3 de enero 2001 - 00:00

Menem sacó ventaja en la carrera para ver a Bush

La carrera entre Fernando de la Rúa y Carlos Menem por obtener la primera foto de un argentino con George W. Bush se ha vuelto ya casi agresiva. La diplomacia paralela que ha comenzado a actuar al lado del Presidente no descarta todavía un viaje a los Estados Unidos antes del día de la asunción presidencial (el 20), a la que De la Rúa no podrá asistir por razones protocolares. Menem saca ventaja en este punto, ya que estará invitado como amigo del padre del nuevo presidente norteamericano. Pero no consiguió todavía incorporarse a la fiesta principal, la de la Casa Blanca. Hará un intento definitivo el próximo 13. Ese día se entrevistará con Bush padre, su amigo. No será en una reunión de ex mandatarios ni de hombres de partido sino en un congreso internacional de cazadores. Excelente ocasión para definir lo que ya se ha convertido en un safari fotográfico.

La carrera de Fernando de la Rúa y Carlos Menem por adelantarse en la conquista de una foto con George W. Bush se ha vuelto ya agresiva y descarada. Guillermo González, el embajador argentino en Washington, tal vez pague caro el hecho de haber desaconsejado un viaje de De la Rúa a los Estados Unidos para entrevistarse informalmente con el nuevo presidente de ese país: ayer la Cancillería se enteró de que el 13 de enero próximo Menem sacará algunos metros de ventaja ya que ese día compartirá la tribuna en Las Vegas, delante de 1.000 personas, con George Bush padre, su más importante amigo norteamericano. No será en una reunión de ex mandatarios, tampoco en un encuentro de dirigentes de partido: estarán juntos en una reunión internacional de aficionados a la caza mayor, práctica en la que Menem obtendrá su primer trofeo a pesar de no haberle dedicado jamás demasiada atención. Bush padre y el riojano serán oradores ese día frente a «hunters» de todo el mundo. Para Adalberto Rodríguez Giavarini la noticia, que recibió en el Vaticano, transmitida por González fue un chiste mal contado. De cazadores, claro.

Menem piensa quedarse en los Estados Unidos para participar el 20 en las ceremonias de asunción del hijo de su amigo, a quien en la casa de la calle Echeverría llaman cariñosamente «Georgie». Esa oportunidad es la que verdaderamente inquieta a los funcionarios de la Alianza y motivó las gestiones para que De la Rúa estuviera el viernes pasado en Norteamérica. El viaje se frustró por la contraindicación de González pero el intento de ganarle de mano a Menem con la foto sigue su curso, con total discreción. La desventaja del Presidente no se debe tanto a habilidades de Menem como a la rigidez del protocolo de Washington. No está previsto que a las tomas de posesión de los mandatarios estadounidenses concurran colegas de otros países. Sólo están invitados los amigos del nuevo mandatario o los de su familia. Por esta última condición participará Menem, quien se regodea al pensar en el retrato: él de la mano de Cecilia Bolocco, junto a Laura y George W. Bush. La misma foto irrita a De la Rúa y a Rodríguez Giavarini casi tanto como a Zulemita Menem, quien por primera vez será reemplazada en su condición de primera dama en una ceremonia de trascendencia internacional. El embajador González es, según la práctica, el único funcionario argentino formalmente invitado a la asunción, según las reglas de esa liturgia. Por eso no drama-tiza lo que sucede a sus superiores. Desde su sede han comenzado a divulgarse datos y detalles tratando de desmerecer las posibilidades de Menem y de atenuar lo que, hasta ahora, parecería una derrota de De la Rúa. Los diplomáticos radicados en Washington, más cuidadosos de abuenar sus modales ante sus colegas estadounidenses que por conseguir la presa que busca De la Rúa, siembran cizaña señalando que el riojano no conseguirá tampoco el premio mayor.

Recomendación

Como invitado de la familia Bush y no del nuevo presidente, tal vez no le toque estar en el baile principal, el de la gran recepción en la Casa Blanca. Por ahora sus colaboradores tienen previsto que vaya a la fiesta que esa noche se realizará en la OEA, una de las 15 celebraciones que habrá en Washington la noche del 20. Sucede que Bush Jr. pasará por allí -y por dos o tres reuniones más-a saludar a los convidados. Menem no se conforma con eso y pedirá a Bush padre, en Las Vegas y de cazador a cazador, que lo incluya en la mesa principal, la de White House.

Mientras desmerecía desde Washington los esfuerzos de Nosiglia para compensar a De la Rúa, el embajador González recomendaba también hacer alguna gestión ante su contraparte en Buenos Aires, James Walsh, a fin de que el gobierno de los Estados Unidos explique formalmente que si De la Rúa no estará en las fiestas del imperio es porque no lo contempla el protocolo, no porque no lo tengan en cuenta personalmente. Al mismo tiempo, desde la sinecura argentina en los Estados Unidos se imputó el fracaso del Presidente con Bush Jr. a los canales elegidos para aproximarse a los republicanos. Los diplomáticos del país en Washington atribuyen la gestión a Carlos Prieto, un interlocutor frecuente de Enrique Mathov radicado en Virginia (tiene casa en Oackland). Sin embargo, los picaportes principales que, según los hombres de González, manipula la diploma-cia paralela de De la Rúa son José Zorzano (antiguo amigo de José Luis Manzano y Adelina Dalesio de Viola en Miami) y Ray Cantilo, quien a pesar de lo que indica su nombre no es un trompetista de «Tito» Puente sino, como el anterior, un opera-dor político del exilio cubano frente a los republicanos. Si estos intermediarios, identificados por los diplomáticos de carrera como los responsables de que De la Rúa pueda apretar la mano de Bush antes del 20, terminan resultando ineficientes, los contactos del embajador González tampoco han servido de mucho. El juega todo a que Robert Zoellick, uno de los latinoamericanistas del nuevo mandatario de los Estados Unidos, gravite en la nueva administración al menos en materia comercial (la aceleración en la discusión del ALCA hará de ese frente el más importante en la relación). Con Katherine Harris, acaso la futura embajadora itinerante de Bush en la región, rechazó ya un almuerzo que le había organizado un argentino radicado desde hace tiempo en Washington. Más lejos todavía quedan Roger Noriega o Alberto Mora, quienes serán claves en el National Security Council y en el Departamento de Estado para la política regional de la nueva administración.

Finalmente, si no puede conseguir a Bush, González tampoco pudo aproximarse a Colin Powell, el futuro «canciller» de Bush
: este general, que pretende que no lo llamen por ese título, ya tomó contacto en Buenos Aires con Gerardo Schamis, quien fue asesor de Menem en el gobierno anterior. Si estas dificultades tienen que ver con los usos y costumbres de las distintas burocracias y no pueden utilizarse para medir la pericia de los funcionarios, en Buenos Aires miran la gestión de González con cierta inquietud. Dos hombres del sector privado, más precisamente del financiero, ya tomaron nota de ese clima y han comenzado a mirar con codicia el sillón de ese diplomático.

Más aún, Ray Cantilo está estudiando el currículum de ambos.

Por eso, si no viaja De la Rúa a Washington antes del 20, tal vez lo haga González después de esa fecha. En sentido inverso, desde ya
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