Néstor lo hizo: el PS y los ruidos de ruptura
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Sumados, los dos eventos ponen al PS en una situación incómoda donde se mezclan la desobediencia a una conducción distrital -en el caso capitalino- con la amenaza cierta de que uno o dos dirigentes (además de Rivas está pendiente el caso Basteiro) sean sancionados.
-¿La posibilidad es que los expulsen? -le preguntó este diario a Giustiniani.
-No soy, ni nunca fui, partidario de las expulsiones. Creo que las diferencias se resuelven en las instancias partidarias, pero hay un marcado descontento por la decisión de algunos dirigentes de aceptar cargos sin consultar, como en su momento hizo Polino, al partido -respondió.
Giustiniani es la cara visible de uno de los grupos en pugna: los que ubican al socialismo colaborando y respaldando la postulación presidencial de Elisa Carrió. Enfrente se para otro club que reúne, además de Rivas y Basteiro, a Oscar González, secretario general del PS.
«Tomar la decisión de expulsar sería un terrible error que, además, pone al partido en una situación crítica. En la historia ya se cometió ese error y después tuvimos que suplicar que vuelvan, como ocurrió con (Alfredo) Palacios», contó ayer González.
-¿No hay riesgo de ruptura del partido?
-Creemos que hay voluntad de todos de preservar al partido. Es lo que prima hoy -respondió.
En la práctica, hay una fractura de hecho: un grupo considera que Kirchner y Cristina Fernández forman parte del arco del centroizquierda, mientras que otros advierten que el kirchnerismo es una expresión « típicamente peronista» de autoritarismo.
No es una diferencia menor. Unos, con Polino y Rivas al frente, confluyen a una alianza electoral y operativa con el gobierno -a Polino le reservan la cabeza de una lista porteña- mientras que la tribu que ordena Giustiniani apuesta al esquema que postula a Carrió.
Quizá para salvar el sello, para no empujar otra vez al PS a la fractura luego de la trabajosa unidad de principios de 2000, haya un atajo: que el PS, a pesar del congreso de mayo pasado que decidió respaldar a Carrió, decida no participar como partido en la elección.
O, en todo caso, habilitar adhesiones locales, lo que, a su vez, implicaría admitir que el partido es un puzzle que en una cancha juega con camiseta violeta contra los de casaca naranja y en la que queda a la vuelta se prueban la naranja y combaten a los violetas.
El sábado habrá un paso relevante en la resolución del conflicto. El oficialismo del PS dice que tiene número suficiente para sesionar y para derivar a la comisión de disciplina el caso Rivas, en una etapa previa a la sanción del dirigente.
Una jugada muy a fondo en ese sentido pondría, en tanto, a los socialistas K a la puerta de una salida en estampida. Kirchner, casi sin notarlo, podrá pasar a la historia menor de la biografía del PS como el artífice de otra fractura, como en los 60.
P.I.




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