no?




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