Roberto Quiñones, hijo de la médica Hilda Molina que tiene prohibida la salida de Cuba, retomó ayer los contactos con la Cancillería argentina después de una semana de incomunicación. El canciller Rafael Bielsa lo recibirá entre hoy y mañana, según lo acordado ayer. La familia cubano-argentina tomó con decepción la frustración del reencuentro en la pasada Navidad y aspira a un desenlace cercano, para lo que no excluye apelar a la intermediación de otros gobiernos y a medidas extremas, como la huelga de hambre en Cuba y la Argentina.
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Sin embargo, la premura de la familia contrasta con la cautela que se impuso el gobierno argentino, que quiere evitar las promesas nunca concretadas del pasado reciente. Después del recrudecimiento de la crisis, que derivó en el asilo por 24 horas de Molina y su madre de 86 años en la embajada argentina en La Habana, y el despido del embajador en esa plaza, Raúl Taleb, y del jefe de asesores de Bielsa, Eduardo Valdés, Néstor Kirchner ordenó un estricto silencio sobre el tema.
Desmentida la hipótesis del encuentro alternativo en España, por otra parte nunca reconocida oficialmente por el gobierno, la Cancillería apunta a lograr el propósito inicial de que Molina pueda venir a visitar a Quiñones a la Argentina, aunque el plazo no parece cercano. Quiñones, que abandonó Cuba en 1994, teme ser apresado si regresa a la isla, aun con garantías del gobierno argentino, alternativa ofrecida por la dictadura cubana ante el «pedido humanitario» de Kirchner.
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