"No se asusten, ya saben que yo grito" (Cavallo)
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Ruckauf, que se cree el más amigo de Cavallo, intentó calmarlo con un chiste, que el padre de la novia no entendió como tal. Se refirió al gobernador en tercera persona; sin mirarlo gritó: « Y el señor de Buenos Aires que se llevó toda la plata...» Silencio general, y sigue Cavallo: «¡Vos qué hablás, nada menos que vos, con el lío que tenés en tu provincia!»
Ruckauf: ¿Qué te pasa?
Ruckauf: Mirá, acá lo que pasa es porque la Nación no está poniendo la plata que nos debe. Siempre nos han pedido que pongamos y ahora nos están debiendo ya $ 500 millones y no nos estás cumpliendo.
Cavallo: ¿Con qué plata?
Mirando a Colombo, el gobernador de Buenos Aires se levantó, y aprovechó la oportunidad de ser noticia: « Con gente así no hay nada que hablar». Levantó los papeles y ante la mirada callada de todos, caminó hacia la puerta. Lo hizo en el tiempo exacto para dar tiempo a que alguien lo parara. Pero no ocurrió.
Los que se quedaron estaban azorados. Cavallo revolvió algunos papeles mientras Ramón Puerta, coordinador del Frente Federal, amagaba con un reto: « Mingo, por favor, ¿por qué decís estas cosas? Es una falta de respeto que no se merece nadie».
El ministro, con la mirada baja, pareció girar hacia la disculpa: «No sé por qué se ponen así... Ustedes me conocen bien, fui siete años ministro de ustedes, y ya saben que yo grito, que a veces me pongo así...»
Hurgó en los bolsillos, sacó una cajita y se aconsejó a sí mismo: «Mejor me tomo un Tranquilán, ¿tienen agua? Agua, por favor... un Tranquilán...» Y se dio con la pastilla.




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