¿Otro "Caso del Senado"?
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Hoy los legisladores se refriegan las manos pensando en la necesidad de este gobierno, como aquella vez el de De la Rúa, con proyectos como Ley de Quiebras y «subversión económica», que tanto le exige el Fondo Monetario Internacional.
José Luis Manzano y sus adláteres Jorge Matzkin y Miguel Toma -impulsores junto con «Clarín» de esa insólita Ley de Quiebras-están velando las armas para el tratamiento en Diputados. Jesús Rodríguez, el ex ministro de Economía de la hiperinflación de Raúl Alfonsín, se las refriega y sopla para calentarlas, además, por presidir la «comisión legislativa de vigilancia de tarifas públicas». No es difícil suponer que desde allí saldría, por lo menos, financiamiento para todas las próximas campañas proselitistas. El senador Raúl Pichetto de Río Negro ve la oportunidad de que terminen los dramas de su provincia que pelea, con mucha chance, el título de ser la peor administrada del país merced al gobernador Pablo Verani que ni siquiera con un presidente radical, como fue De la Rúa, logró alguna nivelación y espera lograrla ahora con estas «necesidades de Congreso» que le toca enfrentar al gobierno Duhalde.
Se ríen de la ingenuidad de un Roberto Alemann de caminar tranquilamente por la City porteña, cuando se calcula que actualmente los únicos conocidos que pueden hacerlo son los artistas, Maradona y pocos más. Lo deAlemann no deja de ser curioso: lo acusan de «genocida» pero sólo entró como ministro al gobierno militar de 1976-1983 cuando ya había concluido la represión, el país se encaminaba a la democracia y debió soportar desde la cartera de Economía las locuras del general Leopoldo Galtieri, inclusive la toma de las Malvinas donde los argentinos se atemorizaron y lanzaron al país a una recesión -pequeña en aquellos años- que obligaba al ministro a hacer maravillas.
Un político avezado, salvo con una careta de Maradona tipo «Misión Imposible», no se arriesgaría por la calle en estos días, salvo Luis Zamora a quien activistas del mismo palo rodean y además porque hasta hace dos meses era un desconocido y lo seguiría siendo si las dos «asambleas legislativas» para proclamar presidentes no le hubieran dado cámara para su histrionismo.
Tiene razón la Iglesia católica -aunque se le advirtió desde el primer día del pomposo anuncio desde un convento- que los políticos hablan pero no están dispuestos a dejar de lado ninguna de sus ventajas en pos del país. La Iglesia quiere que luego de conversar firmen un acuerdo. No lo harán, más no sea por temor al infierno porque no tienen la más mínima intención de cumplirlo, de cesar en sus ventajas, de reducir alguno de los 30 empleados por legislador, de terminar de designar empleados públicos a costa del déficit del presupuesto, como ahora, de presionar el gasto público, cada vez que el Poder Ejecutivo quiere sancionar leyes.
En el Congreso, por ejemplo, se bajó la exorbitante cifra a 9.000 empleados. Suprimieron los contratos tradicionales para más designaciones pero los legisladores le encontraron la vuelta: ahora se contrata como «locación de obra» con una ventaja nueva, figuran en la nómina que paga el Ministerio de Economía y no el Parlamento por lo cual no los contabilizan en el gasto del Congreso. La desventaja del «contrato de locación de obra», con relación a los anteriores para sus «ñoquis», es que deben ser renovados cada 60 o 90 días porque no se puede sustentar que alguien contratado para pintar un despacho o lustrar sus muebles, cuando en realidad no haga nada de eso, tarde más de ese lapso. Por lo menos nuestros políticos son cuidadosos «de las formas» al extraerle fondos al Estado.
En estas perversidades, encareciendo el gasto público que paga de su bolsillo la gente, están prendidos todos los políticos, inclusive algunos más recatados que terminan cediendo porque -dicen- «si no los designo yo los otros aumentan los suyos». Es como que hay un acuerdo para designar empleados en el Congreso hasta 9.999 (30 por legislador) porque llegar a 10.000 es ya una «cifra de impacto y buchona» si trasciende, se aconsejan entre sí.
Detrás de esas dos penosas «asambleas legislativas» recientes donde, entre otras barbaridades principalmente discursivas, se festejó con algarabía la insensatez de «proclamar» que no íbamos a pagar lo que nos prestó el exterior como un triunfo -algo así como lograr el campeonato mundial de México en 1986- siguieron las maldades políticas.
Por caso se cree que el sindicalista Luis Barrionuevo sólo pudo ser electo por Catamarca por la mala gestión del actual gobernador radical Oscar Castillo que ni tampoco supo aprovechar los dos años que presidió el país su correligionario Fernando de la Rúa. Castillo se cuidaba de los Saadi en esa provincia y terminó encumbrando a Barrionuevo como un «padre de la patria», título rimbombante que se daban entre sí los senadores.
Hace recordar que Carlos Menem logró más aporte para su provincia, La Rioja, cuando era gobernador que cuando fue luego presidente donde radicó industrias más serias. Pero antes Menem le extrajo más que nadie al gobierno de Raúl Alfonsín porque éste lo alentaba en la interna peronista para desgastar a quien el presidente radical, suponía que iba a resultar el verdadero candidato opositor, Antonio Cafiero. Porque recuérdese, aunque hoy mirado en perspectiva resulte increíble, que también Alfonsín aspiraba a ser reelecto por otro período, tras 6 años modificando la Constitución y no terminó ni siquiera uno de tan mal que administró.
Barrionuevo introdujo ahora en el Senado, donde alguna vez hubo políticos de la envergadura de Lisandro de la Torre o Alfredo Palacios, los métodos más perversos y tradicionales del gremialismo criollo. Por caso siempre hay un «sector sindical más rebelde» (hoy Moyano, MTA) y otro «dialoguista» (Armando Cavalieri, Rodolfo Daer, Oscar Lescano, West Ocampo, los «gordos»). Años anteriores fueron la «CGT Azopardo» y la «CGT Brasil» o «La CGT» y las «62 organizaciones». Es un esquema acordado para operar siempre el mismo libreto: uno juega de «duro», otro de «blando» y dialoguista con los gobiernos.Así logran ventajas, con lo cual se enriquecen luego todos, «duros» y «blandos». La táctica la inauguró aquel astutoAugusto «Lobo»Vandor.
Barrionuevo -buen alumno- ataca a Duhalde diciendo que «puede arruinar el país como hizo con la provincia de BuenosAires», pero sus socios de la CGT, como Cavalieri o Rodolfo Daer, defienden abiertamente al actual presidente. Luego se repartirán, juntos desde ya, la ganancia (mantener los servicios que brindan en el PAMI, los aportes de refuerzo de la ANSSAL, las colonias de vacaciones escolares del Estado de las cuales son proveedores, el uso de sus funerarias en prestaciones a cargo del Estado, todo sin licitación, etc.). Pero, aparte del beneficio particular y dado que debe responder a sus pares gremiales, Barrionuevo introduce otro clásico artilugio sindical argentino: «si quieres obtener una de mínima asústalos con una de máxima».
La CGT lanzaba la propuesta: los delegados gremiales pasarán a tener derecho a revisar los planes futuros y la contabilidad de las empresas privadas.Alarma general. Se conversaba el tema y luego los sindicalistas transaban (casi con el mismo significado que los más jóvenes le dan hoy a esa palabra, de connotación sexual): no iba lo de la contabilidad vigilada pero «denme a cambio tanta plata para las Obras Sociales», su «caja».Y se la daban.Y se la repartían. Eso viene desde los gobiernos militares a quienes asustaban con que «somos el freno contra los bolches», por tanto concedeme tal o cual ventaja nueva.
Barrionuevo lleva hoy las tácticas al degradado Senado de la Nación y lanza: derogar la última y tibia reforma laboral y retrotraer el país a la «ultraactividad» de los contratos de los años '70 (si no hay acuerdo de ambas partes sigue el convenio anterior). Gran alarma y luego, como siempre, se pasa a la propuesta «de mínima», la que realmente querían: 500 millones de pesos «frescos» para Obras Sociales donde se enriquecen los gremialistas y que les cambien anteriores títulos por otros más rentables.
¿Que el país está en default, en crisis gravísima? No importa a políticos y sindicalistas. Primero sus intereses, aunque con ingenuidad la Iglesia pretenda cambiar estas cosas en laArgentina. Hoy lo vive Duhalde que ayer negociaba directamente.
Los radicales populistas, a su vez, aprenden de los sindicalistas y suman a sus picardías propias. Moreau, Storani,Alfonsín (uso particular de organismos públicos comoANSeS y PAMI), Jesús Rodríguez («Planes trabajar» para su sector político universitario Franja Morada y ahora aspira a vigilar empresas privatizadas en su rubro clave, tarifas). No quieren que Eduardo Duhalde ande bien con los gobernadores justicialistas provinciales así sigue dependiendo de ellos, impulsores de su ascensión a la Presidencia. No lo atacan, se silencian. Usan la picardía sindical también en otro aspecto: lanzan una línea de presuntos disidentes internos que se expresa así «no todo el radicalismo es Moreau y Storani», o sea tratan de imitar los «duros» y «blandos» del gremialismo para sacar ventajas. La estrategia es: si no quieren que venga alguien peor que Moreau... denle todo a Moreau y Storani, no les toquen sus punteros y designados en PAMI yANSeS, etc.
El ministro Jorge Remes Lenicov se alborota cuando ve estas demagogias en el Congreso mientras él trata de racionalizar la Economía. Eduardo Duhalde se cansa de calmarlo apoyándose en su propia experiencia populista. Calcula que el Congreso puede sancionarle demagogias, como él también alentó pero tiene el poder del veto, como hizo con 6 «variantes propias» e incrementadoras del gasto público que incluyó el Parlamento en la última sanción del Presupuesto nacional. Confía Duhalde en que con 62 legisladores propios -partícipes del oneroso reparto de fondos y prequiebra que hizo en la provincia de Buenos Aires como gobernador- puede impedir los dos tercios en el Congreso para que los políticos no puedan imponerse sobre sus vetos como presidente.
Esta táctica de Duhalde es posible pero no le sirve, si no entra en más costosas «transas» o «canjes», para sancionar las leyes que propone para quedar bien con el Fondo Monetario y recibir la ayuda externa sin la cual no tiene futuro su gobierno.
Por esto y por el accionar tenebroso y desinhibido de los políticos argentinos, como si nada hubiera ocurrido en el país, es que vive tan alarmado el Fondo Monetario y tanto retacea su ayuda. Si en un país católico la Iglesia es impotente para frenar con un acuerdo la demagogia de estos políticos ¿qué puede acordar y firmar el Fondo Monetario que tenga ciertas posibilidades de que la eventual ayuda que brinde no termine en más populismo y déficit? No confían y no confiarán jamás en Duhalde porque su pasado pesa. Sospechan que aun si desde aquí aseguraran todo y fueran por ello, dando alguna ayuda en cuentagotas mientras vigilan el uso, Duhalde puede terminar en una demagogia populista en vísperas de terminar su mandato en 2003, como hizo al final de su gestión de gobernador bonaerense a partir de 1997 para tratar de ganar a fuerza de déficit puro en populismo las elecciones presidenciales de 1999. No lo logró pero encaminó al país al default.
Si Duhalde no será creíble y si no cambia la perversidad política en el país, algo extremadamente difícil porque se inmolarían con ello, al decidirlo, los mismos que hoy tanto se benefician y se sienten ajenos al desquicio que provocaron, laArgentina sigue siendo inviable.
No hay plan que sirva si la Iglesia no logra un renunciamiento de los políticos y sindicalistas más su conformismo personal con lo que ya lograron apropiarse como riqueza. Se va a perder tiempo hasta 2003 o antes -con un desangre continuo de las condiciones de vida de los ciudadanos- y se lo seguirá perdiendo aun si asume otro presidente más creíble, interna y externamente, con un Congreso tan mediocre como el actual que en el mejor de los casos se renovará por mitades, dentro del mismo sistema perverso en su ejecución y mientras persistan prácticas políticas repudiables.


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