19 de febrero 2003 - 00:00

No es fácil engañar al electorado

Pese a una formidable campaña de encuestas falseadas en medios adictos al gobierno nada hace presumir que el candidato del duhaldismo Néstor Kirchner llegue el 27 de abril ni siquiera al segundo lugar como para tratar de ganar en la vuelta del ballottage comicial. Lo dice una encuesta de la SIDE (repudiada con enojo por el santacruceño) que además agrega que Carlos Menem estaría en 38% a dos puntos de lograr triunfar directamente en primera vuelta sin que haya tal ballottage. Independientemente de ese organismo también los analistas políticos imparciales descreen que Kirchner haya podido avanzar ni al segundo ni al tercer lugar en preferencia de los votantes pese al apoyo del duhaldismo desde el quinto puesto, que ocupaba en intención de voto en diciembre en encuestas serias. Dominar el gobierno nacional y el aparato político peronista bonaerense asegura digitar candidatos y eludir internas comprometedoras pero no el apoyo del electorado. Es lo que surge de las urnas en los últimos 5 años y aplicado sobre el mismo matrimonio Duhalde alternándose como candidatos.

• Incidencia

Al contrario, la repulsa de amplios sectores de la sociedad a la forma nada democrática como se ahogó desde el gobierno a los afiliados justicialistas para decidir en una interna abierta podría afectar más al santacruceño. Si fuera realidad algún aumento en los porcentuales de Kirchner, nadie cree que sea sobre Carlos Menem sino posiblemente sobre Rodríguez Saá. «Gobernó bien su provincia» es el slogan común, más sus inclinaciones nacionalistas como las de Rodríguez Saá, por lo que es posible que ambos se intercambien preferencia de voto en determinados electores según la aparición en medios de difusión y en esto el santacruceño aventajó últimamente al candidato de San Luis como para reflejarse en sus porcentuales de apoyo. El electorado proclive a Menem está en otra línea. Por otra parte, el giro total que adoptó Lula Da Silva en Brasil luego de ser ovacionado fervorosamente por las izquierdas latinoamericanas, incluida la Argentina, resta más posibilidades electorales a Kirchner, que para peor lanzó ideas como estatizar los ferrocarriles cuando Lula en Brasil está encarando hasta la privatización de 4 bancos estatizados. Hacen falta encuestas serias e imparciales actualizadas, pero no se cree que la preferencia de los que votarán en 70 días se haya modificado tanto. La sorpresa puede ser el crecimiento que fue sostenido desde hace meses de Ricardo López Murphy, que peleaba en diciembre el tercer lugar con Elisa Carrió, ésta beneficiada ahora por el retiro de la contienda electoral de Luis Zamora pero también afectada por sus utopías de aislar a la Argentina del mundo no pagando deudas, estatizar empresas hoy privatizadas y no tomar en cuenta los fatales déficit de presupuestos estatales cuando un socialista elegido presidente en Brasil, que ganó con 52 millones de votos, encara como modernismo para crecimiento de su país todo lo contrario que expresan los populistas locales.

También se cree que Duhalde-Lavagna, aplicaron el populismo distribucionista sin gene-rar antes riqueza para pagarlo, además de envalentonarse enfrentando a organismos inter-nacionales, porque tenían el poder por escasos 17 meses y no iban a afrontar ellos sino quienes los sucedieran las consecuencias de tales políticas.

Es lógico que Lula en Brasil, que no tiene 17 meses sino 4 años de mandato por delante, sea realista como no lo fue el duhaldismo en la Argentina. Por eso tampoco alarman mucho los exabruptos estatizantes de algunos candidatos populistas o de izquierda porque se sabe que si tienen un mandato entero a cumplir, aunque no quepa ni imaginarles un triunfo electoral, no podrían hacer otra cosa que abandonar su lirismo, separar a los ultras y adaptarse a la realidad como Lula Da Silva.

• Reflexión

El menemismo es un pragmatismo de la realidad posible para gobernar cuando la única ortodoxia pura y libreempresista está en Ricardo López Murphy. Este quizá no pueda llegar, pero tampoco se cree que la sociedad argentina se quiera flagelar yendo más allá de Carlos Menem buscando a un Kirchner o una Carrió enormemente menos dotados, aunque se piense que después abandonen su izquierdismo o populismo frente a la realidad como Lula. Pese a las campañas falsas con que la bombardean, la mendacidad de los diarios angustiados financieramente y disponibles al mejor postor (el gobierno), la sociedad y el argentino medio que no es serio y sí transgresor permanente en todo lo que pueda, está bastante bien informado de los engaños y suele preocuparse como nunca en las elecciones de un presidente que dura varios años, cuando siente que un error lo puede afectar en su bienestar.

Los más pobres y desocupados nunca caen en las utopías de izquierda o pseudoizquierda. Suelen inclinar su voto a quienes realmente tengan chance de ganar y los saque de su angustiosa situación o la mejore. Se ejemplifica siempre con que esta misma sociedad argentina votó a una alianza incoherente desde el arranque y a un presidente tan ineficaz como Fernando de la Rúa en 1999. Este radical no daba total seguridad, ciertamente, pero tenía de segundo a un Chacho Alvarez inteligente que no había evidenciado sus desmanejos emocionales en la política. Eran la mejor alternativa porque enfrente no estaba precisamente un Lula Da Silva, con muestras de inteligencia y enfoques modernos dentro de su socialismo y reclamando desde hace años una oportunidad, sino precisamente un Eduardo Duhalde con algo tan deformante y utópico como un populismo distribuidor de lo que no hay, que no existe, y que hubiera pretendido gobernar fuera del mundo por un período normal de 4 años, igual como ahora lo hizo durante escasos 17 meses sabiendo que el 25 de mayo vendrá otro a afrontar las consecuencias.

La mayoría de la sociedad argentina entiende esto aunque tanto traten de confundirla. Recuérdese que en 1946, sin la difusión actual de los medios electrónicos y directamente sin televisión todos los diarios y revistas marcaban el triunfo de la «Unión Democrática» (desde comunistas a radicales y conservadores) agrupados en una fórmula contra el coronel «fascista» Juan Perón. Y ganó Perón.

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