22 de enero 2001 - 00:00

Oportunista proyecto busca eliminar diputados sábana

Fernando de la Rúa intentará explotar esta semana, con lo poco que tiene a mano, el crédito público que cree tienen los proyectos de reforma política. Convencido de que hay un sector de la platea que se entretiene bien con promesas de que las legislaturas se bajarán los sueldos o que los punteros harán un paso al costado para dejarles sus cargos a los artistas del rating, enviará hoy al Congreso un nuevo proyecto de ley que modifique la elección de diputados nacionales por el llamado sistema de las listas sábana. Es decir, un intento de apartarse del método de elegirlos según una tira de candidatos surgidos de los partidos y a quienes se asignan bancas según el porcentaje de los votos obtenidos por su partido en la puja con los demás.

A la cola del menemismo del Congreso, que ya presentó una idea similar, el gobierno insistirá en algo que sólo puede afectar -sin mejorarla necesariamente-la representación en los distritos que eligen muchos diputados en cada turno (Buenos Aires y Capital Federal).

Como tampoco quiere que Carlos Chacho Alvarez lo madrugue con su proyecto de reformas en el Senado, el aliancismo promoverá desde hoy también un nuevo proyecto de reglamento de ese cuerpo legislativo para que rija desde el 10 de diciembre, que es cuando ingresarán los nuevos 72 representantes elegidos, por primera vez en la historia, por el voto directo. El sueño del gobierno es que los actuales legisladores, muchos de los cuales aspiran a reelegirse en sus bancas, ejecuten un recorte drástico sobre los que vendrán. Inspirado quizás en la conducta de algunos senadores que se han sentido liberados hasta de las inhibiciones de la militancia para acusar a otros de su propio partido de las peores tropelías, el gobierno cree que podrá usar esa vidriera insolente en su provecho. Bastará, cree, con sólo verlos estudiar el tema.

Entre las ideas de nuevo reglamento, el gobierno habla, por ejemplo, de imponerle a cada senador un máximo de dos asesores (no se dice con qué sueldo; podría ser astronómico y con eso se demostraría la debilidad del método) o la participación en un máximo de dos comisiones. Otra forma de limitar los gastos en que puede incurrir cada banca.

Esta iniciativa surge de varias carpetas que tiene sobre su mesa el Presidente, donde se describe (como fruto de un estudio comparativo sobre grandes legislaturas de aquí y de allá que pagó la administración no a través del Ministerio del Interior) cuánto más barata podría ser la democracia criolla. Una de las conclusiones de esos estudios dice que si las diez provincias que más gastan en los políticos redujesen su presupuesto al nivel del promedio de las tres que menos gastan, el país se ahorraría $ 308 millones anuales en democracia.

Efecto simbólico

La eliminación de las sábanas ha tenido un curioso trámite porque todos los promotores del proyecto reconocen que tiene un efecto apenas simbólico: en todas las provincias, salvo Buenos Aires y Capital Federal, se eligen entre uno y tres diputados y es imposible que se escondan en las listas candidatos perversos y, peor, desconocidos por el público que distorsionen la representación territorial.

Aunque el gobierno no ha revelado aún qué fórmula propondrá -o si dejará que la deter-minen los legisladores en el Congreso-, piensa en un sistema mixto como el de Alemania, donde una parte de los diputados viene por la sábana (el partido) y otra porción surge como representación de circunscripciones o territorios.

En Buenos Aires y Capital Federal el número de diputados que se eligen en cada elección
daría más para que algunos accedieran por la sábana y otros por los territorios, aunque como ocurre en la primera, ya de hecho los partidos reconocen un principio de reparto territorial en las nominaciones de los partidos. ¿De qué valdría entonces un sistema de reparto territorial en provincias donde se eligen, por caso, dos diputados? Sería una ficción decir que viene de una sábana o de una circunscripción. Al propio ministro del Interior se le atribuye haber dicho que « en la mejor elección en Córdoba los radicales llegamos a meter apenas cuatro diputados» para ejemplificar lo tenue del proyecto que igual firmará porque cree que lo pide la gente.

Esto lo saben el Presidente, los ministros que refrendarán el mensaje y los legisladores que simularán el debate en el Congreso.

Cuando le preguntaron durante el fin de semana a de la Rúa por qué lo hacía respondió: «
Porque hay gente que lo pide, es algo irracional, entonces demos la señal y que salga la verdad del debate». No es mucho.

Lo que en el gobierno no confiesan es que este tramo de la reforma política lo emprenden porque los madrugó
Carlos Menem con un proyecto similar. Cuando el gobierno envió el anterior proyecto de reforma política que afecta a financiamiento y duración de campañas electorales -es decir prohibición de encuestas-no incluyó esta eliminación de las sábanas por una razón: el peronismo que negoció la iniciativa con la Casa de Gobierno se oponía. El gerente de ese mensaje de la oposición lo acercó Carlos Corach, representante del Senado para consensuar el proyecto final con su sucesor, Federico Storani.

Apenas se presentó el proyecto,
Menem instruyó a un lote de sus diputados para que presentase un proyecto de eliminación de las listas sábana que descolocó a todos. Con la misma pretensión oportuna de aprovechar de alguna manera las quejas de un sector del público contra los políticos profesionales, Menem ponía al resto del club en off side.

Furioso,
De la Rúa pidió que se mandase un proyecto similar, por más que se trate de una idea gaseosa, que afecta a dos distritos en elecciones nacionales, y que, pese a lo anunciado en Olivos, es impracticable este año. Sería imposible organizar en todo el país una elección por circunscripciones paralela a la de la sábana para llevar todos los nombres a la mezcladora. Pero lo pide la gente...

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