18 de octubre 2004 - 00:00

Números muy flojos

Si se apretaban más eran unos 8.000. Expandidos parecían quizá 10.000. Una concurrencia ciertamente baja para un acto peronista festejando su máxima fecha. Casi todos eran activistas sindicales en el acto de Duhalde y la CGT en Atlanta, principalmente aportados por la parte más oscura hoy del gremialismo "gordo", las huestes de Hugo Moyano y Luis Barrionuevo. El PJ del Gran Buenos Aires no quiso arriesgar enviando apenas representantes y pese a estar en la tribuna el aportante del sector como es Duhalde. Es que hay confusión. Muchos temen mover sus profesionales para actos porque no iba a estar Néstor Kirchner -hizo bien en no concurrir a esa parodia y exponerse al mangueo sindical-, temen ofenderlo -por "las cajas" en juego, desde ya-y lo abandonaron a Duhalde. No saben si el acuerdo de éste por un año con el Presidente se mantendrá. En principio no entienden quién va a calmar a Chiche Duhalde si se va a obligar desde el duhaldismo a apoyar el lanzamiento de Cristina Kirchner en la provincia. La promesa de la candidatura a gobernadora para Chiche en 2007 no la ven. Los números electorales no cierran para asegurarse que no sobrevenga un papelón para la primera dama candidata si no ganara. Claro, saben que el gobierno puede disponer de hasta 17.000 millones de pesos para la elección de octubre del año que viene. Igual temen, y el duhaldismo opera para lanzar a Mauricio Macri a quitarle votos a López Murphy en la provincia. Contra Elisa Carrió no saben qué instrumentar en la Capital Federal. Pero fatal sería perder los dos distritos. Si volvemos a los números, veamos que 5.000 piqueteros el sábado en una marcha tampoco es una cifra significativa, aunque aquí la baja concurrencia se debe al desgaste del accionar en las calles.

Ante la mirada del vicepresidente, Daniel Scioli, Eduardo Duhalde se abraza con el camionero Hugo Moyano, al concluir el pobre acto del Día de la Lealtad en la cancha de Atlanta.
Ante la mirada del vicepresidente, Daniel Scioli, Eduardo Duhalde se abraza con el camionero Hugo Moyano, al concluir el pobre acto del Día de la Lealtad en la cancha de Atlanta.
El acto organizado por las renacidas 62 Organizaciones gremiales peronistas el viernes pasado por el 17 de octubre -el Día de la Lealtad-no conformó a nadie y se acercó al fracaso. Muy poca gente quedaba en el estadio de Atlanta cuando habló Eduardo Duhalde, fotografiado de espaldas frente a las tribunas vacías. Ese fracaso no puede atribuirse sólo al desinterés del PJ bonaerense. Los intendentes peronistas del Gran Buenos Aires ofrecieron concurrir, consecuentes con su jefe político. Pero, desde la CGT de conducción tripartita les dijeron que no «es un acto sindical, más aún, es de las 62 Organizaciones» (que conduce Gerónimo Venegas).

A menos de un año del armado de las listas de candidatos a senadores y diputados nacionales, hubo quienes se alegraron de la fracasada convocatoria, por los tironeos que se producen cada dos años cuando entre el cupo femenino, las presiones de los sindicatos y los sueños de los independientes, se obliga a Duhalde a un difícil equilibrio en ese armado hecho todo con un dedo. Hasta los indisciplinados bombos enviados por Gerardo Martínez (UOCRA) parecieron querer enmarcarlo cuando seguían tocando, mientras Duhalde intentaba hacerse oír a los gritos por sobre el inútil batifondo. Al terminar el discurso de éste, las tribunas ya estaban vacías. En un cálculo optimista, hubo 8.000 asistentes, poco si se piensa en que es el ala sindical del oficialismo.

Cuando se anunció que Duhalde asistiría a Atlanta, asumiendo el rol virtual de jefe de todo el peronismo, hubo sonrisas de quienes desconfían de Néstor Kirchner. No obstante, el gobierno quiso estar presente y allí estuvieron el vicepresidente Daniel Scioli y los ministros Ginés González García, Aníbal Fernández y Carlos Tomada. Y Duhalde le dedicó varios párrafos elogiosos en su mensaje a Kirchner. «Adelante, presidente Kirchner. Usted ha sabido despertar la esperanza del pueblo argentino. A usted le sobra coraje, firmeza y dignidad para pararse ante las corporaciones y multinacionales que quieren manejar la economía argentina», simuló con énfasis Duhalde en su discurso leído, algo raro en estos tiempos cortos. En la misma línea, el ex presidente dijo que a Kirchner «no le tiembla el pulso para enfrentar a los intereses hegemónicos internacionales y sabe negociar con los acreedores para salir del default». ¿Un elogio a Kirchner o a su ministro de Economía, Roberto Lavagna, de quien piensa que será el rival del Presidente?

Fue tan deslucido el rol cumplido en la convocatoria por las 62 Organizaciones sindicales peronistas que el discurso de Duhalde en alguno de sus pasajes sonó irónico. Sobre todo, cuando llenó de elogios a los gremios y la CGT, asegurando que sus militantes están «poniendo de pie» al justicialismo. Lo que para muchos, en cambio, sonó a elogio frente a un eventual enfrentamiento con transversales y piqueteros pro Kirchner.

La cúpula cegetista dijo presente, y a su turno, José Luis Lingieri (Obras Sanitarias), Susana Rueda (Sanidad) y Hugo Moyano (Camioneros) hablaron ante las tribunas semivacías. El titular de las 62 Organizaciones, Gerónimo «Momo» Venegas, también entonó el apoyo del movimiento obrero a la gestión de Kirchner, aunque reclamó que el próximo 17 de octubre el primer mandatario hable a los trabajadores desde el balcón de la Casa Rosada. ¿Un reproche indicado a Kirchner?

Como era inevitable, reclamó mayor poder de decisión, así como «recuperar» las bancas que tenían en el Congreso, ya que hoy tienen menos de diez escaños, cifra menor que la que exhibían a fines de la década del '80, cuando sumaban 33. «El movimiento obrero volverá a tener diputados y senadores como corresponde, y no seguirá discutiendo con el poder, sino que estará en el poder», puntualizó Venegas sin achicarse frente a las tribunas despobladas.

Duhalde
prometió, a su turno, que esta semana comenzarán las obras del mausoleo que se levantará en San Vicente, donde se prevé que descansen los restos del general Juan Domingo Perón.

En su discurso,
Scioli felicitó, por su parte, a la CGT por estar bajo una misma sigla y agregó que ése «es el mejor homenaje que se le puede dar a Perón» (¿dividida en tres?). Completó su pieza con el habitual discurso optimista y señalando las posibilidades de crecimiento que tiene el país. A su vez, Rueda expresó que el sindicalismo está «harto de las estupideces de quienes destruyeron al país», e instó al peronismo a encabezar «un cambio».

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