3 de abril 2008 - 00:00

Otro conflicto que replegó los actos

Es notable. La Presidente, que dijo que un objeto central de su frustrado viaje a Londresera hacerle un reclamo por las islas Malvinas al gobierno británico, tuvo que esconderse para poder conmemorar aquí el 2 de abril.

Debido a la misma crisis del campo que la obligó a cancelar la visita a Gran Bretaña, el escenario del acto oficial por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas debió ser trasladado del Regimiento de Granaderos en Palermo a la base aérea de El Palomar, lejos del alcance de eventuales cacerolazos.

No es la primera vez que la conflictividad social obliga a un Kirchner a replegarse de un acto por Malvinas. En abril de 2007, en la ceremonia que ese año tuvo lugar en Ushuaia, el ex presidente Néstor Kirchner desertó el atril desde el cual iba a interpelar a los ingleses, porque la solidaridad del gremio docente fueguino con los maestros de Santa Cruz en conflicto amagaba ya con traducirse en silbatinas o en algún otro gesto de repudio.

Por lo tanto, el argumento de que se iba a Londres para hablar de Malvinas parece más bien una cortina de humo, al igual que la excusa humanitaria -el «rescate» de una rehén de la guerrilla colombiana-con el cual se maquillan los verdaderos motivos del viaje a Francia -el tren bala y otros negocios-.

Es que al gobierno le estallan las contradicciones del doble discurso. Quería ir a Londres, metrópoli cuya «vergüenza del enclave colonial» denuncia desde aquí, para subrayar mediáticamente un alineamiento internacional de centroizquierda. La mala suerte quiso, además, que quien iba a ser su anfitrión, el premier británico, Gordon Brown, haya impulsado justo en estos días la iniciativa de obligar a los estudiantes británicos a jurar lealtad a la reina para obtener sus diplomas.

En el plano internacional, el gobierno queda entonces alineado, por un lado, con un apologista de la corona inglesa, como Brown, y, por el otro, con el principal amigo europeo que tiene hoy George W. Bush, el presidente francés, Nicolas Sarkozy.

En el plano local, entre tanto, para llenar la plaza, tuvo que recurrir al jefe de la CGT, Hugo Moyano, quien acaba de ser señalado por un ex dirigente socialista marplatense, Carlos Petroni, por su presunta amistad con precursores de la Triple A. Cabe suponer que los Kirchner no han medido bien los riesgos de que alguien tomase tan al pie de la letra sus planteos justicieros retroactivos.

  • Reclamo

    Insisten los Kirchner, además, en lo « inclaudicable» de su reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas -reclamo que es nacional-y la presencia constante del estigma de la fragmentación en sus discursos. En línea con el estilo que instauró su esposo, no hay escenario que Cristina de Kirchner no use para dividir, y el de El Palomar no fue excepción. En vez de mostrar una Argentina unida en torno a un reclamo común, reiteró el ataque a los militares y la crítica a los gobiernos democráticos que la precedieron. Más que «vergüenza del enclave», lo que muestra la Presidente, de cara al mundo, es una actitud vergonzante respecto del país y su historia.

    El gobierno, en vez de aprovechar este nuevo aniversario de Malvinas, fecha que expresa un sentir común a todos los argentinos, para convocar a la unidad y a la superación del conflicto que vive el país desde hace 22 días, optó por reunir, un día antes, en Plaza de Mayo, a una parcialidad con el solo fin de defender intereses de círculo. Por eso ayer, mientras la gente del campo homenajeó a los combatientes de Malvinas en una genuina asamblea pública y masiva, la conmemoración oficial tuvo lugar casi en la clandestinidad.
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