Diputados prepara otra sesión difícil para la interventora del PAMI, Graciela Ocaña, cuya licencia en la banca tiene fecha de vencimiento el 30 de setiembre. La ex mujer de confianza de Elisa Carrió sufrirá un día antes, a la espera de conseguir una prórroga hasta fin de año. Durante el plenario en el cual se convertirá en ley la creación de ENARSA, el miércoles 29, se aprobaría la continuidad de la licencia de Ocaña.
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Finalmente, se impondría la decisión de Néstor Kirchner de mantenerla en el cargo de la obra social de jubilados y la necesidad de renovarle el permiso en la Cámara baja, donde la espera una butaca en el recinto hasta diciembre de 2007. Aunque el final se anuncie favorable, Ocaña deberá sortear los embates del peronismo no kirchnerista, encabezado en las áreas de salud y previsión por el cordobés Oscar González y la bonaerense Graciela Camaño, respectivamente, que vienen reclamando, por lo menos, la presencia de la funcionaria en comisiones, entre otras cosas, para explicar por qué el PAMI paga distintos precios a los prestadores (variación de la cápita, en el lenguaje de la seguridad social) o bien cuánto se paga en concepto de medicamentos. Camaño, además de su vinculación con Luis Barrionuevo (uno de los fantasmas que sobrevuela la obra social y espanta a Ocaña) está dispuesta a objetar la licencia de la interventora designada por Kirchner. Ella predica que quienes asumen funciones ejecutivas deben renunciar a los fueros parlamentarios.
Pondrá como ejemplo que Eduardo Duhalde, cuando acordó su ingreso en el gobierno de emergencia en 2002, presentó la dimisión al escaño en el Congreso y, a partir de ese antecedente, pretende haber sentado jurisprudencia.
Es cierto que no hay unanimidad de criterios y de actitudes en la escudería peronista. En aquel momento, la determinación de Camaño -que se incorporaba al Ministerio de Trabajo-forzó otras dimisiones de funcionarios duhaldistas. Ahora, mientras se le retacean días a Ocaña, la riojana Alejandra Oviedo, obviamente, tropa del PJ, goza de autorización del cuerpo para desempeñarse en la cartera de Gobierno de su provincia hasta el 31 de diciembre. Lo que más irritó a la arista es que durante la misma sesión en la que le adjudicaron permiso hasta el 30 de setiembre, a la colega justicialista le ampliaron los plazos, en abierto favoritismo.
• Escarmiento
A Ocaña no la ayuda que sus propios ex camaradas de bloque, liderados por Eduardo Macaluse e incentivados desde afuera de la Cámara baja por Elisa Carrió, exijan la renuncia para abrirle paso a la suplente, la docente Elsa Quiroz, incondicional de Lilita. La ceterista Quiroz quiere volver al recinto y darle un escarmiento a Ocaña por haber «traicionado» a la espiritual jefa partidaria para sumarse al gobierno de Kirchner. Pende sobre la licenciada la amenaza de expulsión de las filas del ARI por esta «inconducta».
Sea como fuera, Ocaña permitió que se inaugurara otro debate entre los legisladores: si no sería conveniente modificar el reglamento doméstico, de manera tal de imponer topes a las licencias. O sea que, transcurrida determinada cantidad de jornadas, sólo se pueda optar entre la banca o la función en el Poder Ejecutivo.
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