8 de marzo 2006 - 00:00

"Nos han tomado el pelo durante cuarenta años"

En su último número, la revista «Noticias» publicó un informe desde Pontevedra, España, sobre el impacto de la papelera ENCE en esa localidad gallega. Aquí presentamos los tramos principales de la nota firmada por el periodista Alejandro Casar González sobre el desempeño de una de las dos papeleras que pretenden instalarse en la localidad uruguaya de Fray Bentos.

• El doctor Fernando Filgueira también vivió tiempos mejores. Cumplió 40 años como médico alergólogo. «Hay más casos de asma en Pontevedra. Por lo pronto no es casual que haya 9 alergólogos para los 80.000 habitantes de la ciudad, y que en Vigo (población con 350.000 habitantes) haya sólo cinco», describe.

• «Los finlandeses de Botnia admiten que las fábricas aumentan los casos de cáncer de pulmón, asma y conjuntivitis
, ¿porqué nadie dice nada acá? Ni siquiera sabemos qué gases emanan de la chimenea de ENCE. ¡Nos han tomado el pelo durante 40 años!», se fastidia.

• José Buela Fontenla
es el jefe de Calidad Medioambiental de la empresa. Desde su oficina contempla la ría. No entiende la polémica que se desató a decenas de miles de kilómetros, entre la Argentina y Uruguay. Acaba de llegar de Fray Bentos, adonde viajó para explicar las características de la planta de M'Bopicuá. Y defenderla: «El estudio medioambiental de nuestra fábrica en Uruguay fue hecho por la consultora Soluziona y presentado en la DINAMA ( Dirección Nacional de Medio Ambiente, de Uruguay). ¡Ellos son más exigentes que el gobierno gallego!», afirma.

• «El asunto es prevenir», subraya Gabriel Toval Hernández, director del Centro de Investigación y Tecnología de ENCE. A su lado está el jefe del área de Investigación y Desarrollo, Javier Canaval del Río. Como Buela Fontenla, él también vaticina: «La contaminación en Uruguay va a ser menor que en Pontevedra».

Los dos científicos dejan caer un dato clave: la razón por la que fueron a para al Uruguay: «Al principio de los tiempos -o sea en la década del '80- nos daba igual una orilla del río que la otra», dice Toval. La ley forestal uruguaya -desarrollada 10 años antes que la argentina-, sumada a los incentivos para inversiones extranjeras en forestación, los decidió. «Para las fábricas de este tipo, el limitante, siempre es la madera».

• «ENCE ya tiene fecha de vencimiento», augura el intendente de la ciudad, Miguel Anxo Fernández Lores. Habla muy rápido y está en su despacho. Hay una bandera gallega, otra de la Comunidad Europea y la restante, de España. «La empresa se tiene que marchar.»

Nosotros exigimos el cumplimiento de la legislación y el derecho a tener una ciudad de servicios», continúa. «Llevamos 45 años sufriendo esta mierda, que olemos todos», protesta el jefe comunal.

• Fernández Lores se hizo alcalde al amparo de una sociedad volcada contra la papelera. Carmen Da Silva, diputada del Bloque Nacionalista Gallego (BNG) define la situación: «La gente se movilizó, ha mostrado cordura y sensatez en una manifestación masiva», grafica. Da Silva se refiere a la última marcha organizada por APDR (Asociación para la Defensa de la Ría), el 4 de junio del año pasado. Media Pontevedra (40.000 personas) estuvo allí. «¡Por fin veo posible que se pueda trasladar ENCE!», aventura la diputada. Dice que la empresa «ya no puede hacer lo que se le da la gana» y jura que «sólo resta negociar las condiciones en las que se va».

• Los terrenos sobre los que se alza la fábrica están concesionados. El convenio que permite a ENCE
estar allí caduca en 2018. Hubo intentos de prorrogar la fecha por tiempo indefinido, pero no prosperaron.

• Falsas promesas.
«A la gente se le miente. Le dicen que son más de mil puestos de trabajo los que se perderían si ENCE se va, y algunos se lo tragan», protesta Carmen Calvar. Está furiosa. Ella es la vicepresidenta de los mariscadores que trabajan en Lourizán, la zona en la que está emplazada la planta. «¡Cada vez tenemos menos marisco! En 2005 capturamos 15% menos que en 2004. Y todos los años es lo mismo», describe.

• En los 500.000 metros cuadrados de mariscal que se comió la construcción de la fábrica podrían trabajar 900 personas más»,
dice ella.

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