4 de mayo 2004 - 00:00

Peronismo pone condiciones a Kirchner

Foto de familia ayer en el museoquinta de Juan Perón en la localidad de San Vicente y sin Néstor Kirchner. En el vagóntribuna que usó el general se mostraron Daniel Scioli, Eduardo Duhalde, José Manuel de la Sota, Jorge Obeid, Eduardo Camaño, José María Díaz Bancalari, la intendenta local Brígida Malacrida y su esposo, el senador Antonio Arcuri.
Foto de familia ayer en el museoquinta de Juan Perón en la localidad de San Vicente y sin Néstor Kirchner. En el vagóntribuna que usó el general se mostraron Daniel Scioli, Eduardo Duhalde, José Manuel de la Sota, Jorge Obeid, Eduardo Camaño, José María Díaz Bancalari, la intendenta local Brígida Malacrida y su esposo, el senador Antonio Arcuri.
Como simbolismo, bastaba la foto en el tren que Juan Perón usó en sus campañas. Pero Eduardo Duhalde fue por más: juntó a José Manuel de la Sota, Jorge Obeid, Daniel Scioli y Eduardo Camaño para advertirle a Néstor Kirchner que no hay grises: está con el peronismo o contra el peronismo.

Ocurrió ayer en San Vicente, en la quinta que a fines de los años '40 compartieron Perón y Eva, donde en algunas semanas se iniciará la construcción de un mausoleo para albergar los restos del matrimonio que gestó y dio entidad al peronismo. Otra señal, en un día cargado de señales.

Sin aliados de Olivos cerca -salvo José María Díaz Bancalari que logra, por ahora, surfear sobre la crisis interna-, Duhalde, los gobernadores y los caciques del Congreso bosquejaron, sin darle un formato oficial, una agenda de demandas para plantearle a Kirchner.

En rigor, el ex presidente se limitó a escuchar las quejas que, por turnos, desplegaron Obeid y De la Sota. Pero, a diferencia de encuentros anteriores, en ningún momento Duhalde ensayó respuestas a favor de Kirchner. Para quienes lo conocen es una conducta sintomática; un cambio de actitud.

El capítulo más ácido se registró al mediodía, asado de por medio, durante un almuerzo que invitó Duhalde en una quinta cercana a la que habitaron Perón y Evita. De allí, inorgánico pero preciso, surgió un reclamo dual.

• Que se replantee la coparticipación federal -tema que Duhalde intenta ponerse al hombro en nombre de Buenos Aires-, para modificar el reparto de 60% para Nación y 40% para las provincias que propuso Kirchner y fue vetado por los gobernadores. Quieren las provincias una mayor porción y quitarle a Olivos el manejo del Fondo de Equidad Social de $ 2.700 millones, además de un informe sobre los $ 5.700 millones excedentes del plan Jefes gastados en 2003 y cuyo destino juraron desconocer. Respecto de la coparticipación, se sorprendieron porque tras el primer intento fallido, no hubo contraoferta oficial. Se aportó un dato para explicar eso: el gobierno querría un canje con el FMI: en vez de la ley de coparticipación, sancionar una ley de déficit cero.

• Que Kirchner convoque a los mandatarios del PJ para discutir sobre el diseño de un plan económico que, se entiende, consideran que no existe. Esconde eso la demanda por ser convocados y atendidos por el Presidente que, en cambio, se quejaron, «recibe y se saca fotos con antiperonistas», en referencia a los transversales
Luis Juez, Hermes Binner y Aníbal Ibarra. «Que las leyes se las voten ellos», patalearon los gobernadores.

Justamente, el festival de sonrisas con que el Presidente halagó el jueves pasado a
Ibarra, Juez y Binner coronó la ráfaga de hechos que, eslabonados, enfurecieron a los peronistas, hartos del coqueteo de Kirchner con dirigentes ajenos al PJ.

Y la cumbre de ayer -oportuna o no- fue una respuesta.

«Se junta con éstos (por los transversales) pero a nosotros ni nos recibe»
, se quejaron De la Sota y Obeid, ante Scioli que miraba en silencio y un Duhalde inmutable que luego invitó a todos al museo de Perón donde contó, para arrimar una buena noticia, que Francisco de Narváez «prestará» $ 2 millones para construir el mausoleo.

Para entonces, la mesa se había ampliado. Al núcleo central, se sumaron
Antonio Cafiero, Hugo Curto, Manuel Quindimil, Antonio Arcuri y su esposa Brígida, Jorge Sarghini -ahora al frente del BAPRO- y, entre otros, el intendente de Lomas de Zamora, Jorge Rossi.

Estos tuvieron que conformarse con el mini lunch servido en la confitería de la quinta-museo, el escenario, también emblemático, que eligió el peronismo para lanzar su advertencia al patagónico.

Y como provocación no había postal más explícita para incomodar a Kirchner: todos los citados, salvo Díaz Bancalari registran topetazos lejanos o recientes con el patagónico.

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