9 de enero 2002 - 00:00

Obispos: dureza al opinar sobre toda la dirigencia

La comisión permanente del Episcopado afirmó ayer, en el documento anticipado el lunes a Eduardo Duhalde, que «los dirigentes que no se sintiesen capaces de hacer los renunciamientos y esfuerzos necesarios para levantar el país deberían dar un paso al costado», al trazar un cuadro crítico, aunque no carente de esperanza, de la situación política, económica y social del país.

Los obispos afirmaron que la Iglesia está dispuesta «a alentar iniciativas de diálogo ente los diversos sectores sociales y políticos», para buscar una salida a la crisis, al tiempo que deploraron «los hechos violentos acaecidos en días pasados, en especial las muertes y los saqueos». Señalaron que «es innegable que la Patria está gravemente enferma por una larga afección moral, reflejada en los diversos órdenes, económico, político y cultural», aunque subrayaron que «es cierto también que el momento de gran humillación de un pueblo puede convertirse en el comienzo de su resurgimiento».

Los prelados que conforman la mesa ejecutiva del Episcopado dijeron que para lograr este objetivo «basta que reconozcamos la situación con honestidad, aunemos las fuerzas y no perdamos el tiempo en echarnos las culpas por lo acaecido, sin obviar por esto el papel de la Justicia».

A través de una declaración dada a conocer ayer, titulada «Reconstruir la Patria», la Conferencia Episcopal reclamó «que todos los ciudadanos y los diversos sectores sociales nos pongamos a trabajar con empeño en la reconstrucción espiritual y material de la Patria, aportando la cuota de sacrificio que nos corresponde».

• Advertencia

La declaración fue dada a conocer al término de dos días de deliberaciones extraordinarias de la Comisión Permanente, integrada por el presidente, los vicepresidentes primero y segundo y el secretario general del Episcopado -monseñores Estanislao Karlic, Eduardo Mirás, Jorge Bergoglio y Guillermo Rodríguez Melgarejo, respectivamente-, además de los titulares de cada una de las comisiones episcopales.

Los religiosos advirtieron:
«Los argentinos nos equivocaríamos si consideráramos este momento crítico como uno más y no pusiésemos los remedios morales e institucionales necesarios». Agregaron: «Sería lamentable, pues perderíamos una ocasión providencial para crecer como Nación. La crisis terminal que vivimos indica una claudicación grave en lo moral social, es decir, en la responsabilidad de la conducta con respecto a la sociedad y a sus diversos componentes».

Los obispos señalaron:
«Sobre esto, han de examinarse con sinceridad no sólo las personas, sino también las instituciones, privadas y públicas. Sugerimos que todos abran un espacio de deliberación, dispuestos a reconocer graves errores y a adoptar cambios profundos de mentalidad y de compartimientos».

Destacaron luego que
«ningún sector e institución puede decir que no es responsable de la situación que vive la Patria», y que «este examen han de hacerlo muy especialmente los partidos políticos y los sindicatos, pero también las cámaras empresarias y las entidades financieras. Y, a no dudar, lo han de hacer los tres poderes del Estado y las entidades que dependen de él». El Episcopado observó que «la superación de la crisis que sufre el país exige el cultivo de los valores morales, en especial la austeridad, el sentido de equidad y de la Justicia, la cultura del trabajo, el respeto de la ley y de la palabra dada».

Puntualizó que para ello
«es preciso elevar la calidad de la educación, basándolas en los inclaudicables valores puestos por Dios en el corazón del hombre, transformar la orientación de fondo de los medios de comunicación, pues muchos de sus programas degradan al pueblo».

El texto de los obispos señala, asimismo, que también se requiere
«modernizar el aparato productivo de modo que multiplique las fuentes de trabajo real, promover la reforma del Estado y de la política, afianzar la Justicia, erradicando todo tipo de corrupción, privilegios y prebendas y evitando el despilfarro de los fondos y bienes públicos».

Los obispos señalaron luego:
«También los pastores hemos de examinarnos», pues «en un país que se profesa mayoritariamente cristiano no es fácil explicar la presente crisis sin una grave falla en la coherencia entre la fe y la vida, y en la catequesis y predicación de la moral social».

Agregaron:
«Este examen es premisa indispensable para que se entable un diálogo fecundo entre todos los ciudadanos y sectores de la sociedad argentina que nos lleve a acuerdos fundamentales, conforme a los cuales conducirnos en el futuro».

Los obispos reiteraron
«el ofrecimiento que ya hemos formulado: en circunstancias excepcionales como ésta, la Iglesia, dentro de su propia misión, respetando plenamente las instituciones de la República, y buscando sólo la paz y el progreso integral del pueblo argentino, está dispuesta a alentar iniciativas de diálogo ente los diversos sectores sociales y políticos».

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