22 de octubre 2002 - 00:00

Menem ordenó romper con Duhalde

Se convirtió otra vez en un hervidero ayer el Hotel Presidente, morada porteña de Carlos Menem, quien se aloja allí con su esposa Cecilia Bolocco. Hasta esa casa llegaron los principales dirigentes peronistas que rodean al riojano: Eduardo Bauzá, Alberto Kohan, Alberto Tell, Antonio Cassia, Alberto Pierri, Claudio Sebastiani, Javier Mouriño, Antonio Riccilo, entre otros. También el flamante candidato a vicepresidente de Menem, el gobernador de Salta Juan Carlos Romero. El grupo sesionó de manera permanente a lo largo del día y escuchó de Menem una instrucción principal: «Debemos tomar actitudes más firmes porque de lo contrario no se va a poder frenar la arbitrariedad del gobierno que está dando un golpe de Estado dentro del partido, como dijo el gobernador (Rubén) Marín». A última hora, Eduardo Duhalde recibió en la sede de la Jefatura de Gabinete en el edificio de la ex SOMISA una misiva -dirigida en rigor a Jorge Matzkin- en la que se le comunicaba la negativa del sector a participar en cualquier iniciativa que signifique desconocer a las autoridades partidarias o modificar las fechas electorales. Esto es: que el ala que sigue a Menem no intervendrá en el congreso partidario que está armando, personalmente, Duhalde.

La instrucción de adoptar actitudes más claras y terminantes dada por Menem ayer será traducida en los próximos días en hechos concretos. El gobernador Romero, encargado de la operación institucional lanzada ayer, se reunirá con diputados identificados con Menem esta semana. La próxima lo hará con senadores alineados en el mismo sector y, mientras tanto, irá comunicándose con gobernadores para sensibilizarlos sobre lo que para los opositores es una estrategia de Duhalde de intervenir en la interna del partido a partir de los recursos del Estado.

Si la agresividad que ayer se notaba en el Hotel Presidente se traslada a la Legislatura y a otros espacios institucionales, es posible que la imagen de la vida pública argentina se deteriore exactamente cuando el gobierno negocia con el Fondo Monetario Internacional el tramo final de un miniacuerdo. Se espera que hacia fin de esta semana o comienzos de la que viene llegará una misión del Fondo para discutir la redacción de la carta de intención definitiva que debería aprobarse a comienzos del próximo mes.

En la suite de Menem se desarrollaron varias reuniones pero hubo tres relevantes: una con Bauzá, otra con Pierri y finalmente una larga conversación con Romero. Los tres habían hablado con Duhalde durante el fin de semana y en todos los casos la conclusión transmitida al riojano de esos contactos fue la misma: «No sabemos lo que quiere, nos pide cosas distintas y nunca define». Es bastante obvio que se mantengan las incógnitas: tampoco Duhalde sabe lo que quiere. O, mejor dicho, no sabe si puede lo que quiere o quieren sus adláteres: más tiempo en el poder.

La idea central del oficialismo duhaldista en estos días es que la situación económica, más favorable, puede revitalizar su principal proyecto político: impedir la llegada de Menem al gobierno. Sin embargo, para medir correctamente sus posibilidades en esta pretensión, el gobierno debería tener un candidato antes de enero. Pero eso es imposible, salvo que ese candidato sea el propio Duhalde. Sólo cuando despeje en su propia interioridad estas dudas el Presidente podrá decir claramente lo que quiere: enfrentar a Menem o pactar con él. Entre tanto, sólo le queda demorar el momento de la definición.

En el peronismo gana cada vez más terreno la idea de que, finalmente, el gobierno actual intentará permanecer hasta diciembre del 2003 en Olivos, alentado sobre todo por la segunda línea de poder. Esta presunción no se limita a los menemistas, también Adolfo Rodríguez Saá y los suyos piensan así. Sin ir más lejos, ayer Angel Torres -principal operador de Romero- se comunicó con Luis Lusquiños -mano derecha de Rodríguez Saá- y coincidieron en enfrentar el juego de Duhalde sin involucrarse en sus movimientos institucionales (congreso partidario, establecimiento de una Junta de Notables, etc.).

• Propuesta

Una vez fijada esa coincidencia, tanto Romero como «el Adolfo» se comunicaron con el ministro del Interior Jorge Matzkin haciéndole saber que no participarían de las convocatorias que viene realizando Duhalde para que sesione un congreso partidario encargado de establecer una nueva junta electoral e inclusive una nueva conducción partidaria.

La propuesta de lanzar la batalla contra el «eje del Mal», nació de Pierri, convencido de que su amigo Duhalde sólo pretende entretener a los adversarios con propuestas gaseosas de acuerdos sobre temas indefinidos. A Menem le encantó la explicación: «Hay que seguir la estrategia de Alberto y declarar la guerra en todos los frentes porque ya está demostrado que no hay voluntad de acuerdo del otro lado». Fue entonces cuando Alberto Kohan definió la situación: «Vamos hacia el choque de dos trenes».

Sólo Claudio Sebastiani se apartó de la hoguera y dio una señal de pasable pacifismo: «Mientras nos peleemos con la burocracia del gobierno no hay problema pero cuidado con el riesgo de que nos pongan enfrente de la gente, como causantes de cualquier problema económico». Fue entonces cuando se decidió redactar un comunicado -se encargó Romero de la tarea- que le fue enviado a Duhalde hacia las 21: allí el sector liderado por Menem le comunicó al Presidente que la cooperación que se le prestará al gobierno durante la crisis no debe ser confundida con aceptación de manipulaciones en la interna partidaria.

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