29 de octubre 2003 - 00:00

Pelea femenina en Senado, y sigue virgen una banca

Cuestiones femeninas, casi en exclusividad, impiden en apariencia el juramento de María Laura Leguizamón como senadora, quien ayer rumiaba su desazón por algunos salones del Congreso. Como se sabe, ella logró este año aprobación favorable de la Corte Suprema luego del litigio de 2001 por la banca porteña con la cantante Susana Rinaldi (ambas herederas suplentes de la porfía electoral Béliz-Bravo, uno en el gobierno, el otro muerto), pero ciertas imposiciones dominantes del oficialismo en la Cámara alta le han bloqueado el acceso. A pesar, inclusive, de que al PJ le conviene acrecentar su número, ya que si bien dispone de mayoría carece de 9 o 10 bancas para alcanzar los dos tercios (en términos ideales de concurrencia). Esto ocurre, además, contra la voluntad del propio bloque, el que hace 15 días aprobó -no por unanimidad, ya que la obediencia debida de Jorge Yoma al gobierno le impidió acompañar al resto- apresurar el ingreso de la nonata legisladora.

Cuestiones femeninas, intereses de género, hasta el momento impiden el acceso. Aunque se argumenten objeciones políticas o legales. La mayor traba fue ejercida por Cristina Fernández de Kirchner, hoy reguladora de la actividad en el Senado al extremo que algunos críticos la observan como «comisario político». Lenguaraces legislativos, sin duda. Al principio, en Asuntos Constitucionales -comisión que controla la esposa del presidente Kirchner-se demoró el tratamiento con un excusa: las elecciones a jefe de Gobierno en Capital Federal. Se arguyó entonces que consagrar a la Leguizamón, de inicial origen duhaldista, era una forma de enturbiar los comicios. Como es obvio, hace rato que ganó Aníbal Ibarra y la vacante sigue virgen.

• Objeción

Se sabe de una nueva objeción de la Casa Rosada para explicar la tardanza: conviene esperar la liquidación del caso Moliné O'Connor antes de incorporar a la Leguizamón, como si el magistrado hubiera tenido participación en el fallo de la Corte Suprema sobre la senadora (ese dictamen se realizó con conjueces). Poco sustancial el justificativo, sobre todo cuando nadie ignora -al menos del universo masculino del Senado-que la Kirchner parece avalar pretensiones de colegas de centroizquierda como Vilma Ibarra y Diana Conti (aunque esta última sorprendió a muchos cuando no votó contra el sindicalista Luis Barrionuevo). Falta otra dama en ese arco adverso a la Leguizamón: Elisa Carrió, a quien le atribuyen -como a la mujer del mandatario-el impulso de una nueva elección para el cargo en lugar de aceptar lo que dijeron las urnas y bendijo la Corte.

La senadora que no puede jurar buscaba ayer adhesiones partidarias para acelerar su trámite en el Senado -no vaya a ser que cumpla los 6 años de mandato sin haber ocupado nunca la banca-y, en apariencia, obtuvo disposición favorable y ejecutivo en la senadora rubia Mabel Müller, gran amiga y consecuente de otra rubia, Hilda Chiche Duhalde (más, inclusive, que de su referente Eduardo Duhalde, quien la hizo votar contra sus convicciones a favor de Eugenio Zaffaroni). está

• Alivio

Trajinaba la Müller por los despachos para modificar la contumacia de la Kirchner en Asuntos Constitucionales, pétrea comisión tan inabordable como la banca de la Leguizamón. Para ésta, sin embargo, resultaba un alivio esta gestión femenina; también ella debe haber escuchado, como comentan los hombres en los pasillos, que la propia esposa de Duhalde (y por derivación la Müller) no estaba de acuerdo con su incorporación -sin conocerse las razones-a pesar de que había dado el visto bueno.

Como se supone que las mujeres en política son más francas que sus colegas masculinos, la Leguizamón suspiraba anoche convencida de que no todas las damas del Senado se le oponen y que su larga marcha al Senado se despejaba. Aun así, no entendía la razón por la cual el bloque justicialista no difundía el comunicado que firmaron los senadores a su favor.

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