El dato pasó casi inadvertido y el gobierno, quizá creyendo que son aliados permanentes, hasta aplaudió en silencio el nacimiento. Pero el armado, paralelo a las dos CGT -o como una combinación de ambas-de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) aparece como una amenaza velada para Néstor Kirchner. Por un hecho muy simple: salvo La Fraternidad, agrupa a todos los gremios vinculados al transporte, colectivos, camiones, trenes, subtes y hasta la actividad aérea, lo que le otorga un inédito «poder de fuego». Una resolución podría literalmente paralizar el país y dejarlo incomunicado. A pesar de eso, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, le dio el guiño y prometió devolverle la personería a la CATT, sigla que está dormida desde 1976. Confían en la Casa Rosada que Juan Manuel Palacios, quien quedó al frente de ese grupo, mantendrá su fidelidad a Kirchner porque éste lo recibe periódicamente junto con Hugo Moyano (foto). O supondrá el gobierno que las presencias del taxista Viviani, el propio Moyano, la aeromoza Alicia Castro o el portuario Juan Carlos Smith le otorgan inmunidad y que la CATT no tomará ninguna medida que dañe a Kirchner. Pero en privado comenzaron los debates para oficializar un reclamo de aumento salarial que, necesariamente, repercutirá en el gobierno.
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