14 de enero 2002 - 00:00

Obispos obligan a Duhalde a la "concertación" con Menem

El temor a los «cacerolazos», votos negativos y hasta agresiones callejeras, más la fisura originaria de haber nacido de un acuerdo legislativo llevaron a Eduardo Duhalde a buscar al episcopado católico como escudo para intentar una concertación que incluya a políticos, empresarios y gremialistas. Los obispos están incómodos con la responsabilidad y tardaron bastante en aceptarla, con condiciones. Se notará esta noche, cuando el titular de la asamblea Estanislao Karlic (o más cariñosamente, «el Ruso», como lo llamaban sus compañeros de seminario) y el arzobispo porteño, Jorge Bergoglio, hablen en el lanzamiento de la nueva concertación, en un acto que cerrará el propio Duhalde. La primera formalidad que tendrán en cuenta los prelados es sustancial: han pedido reiteradamente que se eviten las exclusiones y sectarismos, un mensaje cifrado a los sectores del gobierno a quienes, en la participación de los titulares de partidos políticos, les gustaría no ver a Carlos Menem (jefe formal del PJ). Casi un milagro si logran esta «concertación»: a pesar de los pedidos de Eduardo, el senador, Duhalde no ha querido cambiar una sola palabra con el ex presidente.

La segunda condición de los obispos es nominativa: llamarán a su participación «servicio de diálogo», como quien presta una colaboración auxiliar pero no es responsable por el resultado. Tanto que para los aspectos técnicos se respaldarán en el responsable del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Carmelo Angulo Berturen.

•Unidad

Otra formalidad es la sede de las conversaciones: el convento de las Catalinas, antiguo monasterio en ruinas que se salvó de la demolición gracias a que lo tomó en sus manos Casa Foa hace un par de años. Ubicado en San Martín y Viamonte, allí predica otro «amigo de la casa», el padre Rafael Braun Cantilo, hermano del secretario de Industria, el proteccionista Eduardo Braun Cantilo. Todo queda en familia. El clérigo Braun es el principal inspirador de la revista «Criterio», alrededor de la cual se nuclea buena parte del clero que quiere ayudar a Duhalde con la concertación. Aunque últimamente ganó más notoriedad como coautor de un libro de diálogos con su prima, Magdalena Ruiz Guiñazú. Todo sigue quedando en familia.

La convocatoria realizada por la jerarquía católica hará en primer lugar un llamado a la unidad vista como condición esencial de una nación.

Una invitación a dejar de lado las internas que seguramente incluirá a la que divide a los propios purpurados: no se entiende todavía por qué la responsable de llevar adelante este emprendimiento no es la Comisión de Pastoral Social, encargada natural de este tipo de prestaciones casi políticas. Algo se comprende si se recuerdan los chisporroteos entre el titular de esa comisión, el cardenal Raúl Primatesta, y el principal operador de esta nueva ronda de conversaciones, Jorge Casaretto, obispo de San Isidro. Todo fue por la participación de Guillermo García Caliendo, mano derecha de Primatesta en sus relaciones con la política, en un acto de Moyano. El laico García Caliendo, es cierto, no había tomado los recaudos protocolares del obispo para inclinar su corazón.

•Contactos

En su carácter de titular de Cáritas, Casaretto es quien pactó con el gobierno de Duhalde la realización de esta concertación con eje en la Iglesia. Facilitaron mucho su tarea sus contactos con el gobierno: cierta asesoría espiritual que ejerce junto a Chiche de Duhalde y la gravitación que tiene sobre Juan Pablo Cafiero, el segundo de la Jefatura de Gabinete. La cercanía de Casaretto respecto de Chiche es tan decisiva que la primera dama logró lo que se creía imposible: que el obispo cooperara muy activamente con un gobierno en el cual la Secretaría de Culto la desempeña Esteban Caselli, uno de sus peores adversarios (otra interna que deberá suspenderse con esta concertación).

En reemplazo de la comisión encabezada por Primatesta se constituyó un grupo «ad hoc» integrado por el propio Casaretto; el obispo de Santiago del Estero, Juan Carlos Maccarone (ex diocesano de Chascomús, donde algunos vecinos todavía se preguntan las razones de su partida), y Artemio Ramón Staffolani, obispo de Río Cuarto. Estos obispos se reunieron con dos hombres de Duhalde el jueves: el decisivo José Pampuro (secretario privado del Presidente) y Carlos Caterbetti, otrora mano derecha de Hugo Toledo en el Ministerio de Obras Públicas bonaerenses.

•Vocero

La participación del Programa de Naciones Unidas (PNUD) no se limitará solamente a su embajador, Angulo. También permitirá que el periodista José Ignacio López vuelva a ser vocero, en este caso del proceso que se iniciará en el convento de las Catalinas. López comenzó a tener protagonismo ayer cuando anunció que la idea del encuentro «es que en cinco o seis semanas se pueda llegar a un primer gran acuerdo» que sería derivado al Congreso para su aprobación. López no produjo estas declaraciones como ex funcionario de Raúl Alfonsín, pese a que el líder radical ejerza discretamente un cogobierno en distintas áreas del gabinete. Tampoco habló como periodista del diario «La Nación», donde publica notas informando sobre estos hechos, que él mismo protagoniza (y eso que el diario vendía en los quioscos un manual de «ética periodística»). López habló como asesor del PNUD, es decir, de la oficina de Naciones Unidas que dará un marco de prescindencia técnica a la iniciativa episcopal. El periodista dijo ayer que la Iglesia hará un llamado a dejar de lado los «intereses privados y partidistas».

Antes de concurrir al lanzamiento de la ronda de diálogo, Duhalde tendrá designados a todos los funcionarios destinados a áreas que tienen que ver con la política social o con regiones del Estado. Ya nombró al sanitarista senior del PJ, Ginés González García, al frente del Ministerio de Salud. El médico, fanático racinguista y presidente de la Fundación Isalud, actuará coordinadamente con quien será responsable técnico por las prestaciones de carácter social, Leonardo Di Pietro. Se trata de otro conocedor del área asistencial, quien secundó en su momento a Eduardo Amadeo cuando éste ocupaba la secretaría respectiva. Di Pietro reportará políticamente a la esposa del Presidente y hará protocolizar sus decisiones por el ministro del Interior, Rodolfo Gabrielli. Mientras tanto, Caterbetti, aquel mano derecha de Toledo, fue nominado al frente del Comité Federal de Radiodifusión, otro organismo en el que tradicionalmente ha manifestado interés la Iglesia.

A la convocatoria de Duhalde y los obispos se irán sumando después otros sectores de la vida política. Comenzarán por los presidentes de partidos políticos, lo que dará esa hora de protagonismo a Menem (tal vez por su presencia los obispos insisten tanto en evitar exclusiones, un mensaje cifrado a Duhalde) y a Raúl Alfonsín. También circularán los sindicalistas, quienes ajenos a la generosidad que exigen los pastores ya comenzaron a reclamar un aumento de salario mínimo, vital y móvil antes de que esté puesta la mesa del diálogo.

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