26 de diciembre 2001 - 00:00

Micrófono de Estado

¿Acaso no ha sido el micrófono ubicado en el Salón de los Bustos de la Casa de Gobierno un emblema de la crisis del gobierno que se fue? Ayer cada vecino que salió del despacho presidencial fue forzado a decir algo de su charla con el presidente de la Nación. Es decir que cada uno que salió de la oficina de Adolfo Rodríguez Saá, de Ignacio de Mendiguren a Carlos Ruckauf pasando por Carlos Grosso imaginó un plan económico de urgencia, que es lo que quieren conocer los movileros destacados en ese lugar.

Ni qué decir el compromiso que les significa a algunos oficios, como diplomáticos y militares, esa obligación que se le impone a cada visitante del Presidente o de funcionarios menores de decir algo para animar las pantallas de los cables de noticias. En las últimas horas pasaron por allí los embajadores de Brasil, los Estados Unidos y Gran Bretaña, que salieron anonadados por esa trampa con que los despidieron de la Casa de Gobierno. Debieron improvisar declaraciones de compromiso porque están obligados a guardar secreto de lo hablado.

El nuevo image-maker del gobierno, Jorge Pérez Gaudio, ordenó negociar con esos cronistas un método menos cruento de acceso a la información. Ese micrófono lo instaló Ricardo Ostuni para que el presidente, de quien era vocero antes que Juan Pablo Baylac, diera su prédica diaria. De aciagos resultados, en las próximas horas desaparecerá.

Dejá tu comentario

Te puede interesar