«El proceso electoral está de tal manera en curso que ya está fijada la fecha de los comicios.» Así, casi al pasar, mientras presentaba al nuevo titular de la Dirección Nacional Electoral, Alejandro Tullio, el ministro del Interior, Ramón Mestre, liquidó la discusión interna que había asomado entre los radicales para evitar las urnas el 14 de octubre próximo.
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Como informó ayer este diario, Mestre ratificó esa fecha y cubrió la vacante de la dirección respectiva con Tullio. Se trata de un dirigente radical de la provincia de Buenos Aires (con militancia en el partido de Almirante Brown) que ha desarrollado una importante carrera académica en el campo del derecho público, tanto en España como en el país. Ligado históricamente a Raúl Alfonsín, Tullio cuenta con la simpatía de casi toda la dirigencia radical (partido en el que la unanimidad es casi herejía), lo que incluye a Ramón Mestre, con quien trabajó en la Convención Constituyente de Santa Fe, cuando el actual ministro era convencional por Córdoba y el flamante director, asesor de la bancada radical. Tullio asumió ayer sus funciones en un acto que presidió Mestre en el Salón de los Escudos del Ministerio del Interior, colmado de dirigentes radicales. Además del viceministro Lautaro García Batallán y del secretario de provincias Rubén Marti, estuvieron presentes los jefes de la Policía, la Gendarmería y la Prefectura. Mestre se refirió a Tullio elogiando su capacidad técnica y advirtió, al mismo tiempo, el desafío con que se encontrará por la inminencia de las elecciones nacionales de renovación parlamentaria. En la sala, aplaudían desde el ultralfonsinista Osvaldo Bisciotti a Víctor Cipolla y el diputado nacional Normando Alvarez García o la dirigente bonaerense Cristina Azcueta.
Con la designación de Tullio, Mestre intentó -además- zanjar la discusión que se había abierto sobre la conveniencia de postergar el cronograma electoral. También le dará un impulso a la profundización de la reforma política, que funcionalmente depende del nuevo director.
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