¿Pájaro que comió, voló? Kirchner aleja a Chávez
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Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Juan D. Perón
Alicia Castro, quien está más alineada con el gobierno argentino de lo que el propio Kirchner calculaba cuando la destacó en Venezuela como embajadora, también emitió algunos consejos de moderación. De todos modos, Chávez sigue queriendo festejar en Buenos Aires el «Día de la Lealtad».
Habría que indagar si esta «peronfilia» del militar Chávez no es otra razón para que Kirchner moderara su efusividad. No está todavía claro dentro del corazón del poder si la exhibición de símbolos y usos peronistas tiene un rendimiento electoral automático. Más bien se sospecha lo contrario. Dos días después de que se realizó «la Plaza» del 25 de mayo último, la propia Cristina Kirchner le hizo notar a su esposo que, de adoptarse ese tipo de liturgia como unidad de medida de la política, su grupo quedaría rodeado de figuras incómodas, arriesgándose al castigo de la clase media no peronista, cuya simpatía ha sido el mayor activo de los dos primeros años de gestión del actual gobierno. ¿Qué efectos puede tener otra «plaza», a un año de las elecciones y con Chávez como socio o beneficiario? Es lógico que en Olivos haya dudas.
Por otro lado, es posible que a los Kirchner les resulte invasiva la autoinvitación del bolivariano, dispuesto a apropiarse de los símbolos del peronismo. Sobre todo porque el presidente de Venezuela parece tener con el pasado de ese movimiento y con la figura de su fundador una relación menos problemática que la que manifiestan el santacruceño y su señora. Lo descubrió temprano Condoleezza Rice, cuando en noviembre pasado sentenció que América latina avanzará si se aleja del modelo de Juan Perón. No estaba dándole un consejo a Kirchner sino a Chávez, quien en la anticumbre de las Américas que se celebró en Mar del Plata gritó «Viva Perón» y propuso sustituir el ALCA por un ALPA (Alternativa Peronista para las Américas).
La admiración de Chávez por Perón está determinada por infinidad de razones bastante evidentes y no se limita al placer de andar en Cadillac por Olivos con De Vido como «navegador». Su empatía es más lejana y se hunde en las lecciones que le proporcionó el sociólogo argentino Norberto Ceresole, exhumado del subsuelo ideológico latinoamericanopor los arqueólogos Enrique-Zuleta Alvarez y Jorge Asís. Pero es muy improbable que la discordia entre Kirchner y su colega caribeño esté influida por estos ingredientes literarios.
En cambio se puede apelar al refranero más sencillo, como hacían ayer algunos de los simpatizantes del Presidente a los que se indagó sobre este cambio de humor: «Pájaro que comió, voló», dijo uno de ellos.
Se refería a que el mercado de capitales le resultó a Kirchner más amigable de lo que suponía en la colocación del último bono. Y, sobre todo, a la posibilidad de que Chávez no quiera seguir adquiriendo deuda argentina, aún cuando digan que los bancos amigos del bolivariano hayan hecho un gran negocio con esas operaciones, sobre todo por servirse del tipo de cambio oficial que rige en Venezuela.
No es lo que opinan todos los que rodean a Kirchner. Allí hay voces más prudentes. Con la crisis energética golpeando a las puertas de Olivos, el santacruceño podrá pedirle a Chávez moderación y decoro. Pero difícilmente pueda desairarlo, aunque eso signifique perder algunos votos.




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