Olfato gremial: "gordos" inician retorno a Menem
No quedan sindicalistas con Néstor Kirchner al acentuarse las posibilidades de que gane Carlos Menem la elección. Es una tradición de los «gordos» de la CGT: jugarse últimos y al presunto ganador cuando éste tiene una chance más definida. Abandonan así a Eduardo Duhalde, a su candidato oficial, y entierran la alocada idea de postergar la elección a octubre y apoyar a Roberto Lavagna a cambio de que les volviera a desbordar, con fondos públicos, sus «cajas de gastos personales» que son las obras sociales. Eso sí: los «gordos» prometieron dejar en el proselitismo a Luis Barrionuevo «haciendo domicilio» en Catamarca.
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Un escalón más abajo de este pelotón se ubican otros menemistas sindicales como el «Centauro» Andrés Rodríguez. No tiene con Menem la intimidad ni la constancia que ha tenido Cassia, pero resulta imprescindible en esta hora: maneja la Unión Personal Civil de la Nación, un sindicato con extensión territorial suficiente como para controlar la elección allí donde la política pura no pone fiscales.
Aquí, en esta capacidad, radica hoy por hoy la clave del acercamiento sindical a Menem. También en esta urgencia radica el reencuentro con Barrionuevo en La Rioja, el fin de semana pasado. Al gastronómico el menemismo le confió el control de la operación electoral en Catamarca y la negociación con Carlos Juárez en Santiago del Estero, además del rearmado de la estructura que en su momento el gastronómico condujo para Menem en el conurbano bonaerense.
La última frontera la representan los «gordos», comandados por Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo. Con tal de mostrarse prescindentes, «melonearon» a Roberto Lavagna con una fantasmagórica candidatura a presidente que duró todo lo que ellos tardaron en comprobar que no había demasiada plata para derivar desde el Tesoro hasta sus cajas. Ahora comenzaron una lenta aproximación a Menem a través de un puente discreto: Carlos Corach.
Desprovisto de la maquinaria del Estado y tampoco en posesión total de los recursos político-burocráticos del partido, Menem debe enfrentar al aparato duhaldista en un territorio agresivo como el bonaerense. El contexto no es el mejor, ya que el propio Duhalde, en una intervención sin precedentes, comenzó ayer a hablar de la posibilidad de fraude electoral en España, aclarando que él piensa conjurar el vicio pagando $ 100 a los que presidan mesas. Pocas veces se vio que un mandatario confiese, visitando otro país, que en el suyo la pureza electoral no está garantizada o que, en todo caso, requiere de dinero para ofrecer cierta seguridad al lado de las urnas.




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