2 de agosto 2006 - 00:00

¿Pájaro que comió, voló? Kirchner aleja a Chávez

Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Juan D. Perón
Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Juan D. Perón
Chávez ya le transmitió el mensaje a Néstor Kirchner. Quiere festejar el 17 de octubre en Buenos Aires, concelebrando una gran movilización. Pero la respuesta, que le llegó a través de más de un canal al presidente bolivariano, no fue todo lo cálida que podría esperarse.

Primer indicio, no el único, de que la relación con Caracas puede enfriarse un poco, al punto de que el santacruceño desee no ver a su socio por el país al menos por este año.

Las interpretaciones para este sutil distanciamiento son diversas. Hay quienes enfatizan el factor emocional, que en los Kirchner suele ser dominante. No le causó buena impresión al Presidente que Chávez incurriera en algunos excesos de confianza, conduciéndose en la última cumbre del Mercosur como si fuera el anfitrión. «Cada uno de los invitados se fue a su casa y él se quedó para ir con Fidel a lo del Che y armar su propio show y eso no cayó bien», relató ayer alguien que no tiene una antipatía especial por el venezolano pero que conoce las fluctuaciones del ánimo santacruceño.

Como suele ocurrir con Kirchner, sus berrinches siempre son tácticos. «Pingüino» en campaña y cada vez más atento a la política doméstica de los países de la región, no puede ignorar que Chávez se insinúa como «piantavotos». Lo padecieron el peruano Ollanta Humala, el mexicano Andrés Manuel López Obrador y se cuida en salud Lula da Silva, quien tomó todos los recaudos antes de reunirse con su vecino en Córdoba, como ya había hecho dos semanas antes en Caracas. Cuantas menos fotos, mejor. Kirchner pareció plegarse al diagnóstico. En el momento en que Chávez, ampuloso y paternalista, decretó que «Lula va a ganar en Brasil», las cámaras de TV detectaron al santacruceño agarrándose la cabeza, sincero e imprudente. Pensaba en sí mismo, sin duda.

La aceptable distancia que la Casa Rosada quiere poner con el «emirato bolivariano» tuvo ya algunas expresiones. Julio De Vido le insinuó a Chávez que el Presidente vería mejor un poco más de circunspección en sus movimientos cuando visita el país. El ministro teme, por múltiples razones, el daño que puede hacerle a él mismo tanta proximidad.

Hasta se habría ilusionado con una absolución de Tom Shannon pero ahora el subsecretario de Estado no quiere visitar la Argentina para la reunión local del «Council of the Americas».

Alicia Castro, quien está más alineada con el gobierno argentino de lo que el propio Kirchner calculaba cuando la destacó en Venezuela como embajadora, también emitió algunos consejos de moderación. De todos modos, Chávez sigue queriendo festejar en Buenos Aires el «Día de la Lealtad».

  • Poco claro

    Habría que indagar si esta «peronfilia» del militar Chávez no es otra razón para que Kirchner moderara su efusividad. No está todavía claro dentro del corazón del poder si la exhibición de símbolos y usos peronistas tiene un rendimiento electoral automático. Más bien se sospecha lo contrario. Dos días después de que se realizó «la Plaza» del 25 de mayo último, la propia Cristina Kirchner le hizo notar a su esposo que, de adoptarse ese tipo de liturgia como unidad de medida de la política, su grupo quedaría rodeado de figuras incómodas, arriesgándose al castigo de la clase media no peronista, cuya simpatía ha sido el mayor activo de los dos primeros años de gestión del actual gobierno. ¿Qué efectos puede tener otra «plaza», a un año de las elecciones y con Chávez como socio o beneficiario? Es lógico que en Olivos haya dudas.

    Por otro lado, es posible que a los Kirchner les resulte invasiva la autoinvitación del bolivariano, dispuesto a apropiarse de los símbolos del peronismo. Sobre todo porque el presidente de Venezuela parece tener con el pasado de ese movimiento y con la figura de su fundador una relación menos problemática que la que manifiestan el santacruceño y su señora. Lo descubrió temprano Condoleezza Rice, cuando en noviembre pasado sentenció que América latina avanzará si se aleja del modelo de Juan Perón. No estaba dándole un consejo a Kirchner sino a Chávez, quien en la anticumbre de las Américas que se celebró en Mar del Plata gritó «Viva Perón» y propuso sustituir el ALCA por un ALPA (Alternativa Peronista para las Américas).

    La admiración de Chávez por Perón está determinada por infinidad de razones bastante evidentes y no se limita al placer de andar en Cadillac por Olivos con De Vido como «navegador». Su empatía es más lejana y se hunde en las lecciones que le proporcionó el sociólogo argentino Norberto Ceresole, exhumado del subsuelo ideológico latinoamericanopor los arqueólogos Enrique-Zuleta Alvarez y Jorge Asís. Pero es muy improbable que la discordia entre Kirchner y su colega caribeño esté influida por estos ingredientes literarios.

    En cambio se puede apelar al refranero más sencillo, como hacían ayer algunos de los simpatizantes del Presidente a los que se indagó sobre este cambio de humor: «Pájaro que comió, voló», dijo uno de ellos.

  • Mercado amigable

    Se refería a que el mercado de capitales le resultó a Kirchner más amigable de lo que suponía en la colocación del último bono. Y, sobre todo, a la posibilidad de que Chávez no quiera seguir adquiriendo deuda argentina, aún cuando digan que los bancos amigos del bolivariano hayan hecho un gran negocio con esas operaciones, sobre todo por servirse del tipo de cambio oficial que rige en Venezuela.

    No es lo que opinan todos los que rodean a Kirchner. Allí hay voces más prudentes. Con la crisis energética golpeando a las puertas de Olivos, el santacruceño podrá pedirle a Chávez moderación y decoro. Pero difícilmente pueda desairarlo, aunque eso signifique perder algunos votos.
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