4 de abril 2001 - 00:00

Negocian los sindicalistas agruparse en una sola CGT

Como le sucede a los políticos de la Alianza y el cavallismo, también los sindicalistas comienzan a necesitar más cargos, oficinas, moviconeros y secretarias para sostener su unidad. En efecto, así como Fernando de la Rúa dispuso multiplicar los ministerios del Gabinete para facilitar la integración del Frepaso y el cavallismo en su gobierno, los sindicalistas de las dos centrales obreras están pensando en ampliar el secretariado de la CGT oficial para que todos quepan bajo el mismo techo.

Esta decisión es una consecuencia de las negociaciones que vienen realizándose desde hace tiempo y que se precipitaron durante las últimas semanas. El motor, curiosamente, fue la Unión Obrera Metalúrgica y su viejo caudillo, Lorenzo Miguel.

«El Tordo», como se conoce a Miguel, está atravesando un romance con el oficialismo como hacía mucho no experimentaba. A Raúl Alfonsín siempre le desconfió, sobre todo después de que la Ley Mucci quisiera democratizar las «organizaciones» (así le sigue llamando Miguel a los gremios). El paso de Carlos Menem por el poder es para él una pesadilla que mejor no recordar: le hicieron perder plata y poder con la caída de puestos de trabajo metalúrgicos y, sobre todo, con la privatización de la siderurgia (SOMISA) durante esa administración. En cambio ahora parece haber salido de nuevo el sol. Patricia Bullrich ha comenzado a considerarlo y hasta concurrió a su sede ceremoniosamente hace un mes (la ministra está realizando una ronda de visitas a distintos sindicatos: hoy estará en «La Fraternidad», el mítico sindicato de conductores de máquinas de ferrocarril, donde almorzará con su titular Omar Maturano y con el secretario general de la Unión Ferroviaria, José Pedraza.)

Miguel agradeció el gesto de la ministra y, cuando se precipitaron las declaraciones de huelga, convenció al disidente Hugo Moyano de la conveniencia de dar una tregua a Domingo Cavallo. Para el metalúrgico fue una victoria íntima, secreta: le dobló el brazo al revoltoso José Rodríguez, mecánico de eterna disputa con la UOM quien, con la edad, se ha vuelto combativo. Sería difícil comprender la postura de «el Tordo» si no se observa que, una vez más en la historia, su «organización» ha comenzado a danzar al son de lo que sucede en la seccional Capital. Allí manda Roberto Monteverde, un hombre con excelentes relaciones en la CGT de Rodolfo Daer: no sólo el propio Daer, también Luis Barrionuevo y Carlos West Ocampo son amigos de «el Tano».

Estas afinidades, además de las negociaciones que se vienen realizando desde hace ya meses entre Barrionuevo y Oscar Lescano y hombres cercanos a Moyano como Omar Viviani (taxistas) están llevando a las dos CGT hacia una única estructura.

Razones

El dato es importante porque se vuelven a articular, por primera vez en más de 8 años, los grandes gremios («gordos») podrán sumar fuerzas con los sindicatos del transporte (camioneros, colectiveros, etc.) y de esa manera aumentar su capacidad de bloqueo sobre el sistema económico. Las razones de esta aglomeración de dirigentes que, en general, se desprecian entre ellos -se han insultado más de lo tolerable en los últimos tiemposson varias. Casi todas «de bolsillo». La más importante es que unos y otros suponen, con razón, que deberán enfrentar una tarea de lobby muy intensa en el Congreso, donde se discutirán dos proyectos de ley sustitutivos de los decretos a los que el gobierno renunció: el de desregulación de las obras sociales y el de reforma previsional. De las nuevas leyes, sobre todo de la primera, los gremialistas suponen que saldrá una nueva estructura de administración de la salud que los contemplará como «socios», sobre todo en la distribución de subsidios y fondos solidarios. Moyano es combativo, tal vez más que ninguno, pero no quiere quedar afuera de esa foto. Desde el punto de vista político, la asociación de dialoguistas y rebeldes afectará parcialmente al gobierno y dejará sin un látigo a los políticos que se venían aliando con Moyano últimamente. Sobre todo dos: Carlos Ruckauf y Eduardo Duhalde. Miguel, si se quiere evaluar su conducta desde el punto de vista más prosaico, «ya cobró». Bullrich, también Cavallo, incluyeron a su sector, el metalúrgico, entre los sectores que serán sometidos a tratamiento en el «sanatorio» económico que acaba de instalar el gobierno y que aplicará a las ramas extenuadas de la economía todo tipo de subsidios y promociones.

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