Gustavo Béliz, hombre que alguna vez estuvo cerca o trató de ingresar al Opus Dei, aunque se afirma que nunca le permitieron cruzar los límites, siempre pareció cumplir la más estricta línea del catolicismo. Sin embargo, fue quien propuso a tres personas a favor del aborto ( Zaffaroni, Argibay, Highton de Nolasco) como miembros de la Corte Suprema. Es, también, el ministro que impulsó a varios oficiales connotados de la Policía Federal y, por supuesto, nada dijo cuando desde la Casa Rosada le ordenaron su desplazamiento. Es, además, gran conocedor de la burocracia estatal y sus vínculos con los organismos internacionales tipo Banco Mundial, BID o Naciones Unidas. A uno de esos cuerpos denunció Néstor Kirchner hace menos de 48 horas por malgastar en burocracia (por lo menos) buena parte de los fondos que el país recibe, episodio que tal vez nazca en una investigación más prolija que hoy dispone la Auditoría de la Nación. Béliz, por su parte, bien podría ser competente para hablar de los sobresueldos -no olvidar que fue menemista y funcionario- y mucho más sobre la concesión arbitraria o no de ATN cuando fue ministro, tema en el que la Justicia parece un tanto remolona. Todo este relato parece una suma de contradicciones. Avancemos sobre la última.
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El mismo católico militante de Béliz, quien se presentó hace días como respondiendo a las exigencias de Juan Carlos Blumberg (o sea, a favor de un mayor rigor con el delito) acaba de designar en su cartera, como subsecretario de Política Criminal de Justicia y Asuntos Penitenciarios a un garantista de nota, Alejandro Slokar, coautor de un manual de Derecho Penal con Eugenio Zaffaroni, inspirador en el país de esa doctrina que tanto peso ha tenido en los egresados de la Facultad de Derecho, especialmente magistrados proclives a digerir el mensaje oficial -como en otras facultades-otorgado desde la cátedra.
Para algunos, la llegada de Slokar a Justicia (en reemplazo de Mariano Ciafardini) es para espiar la gestión de Béliz y Norberto Quantín, hombres que nunca aparecieron en la primera línea del garantismo y por lo tanto son sospechados desde ese sector. Otros entienden que esa nominación responde a la voluntad oficialista de Béliz para satisfacer cualquier inquietud del matrimonio Kirchner, ya que en materia de apego a ciertos derechos, la más entusiasta de la pareja es la señora. ¿Será una garantía de continuidad en el ministerio? Difícil de saber la razón, más allá de la posible versación de Slokar, quien seguramente aprendió de Zaffaroni, buceador de presidios sórdidos para rescatar algunas almas. Si eso uno lo asemeja a Béliz, otro salvador espiritual no demasiado coherente, tal vez pueda conciliar el sentido político del aterrizaje de Slokar.
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