Parlamentan hoy Kirchner y Scioli

Política

Scioli pondrá a prueba esta tarde su ánimode pelea con los demonios y símbolos del gobierno del cual es vicepresidente. A las 15.30 recibirá en el Senado a Hugo Chávez, a quien le ha preparado -a pedido de Néstor Kirchner-una «diana express», es decir, un recibimiento de pompas mínimas que tenga la menor repercusión sobre el público de la Capital Federal que vota el domingo.

A las 18.30 tiene además concedida una audiencia a un grupo de organizaciones defensoras de los derechos humanos que le reclamarán un cronograma para el tratamiento de los proyectos que hay en esa cámara para revisar las leyes de punto final.

En los dos compromisos tendrá la lupa puesta sobre el gesto o la palabra mínima, en particular por quienes intentan en estas horas usar la puja verbal del vicepresidente con algunos funcionarios del gobierno para llevar votos a uno u otro lado.

Hay quienes creen que esa pelea sobre leyes de punto final y aumento de tarifas fue alentada desde el gobierno para instalar en el último tramo de la campaña el debate sobre el «modelo» y usar las diferencias entre Kirchner y Scioli -que nadie ignora pero que no estaban en la superficie como una metáfora de la puja voto a voto entre Aníbal Ibarra y Mauricio Macri.

Alimentaron esa hipótesis la andanada de críticas contra el vicepresidente que apilaron los ibarristas
Alicia Castro, Miguel Bonasso y Ricardo Falú, y la defensa que amagaron de Scioli desde la otra vereda los candidatos porteños de la UCeDé.

• Reproches

Esa hojarasca no ha permitido que afloren las verdaderas razones de la polémica, que también desnudan reproches que Scioli tiene para hacerle a su gobierno. Primero, sobre el interés del gobierno en la nulidad de las leyes dice haberse enterado por los diarios. El vicepresidente cree que hay funcionarios del gobierno que no lo conocen bien ni a él ni a sus atribuciones. Es cabeza del Senado y si el gobierno está interesado en el voto de alguna ley debería interesarlo directamente a él y antes que a los legisladores con quienes la Casa de Gobierno insiste en mantener una relación «especial».

¿Acaso no le conviene
--cavila Scioli en el Abasto-al gobierno pedirme a mí que me comprometa con los proyectos, con la capacidad para promover proyectos, con el mismo ánimo con que salí a «vender» la fórmula presidencial durante la campaña?

Además, si me avisan, puedo ser una ayuda para avisarle de las dificultades que pueden tener esos proyectos como las nulidades que, dice Scioli, son muy resistidos entre otros.

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