9 de abril 2003 - 00:00

Olfato gremial: "gordos" inician retorno a Menem

No quedan sindicalistas con Néstor Kirchner al acentuarse las posibilidades de que gane Carlos Menem la elección. Es una tradición de los «gordos» de la CGT: jugarse últimos y al presunto ganador cuando éste tiene una chance más definida. Abandonan así a Eduardo Duhalde, a su candidato oficial, y entierran la alocada idea de postergar la elección a octubre y apoyar a Roberto Lavagna a cambio de que les volviera a desbordar, con fondos públicos, sus «cajas de gastos personales» que son las obras sociales. Eso sí: los «gordos» prometieron dejar en el proselitismo a Luis Barrionuevo «haciendo domicilio» en Catamarca.

Tal vez aprovechan que Eduardo Duhalde está de viaje. O que Graciela Camaño, la ministra de Trabajo, está liberada de todo compromiso con Néstor Kirchner después del mal trato que le aplicó la esposa del candidato a Luis Barrionuevo en el Senado. Cualquiera sea la causa inmediata, un fenómeno que se registra cada vez más intensamente en el proceso electoral es el alineamiento del sindicalismo clásico detrás de la candidatura de Carlos Menem. La semana que viene, a propósito de la calma que ofrece la Semana Santa, habrá conciliábulos de todo tipo para sellar un nuevo pacto como el de 1989, cuando la mayor parte de los gremialistas apostó al ex presidente una vez que se cercioró de su posibilidad de victoria.

A pesar de que la mayoría pertenece a la misma generación y de que participan de los mismos rituales de tribu, la cercanía con el candidato al que creen ganador los divide en facciones irreconciliables. No porque piensen distinto sino porque quieren lo mismo.

• Pergaminos

Hay una prelación que respeta toda la comarca de gremios. Es la de Antonio «Coco» Cassia, secretario general del SUPE. Los pergaminos de este gremialista son impecables en esta hora: desde las largas vigilias en Don Torcuato hasta la amansadora del Hotel Presidente, pasando por la organización de cuadros medios en cada encrucijada (congresos, internas, etc.) y, si llega el caso, un aporte pecuniario, invalorable siempre en campaña. A estos títulos, Cassia suma el de ser heredero de Diego Ibáñez, acaso uno de los mejores amigos de Menem fuera de los que cosechó en La Rioja.

Este petrolero es el jefe del Movimiento Obrero con Propuestas (MOP), en el que están alineados desde Oscar Mangone (Gas) hasta Vicente Mastroccola (Plásticos), peregrinos semanales del oráculo político que Jorge Triaca (padre) tiene instalado en las proximidades del Hipódromo de San Isidro.

Alrededor de este primer círculo, están alineados otros menemistas ortodoxos de la vida gremial. Por ejemplo, el textil Pedro Goyeneche y José Luis Lingeri. Figura clave la de este dirigente de Obras Sanitarias: no sólo manejó con habilidad la «caja» de las obras sociales durante el último mandato de Menem. Es también el responsable de informar al riojano sobre la peripecia de la Superintendencia del área y sobre todo sobre el régimen de subsidios a las entidades de salud. Nadie mejor que Lingeri para escudriñar los movimientos de dinero del duhaldismo en el área, controlada por el antimenemista Néstor Vázquez, un creativo de la salud y la contabilidad. «Un día José Pampuro va a tener que prestar atención a lo que sucede en ese sector, si no quiere cargar él con los escándalos que pueden provocar sus seguidores» comentaron en la mesa del MOP, en una de las tantas tertulias del hotel de la calle Cerrito.

• Imprescindible

Un escalón más abajo de este pelotón se ubican otros menemistas sindicales como el «Centauro» Andrés Rodríguez. No tiene con Menem la intimidad ni la constancia que ha tenido Cassia, pero resulta imprescindible en esta hora: maneja la Unión Personal Civil de la Nación, un sindicato con extensión territorial suficiente como para controlar la elección allí donde la política pura no pone fiscales.

Aquí, en esta capacidad, radica hoy por hoy la clave del acercamiento sindical a Menem. También en esta urgencia radica el reencuentro con Barrionuevo en La Rioja, el fin de semana pasado. Al gastronómico el menemismo le confió el control de la operación electoral en Catamarca y la negociación con Carlos Juárez en Santiago del Estero, además del rearmado de la estructura que en su momento el gastronómico condujo para Menem en el conurbano bonaerense.

La última frontera la representan los «gordos», comandados por Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo. Con tal de mostrarse prescindentes, «melonearon» a Roberto Lavagna con una fantasmagórica candidatura a presidente que duró todo lo que ellos tardaron en comprobar que no había demasiada plata para derivar desde el Tesoro hasta sus cajas. Ahora comenzaron una lenta aproximación a Menem a través de un puente discreto: Carlos Corach.

Desprovisto de la maquinaria del Estado y tampoco en posesión total de los recursos político-burocráticos del partido, Menem debe enfrentar al aparato duhaldista en un territorio agresivo como el bonaerense. El contexto no es el mejor, ya que el propio Duhalde, en una intervención sin precedentes, comenzó ayer a hablar de la posibilidad de fraude electoral en España, aclarando que él piensa conjurar el vicio pagando $ 100 a los que presidan mesas. Pocas veces se vio que un mandatario confiese, visitando otro país, que en el suyo la pureza electoral no está garantizada o que, en todo caso, requiere de dinero para ofrecer cierta seguridad al lado de las urnas.

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