9 de septiembre 2005 - 00:00

Oficialismo y Carrió evitaron ayer el debate

Néstor Kirchner buscó ayer una fórmula intermedia, muy sui generis, para respetar el axioma de los politólogos que reza que «candidato que gana no debate». Fue una necesidad porque los números le sonríen en provincia pero le hacen una mueca, de costado, en la Capital.

José Pampuro
, ministro de Defensa y candidato a senador en Buenos Aires, y Rafael Bielsa, canciller y postulante a diputado en la Capital, gambetearon -a pesar de que se habían comprometido- la invitación para discutir sobre seguridad con otros competidores de octubre. Pampuro, que hacía de «muletto» de Cristina Fernández pero podría haber aportado a la discusión porque, se presume, conoce sobre las cuestiones que se debatieron, mandó una nota informando que tenía que acompañar a Kirchner en un acto «institucional» en San Nicolás. Bielsa fue más arriesgado: acusó un malestar gripal y mandó a su esposa Andrea, con una nota, para ser leída ante el auditorio. Más tarde se supo que el canciller, a esa hora, estaba grabando el programa de Chiche Gelblung que se trasmitió anoche por «América».

• Petición

El canciller le había pedido expresamente a Horacio Jaunarena, titular del Instituto para la Seguridad en Democracia que lo incluya en el panel bonaerense y no en el de los porteños.

Así y todo, luego de someter a los organizadores a esa pirueta difícil de explicar, Bielsa se declaró afiebrado y mandó a su esposa como vocera. En beneficio del canciller actuó Elisa Carrió, que tampoco se prestó a la contienda sobre el capítulo seguridad.

Al final, sólo quedaron en la grilla el peronista Jorge Villaverde, Ricardo López Murphy (PRO) y el radical Luis Brandoni. Y, como era de esperar, hubo criterios y posturas enfrentadas:

• Luego de pedir una reforma del Código Penal, López Murphy cuestionó al gobierno por la seguridad de la Cumbre de las Américas donde, dijo, no está claro «cuál va a ser el planeamiento y la inteligencia». Alertó que ante la «peor de las hipótesis» podría suceder «que alguien asuma nuestra responsabilidad», en referencia a la presencia del portaaviones que enviará EE.UU. para proteger a George W. Bush.

Brandoni, a su vez, remontó la teoría que vincula «exclusión y miseria con ciertos tipos de delitos» y retrucó a López Murphy al sostener que es un error querer resolver el problema de la inseguridad « endureciendo las penas». Cuestionó las «reformas apuradas» que se han hecho en los últimos tiempos y cuestionó la «falta de proporcionalidad entre el delito y sus penas».

• Sobre el final, Villaverde se abrazó a la defensa de las autonomías provinciales para sostener el argumento de que la participación del gobierno central en zonas especiales -como el área metropolitana- debe ser mediante la coordinación sin que el estado local deba renunciar a su potestad. Transitó luego el duhaldista por el territorio legal y hasta se permitió disfrutar una chanza de López Murphy al ministro del Interior Aníbal Fernández. «Es muy grosero -dijo el candidato de PRO-: fíjese que el otro día dijo eso de meterse la marchita ustedes saben dónde.»

• La esposa/vocera de Bielsa relató el pensamiento del canciller, que zizagueó entre la autocrítica de que el Estado no pudo definir una «adecuada política de seguridad» y el pedido del traspaso de la Policía Federal a la Ciudad de Buenos Aires, «lo que permitirá mejorar el plan de seguridad local».

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