16 de julio 2001 - 00:00

"No se asusten, ya saben que yo grito" (Cavallo)

Domingo Cavallo y Carlos Ruckauf, que hasta hace 45 días negociaban una alianza electoral para octubre próximo, se trenzaron en la tarde de ayer en la pelea más agria que se recuerde entre funcionarios de este gobierno y la oposición peronista.

Ocurrió en el despacho de Chrystian Colombo, en el edificio de la Jefatura de Gabinete, en la Diagonal Sur, de la Capital Federal. Estaban los gobernadores peronistas que desembarcaron ayer en Buenos Aires, el dueño de casa y el ministro del Interior, Ramón Mestre, repasando un borrador del pacto « de la independencia» y abrió la puerta Cavallo junto a Daniel Marx.

Como si lo tuviera en un libreto, el ministro de Economía arremetió contra los gobernadores y, de paso, Colombo, quienes celebraban las coin-cidencias sobre ese proyecto de pacto.

«A ver cuándo ponen en caja sus economías, por favor. O no se dan cuenta de que ya no hay más plata para nadie

Ruckauf
, que se cree el más amigo de Cavallo, intentó calmarlo con un chiste, que el padre de la novia no entendió como tal. Se refirió al gobernador en tercera persona; sin mirarlo gritó: « Y el señor de Buenos Aires que se llevó toda la plata...» Silencio general, y sigue Cavallo: «¡Vos qué hablás, nada menos que vos, con el lío que tenés en tu provincia!»

Ruckauf:
¿Qué te pasa?

Cavallo: Que el país está como está por ustedes, por cómo manejan sus provincias. Y me refiero especialmente a vos, que tenés que poner alguna vez algo de orden.

Ruckauf:
Mirá, acá lo que pasa es porque la Nación no está poniendo la plata que nos debe. Siempre nos han pedido que pongamos y ahora nos están debiendo ya $ 500 millones y no nos estás cumpliendo.

Cavallo:
¿Con qué plata?

Ruckauf (encrespado): Vos sabrás, pero tampoco podés venir vos siempre Mingo con ese carácter; así no se puede conversar.

Mirando a
Colombo, el gobernador de Buenos Aires se levantó, y aprovechó la oportunidad de ser noticia: « Con gente así no hay nada que hablar». Levantó los papeles y ante la mirada callada de todos, caminó hacia la puerta. Lo hizo en el tiempo exacto para dar tiempo a que alguien lo parara. Pero no ocurrió.

Los que se quedaron estaban azorados.
Cavallo revolvió algunos papeles mientras Ramón Puerta, coordinador del Frente Federal, amagaba con un reto: « Mingo, por favor, ¿por qué decís estas cosas? Es una falta de respeto que no se merece nadie».

El ministro, con la mirada baja, pareció girar hacia la disculpa: «
No sé por qué se ponen así... Ustedes me conocen bien, fui siete años ministro de ustedes, y ya saben que yo grito, que a veces me pongo así...»

Hurgó en los bolsillos, sacó una cajita y se aconsejó a sí mismo: «
Mejor me tomo un Tranquilán, ¿tienen agua? Agua, por favor... un Tranquilán...» Y se dio con la pastilla.

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