4 de enero 2006 - 00:00

No viene a la Argentina: ¿Distracción o amenaza?

Los funcionarios de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Latinoamericanas de la Cancillería y los de la Subsecretaría de Energía leyeron el anuncio de «Télam» y consagraron las primeras horas del año a preparar la reunión: Julio De Vido recibiría a los enviados de Evo Morales para hablar de la compra de gas boliviano a la Argentina. Las carpetas iban y venían hasta que, desde La Paz, Antonio Peredo anunció: «Las noticias que provienen de Buenos Aires son incorrectas. No hay ninguna reunión prevista con el ministro De Vido. Consulté con mi hermano y tampoco sabe nada. Si el presidente Morales logra coordinar su agenda con la del presidente Kirchner, tal vez puedan verse antes del 22 de enero». Hablaba quien casi seguramente será el próximo ministro del Interior del gobierno del MAS y citó a Osvaldo «Chato» Peredo, de quien se viene hablando como futuro canciller. Los Peredo, sobre todo «Chato», son figuras mitológicas de la izquierda boliviana. Hablan por Morales.

La reunión de De Vido con la segunda línea del nuevo régimen boliviano quedó en la nada y los funcionarios que preparaban informes para esa cumbre debieron guardar sus biblioratos. La agencia oficial había adelantado una negociación según la cual se le compraría gas a Bolivia a cambio de transferencia de tecnología y otros bienes, como se pactó con Venezuela la compra del fueloil. De nada de eso se comenzó siquiera a hablar. Todo este clima de desinteligencia reforzó una incógnita mayor: ¿por qué Morales, quien viajó a Cuba, estuvo ayer en Caracas, llegará hoy a Madrid y se verá después con Lula da Silva, no tiene previsto verse con Kirchner en la Argentina? La respuesta oficial del gobierno no podría ser más convencional, sobre todo si se tiene en cuenta que el protocolo es una materia muy secundaria para la administración actual: «La Cancillería no lo invitó porque las relaciones con Morales pasaron siempre por otra área», dijo un funcionario. Un argentino que ejerció funciones diplomáticas en Bolivia y que conoce bien a «el Evo» comentó así esa excusa: «Puede ser que sea cierto; como todo 'colla', Morales es muy formal y si no lo llamaron para ofrecerle una agenda en Buenos Aires, no se debe esperar que él tome la iniciativa».

Es verdad que el vínculo del gobierno de Kirchner con el Movimiento al Socialismo de Morales fue siempre fluctuante. El único contacto estable, amistoso, fue casi secreto: lo estableció el viceministro del Interior, Rafael Follonier. Se trata de un viejo militante de la izquierda dura, acaso el que ostenta un pasado más radicalizado entre los hombres que revistan en las filas de Kirchner, el único que intervino personalmente en la anticumbre de Mar del Plata. Esos antecedentes lo convirtieron en un puente privilegiado con Hugo Chávez a través de otro ex guerrillero, el actual canciller venezolano Alí Rodríguez. También con los bolivianos Peredo, a quienes el secretario de Provincias está unido por una amistad de 30 años. Las tratativas de Follonier con el nuevo poder de La Paz, coordinadas con las del brasileño Marco Aurelio García, se desarrollaron casi clandestinamente durante los últimos dos años. A tal punto que fue por un viaje secreto a La Paz que este funcionario pudo persuadir a los dirigentes del MAS de lanzar una sublevación extrema, seguramente sanguinaria, contra el gobierno de Carlos Mesa.

Sin embargo, esta dimensión del vínculo entre el kirchnerismo y Morales es del todo ajena a la cuestión bilateral más importante: la provisión de gas de Bolivia a la Argentina. Hoy ese flujo representa sólo 5% del gas que se consume en el país. Pero si el ritmo de la demanda se mantuviera constante, hay técnicos que prevén que esa proporción llegaría a 20% en 2 o 3 años. Un lapso en el que, además, no se puede pensar en una fuente alternativa; un megagasoducto desde Venezuela, por ejemplo. En cuanto a los costos, los cálculos que el subsecretario de Energía, Cristian Folgar, hacía para Rafael Bielsa a mediados del año pasado, en plena crisis boliviana, resultan hoy inconsistentes: la Argentina está pagando desde comienzos de año u$s 3,40 el millón de BTU, por un gas que a mediados de 2005 costaba u$s 2,08.

Estos datos llevan a prestar especial atención a otra explicación, mucho más inquietante, sobre la decisión de Morales de no pasar por Buenos Aires durante su gira y tampoco enviar a representantes para hablar con De Vido de la cuestión gasífera. ¿Y si se tratara de una estrategia? Es decir, ¿si fuera la señal de un endurecimiento respecto de uno de los dos principales clientes -el otro es Brasil- que tiene Bolivia para ofrecer su gas?

• Datos ciertos

No es difícil encontrar a expertos del sector energético entre quienes se formulan esta conjetura. Se basan en un par de datos ciertos. El primero: Morales viene negociando con las principales empresas energéticas de su país desde hace muchos meses. Salvo British Gas, los grandes actores del mercado gasífero boliviano trabaron con el nuevo presidente una relación tensa pero aceptable. Son empresas que dominan también el negocio en la Argentina: Repsol YPF, Petrobras, Panamerican Energy. A tal punto el vínculo es bueno que Morales llegará a verse hoy en Madrid con José Luis Rodríguez Zapatero después de que el presidente de la petrolera española, Antoni Brufau, haya despejado incógnitas importantes en Bolivia. Estas constataciones derivan en el segundo dato que destacan los especialistas: el presidente cocalero no habla ya de estatización de los recursos del subsuelo;prefiere prometer la nacionalización que podría reflejarse en un nuevo tipo de contrato con las empresas privadas.

Para quienes siguen de cerca los primeros pasos de Morales en el poder, es razonable que esas empresas, que actúan también en la Argentina, privilegien la estabilidad jurídica de sus activos en Bolivia por sobre cualquier otro criterio. Más aún: podrían aumentar a la Argentina el precio del gas que extraen en ese país sin pagar el costo político de esa suba, que correría por cuenta del nacionalismo del nuevo presidente. Por otra parte, las anécdotas que llegan desde Europa, con Vladimir Putin cortándole el gas a la Unión mientras acusa a Ucrania de robar el producto, vuelven a esta película sudamericana mucho más inquietante.

Kirchner se verá con Lula da Silva el 18 de enero, en Brasilia. El 19 se sumará al encuentro Hugo Chávez. Hablarán del faraónico gasoducto que se pergeñó en noviembre. Sin embargo, en el corto plazo, deberá volver sus ojos hacia Morales, quien tal vez sea menos distraído de lo que se supone. Después de todo, quienes lo conocen en su intimidad saben que a Kirchner nunca le gustó del todo el indigenista. Como no le gusta nadie que amenace con correrlo por izquierda. Paradojas del populismo: se extiende aquí y allá pero las afinidades no garantizan armonía. Por su componente nacionalista, los que prometían ser gobiernos amigos terminan en competencias airadas. Se nota en el trato de Kirchner con Tabaré Vázquez por las papeleras de Fray Bentos, ¿será con Morales la próxima disputa?

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