El presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y arzobispo de Resistencia (Chaco), monseñor Carmelo Giaquinta, aseguró que la relación entre el gobierno y la Iglesia Católica es «dificilísima» y expresó su disgusto por las declaraciones que hizo la semana pasada Néstor Kirchner en la basílica de Luján, en la provincia de Buenos Aires, haciéndose eco así del parecer de la mayor parte de los obispos diocesanos.
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En realidad, no sólo con el Episcopado argentino tiene dificultades el gobierno. También con la Santa Sede si se computa en esas relaciones el conflicto suscitado con el obispo castrense Antonio Baseotto, aún sin resolver.
Y aquí vale señalar, en el lenguaje críptico que usa el Vaticano para sancionar en silencio, lo que ocurre hoy con la agenda de Benedicto XVI. El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) asesoró y así lo hizo saber a la Santa Sede, que el primer viaje del nuevo papa a América fuera a la Argentina.
También lo hizo un arzobispo mexicano, que opinó públicamente que la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano «debería realizarse en el Cono Sur, Chile o Argentina». Sin embargo, ese viaje, previsto para 2007 y desoyendo sugestivamente todos los consejos,tendrá como destino el Brasil. ¿Un coscorrón por las rebeldías? Quizá para entonces Baseotto esté a punto de jubilarse ( convertirse en emérito), como Giaquinta, y ya no influya el conflicto -por más que esté rodeado de «secreto»-, en las elecciones presidenciales de ese año.
• Disgusto
El arzobispo de Resistencia -un estudioso impulsor de la separación económica entre la Iglesia y el Estado-, quien ya había expresado críticas hacia la clase política y el gobierno, señaló que sintió «un gran disgusto» cuando se enteró de las palabras de Kirchner en uno de los templos católicos más importantes de la Argentina. El miércoles de la semana pasada, el Presidente señaló que «en nombre de Dios se cometieron genocidios» en el país, en una referencia que podía presumirse que aludía a lo ocurrido durante la última dictadura militar y a la interpretación ideologizada que se le dio a la conquista y colonización de América al cumplirse cinco siglos del descubrimiento.
Giaquinta presidió una comisión del Episcopado que preparó un extenso trabajo en el cual la cúpula de la Iglesia hizo una autocrítica pública por los errores cometidos por los fieles católicos, incluyendo a la conducción de la Conferencia Episcopal, en la época del último gobierno militar e incluso en los años inmediatamente anteriores.
Giaquinta, en declaraciones publicadas por el diario «Norte» de Resistencia, insistió en señalar que es «dificilísima» la relación de la Iglesia con el gobierno, y dijo que para revertir eso, «basta un poco de sentido común por parte de los hombres de la Iglesia, y que los políticos y gobernantes se tomen en serio la democracia que pregonan y la realidad del pueblo que representan».
• Papel indebido
En tanto, acerca de las palabras del jefe de Estado en la basílica de Luján -donde asistió para la inauguración de obras de refacción de la iglesia por 6 millones de pesos y fue acompañado por el arzobispo de Mercedes-Luján, Rubén Di Monte, junto al obispo auxiliar Oscar Sarlinga-, Giaquinta señaló: «He sentido un gran disgusto, y no sólo por lo dicho por el Presidente, sino por el papel indebido que se le habría dado en el templo». Con lo cual también decidió enfrentar a Di Monte y a Sarlinga, algo que sucederá recién el año que viene, cuando se reúna la comisión permanente del Episcopado.
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