La estrategia oficial para reanudar las negociaciones con el FMI tuvo hasta ahora una hipótesis fundamental: conseguir un acuerdo "privado" con las empresas de servicios públicos para que la cuestión del aumento de tarifas sea excluida de la discusión con Rodrigo de Rato. Este asunto está entre los principales del viaje que realizará Kirchner a París el próximo miércoles y del que hará Rodríguez Zapatero a la Argentina el 25. Sin embargo, una serie de decisiones adoptadas por De Vido desde Infraestructura vino a complicar ese plan. Se destacan, entre estas resoluciones, la exigencia de pago de multas atrasadas para las empresas, por fuera de los contratos y de la Ley de Emergencia Económica. Esta medida afectó a dos empresas de capitales franceses (Edenor y Aguas Argentinas), una de las cuales evaluaba ayer abandonar el país. La otra afectada es la española Edesur. Recuérdese que la desconsideración a las inversiones de su país fue el principal argumento que llevó a Francia a votar contra la Argentina en el Fondo. También con Zapatero el clima estará más enrarecido: la primera dama ya viajó a Madrid a pedir que España apoye a la Argentina ante el Fondo en cuestión de tarifas. Nadie entendía ayer, en La Moncloa, la agresividad de De Vido. Y Kirchner lo sabe.
Estaba previsto, sería un mes clave para que Néstor Kirchner pudiera moderar, siquiera un poco, el severo aislamiento internacional al que está sometido su gobierno. Había dos acontecimientos principales para facilitar ese objetivo: el viaje del propio Kirchner a Francia y el de José Luis Rodríguez Zapatero a Buenos Aires. Es evidente que el tipo de visita que realizará el presidente angoleño y la provinciana campaña de Rafael Bielsa desde el Consejo de Seguridad son síntomas de ese aislamiento más que condiciones que contribuyan a su superación.
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En cambio, la llegada del Presidente a París el próximo 19, acompañado de los principales funcionarios de su gabinete, y la de Zapatero a Buenos Aires, el 25, iban a ser dos ocasiones para tratar una cuestión principal de las relaciones internacionales de la Argentina: la renegociación de los contratos de concesión de servicios públicos, materia clave para retomar las tratativas con el Fondo Monetario Internacional. Por eso llama tanto la atención que, en vez de crear un clima favorable a estas conversaciones con Jacques Chirac y Zapatero, el gobierno haya dispuesto varias medidas que llevaron las relaciones con los inversores de esos países a su peor estado. En efecto, la aplicación de multas demoradas para las empresas de servicios eléctricos y de provisión de agua del Gran Buenos Aires están a punto de arruinar la escena internacional montada por el gobierno para enero.
Zapatero llegará a Buenos Aires para pasar solamente un día. El presidente del gobierno español debió reducir toda su gira sudamericana: también achicó por un día su presencia en Brasil y, en Chile, permanecerá solamente una tarde. Su prioridad para fines de enero es estar en España, donde se está discutiendo el estatuto de autonomía del País Vasco en términos que le hicieron decir al «Wall Street Journal», anteayer, que el gobierno socialista atraviesa la crisis política más importante desde que se restauró la democracia en 1975 (el Parlamento vasco votó por 39 sufragios contra 35 en favor de constituir un Estado Vasco Libre Asociado de España y ahora será el Parlamento nacional el que se prepara, a fin de mes, para rechazar esa decisión). La Moncloa analizó la posibilidad de suspender el viaje de Zapatero, pero finalmente se resolvió mantenerlo en un formato reducido y programar otro más ambicioso para otra oportunidad.
Zapatero llegará al mediodía del martes 25, se entrevistará con Kirchner por la tarde para terminar el día con una comida en el Palacio San Martín. El 26 por la mañana encabezará una reunión con empresarios y saludará a las comunidades españolas residentes en el país. Nada de recreación ni de El Calafate. Ese miércoles, seguirá hacia Chile. Sin embargo, la comitiva que lo acompañará incluía, hasta anoche, a los principales ejecutivos de empresas españolas, entre ellos, Antoni Brufau (Repsol), Manuel Pizarro (Endesa), Francisco Luzón (Banco Santander) y Francisco González (Banco BBVA).
• Presencia decisiva
La presencia de estos hombres de negocios alrededor de Zapatero será decisiva para la estrategia que se fijó el gobierno frente al Fondo Monetario Internacional. Como adelantó Alberto Fernández en su reciente viaje a Madrid, la administración pretende que se establezca un acuerdo con las empresas de servicios públicos que alivie la agenda con el Fondo. Es decir: establecer un acuerdo de renegociación de tarifas que pueda ser presentado políticamente ante Rodrigo de Rato para que el requisito de suscribir los nuevos contratos, que el gobierno no cumplió, no gravite a la hora de considerar un nuevo programa del organismo multilateral para la Argentina.
Tanto Zapatero como su principal asesor económico, Miguel Sebastián, dieron una media palabra favorable para esa gestión. Pero ese clima fue modificado notoriamente por Julio De Vido y su decisión de cobrar multas atrasadas a las compañías eléctricas, por fuera de lo que disponen la Ley de Emergencia Económica y los contratos.
Este gesto agresivo del ministro de Infraestructura se volvió más inconveniente en el caso de la empresa Aguas Argentinas: su controlante, el grupo Suez (de capitales franceses y belgas) examinaba ayer la posibilidad de abandonar el país, afectado también por una política igualmente hostil de parte del gobierno boliviano. Un temperamento similar adoptó Edenor, que pertenece a Electricité de France. El viaje de Kirchner a París volvió a ensombrecerse. Hay que recordarque la negativa del Fondo a aprobar el cumplimiento de las metas de junio por parte del gobierno argentino se adoptó por iniciativa del representante francés y a impulso de la eléctrica de ese país, que pretende ver recompuestos sus ingresos. En el caso de España y el visitante Zapatero, a las complicaciones que introdujeron las multas de De Vido se les agregaron las disposiciones de la Secretaría de Transportes que obligaron a Austral a renegociar de urgencia sus contratos para operar las principales rutas en las que vuela la compañía. Ayer, el titular de la empresa, el español Antonio Mata, vapuleó a Jaime y a su segundo, el sindicalista Ricardo Cirielli, y anunció que la empresa dejará de volar a 6 de sus principales destinos locales. C. P.
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