Peronismo, sectario hasta con Perón
Quienes más propiciaron el traslado de Juan Perón -lo de Evita todavía no se pudo lograr judicialmente- a la mítica quinta de San Vicente no serán hoy protagonistas de ese hecho. Ni siquiera se sabía si Eduardo Duhalde, factótum de ese proyecto (encomendado en su momento a su íntimo matrimonio Arcuri, que gobierna el distrito y solventado en parte por aportes de su aliado grupo El General), asistirá a la CGT, primera y única parada del féretro desde su partida de la Chacarita. Pero a San Vicente no podrá ir Duhalde, como tampoco irá Carlos Menem (fue 5 años preso por peronista) y difícilmente Adolfo Rodríguez Saá (estamos hablando sólo de ex presidentes con esa bandera partidaria). A escondidas quizás se mezclarán quienes se asociaron a la idea del museo pero desde el gobierno en su momento los trataron, despectivamente, como miembros del «grupo mausoleo». Pero sí estará quien no gustaba de la iniciativa, Néstor Kirchner, como «uno más» según prometió y sabiendo que no es «uno más», presencia tan catalizadora que impide -por instrucción, recomendación u olvido- otras presencias. Como en los viejos tiempos, como ha mostrado ser el peronismo sectario en su historia, inclusive con sus propios integrantes. Por suerte, ahora no hay violencia entre las partes, sí las enemistades intrínsecas. Tal es la rencilla interna que la CGT de los «gordos» y Hugo Moyano se quedaron con el trofeo del traslado y del homenaje, aunque por supuesto tampoco se pusieron de acuerdo entre ellos para llevar las 8 manijas del cajón. La pugna por apropiarse de Perón, en este caso del cadáver, también con los años ha perdido aquella furia latente que se vivió cuando el General volvió al país en los 70 y saludó a la muchedumbre desde la central obrera, en un desfile inolvidable por el gentío, y porque cada núcleo (Montoneros, gremialistas, etc.) pasaba frente a la tribuna en la calle Azopardo con las armas escondidas y dispuestos a matarse entre sí como ya lo habían hecho en Ezeiza. Ese solo día lo respetaron, hoy todavía no les alcanza la grandeza para volver a hacerlo.
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Tres escenas previas al traslado de los restos de Juan Perón
a San Vicente, acto que esta vez tampoco logró la unidad del
peronismo: ingresan el féretro nuevo en la cripta de la Chacarita,
un retrato evocativo en el nuevo santuario y la lápida que
cubrirá esos restos.
Anoche había incertidumbre sobre si Eduardo Duhalde, ideólogo y ejecutor del mausoleo, participaría de las pompas. Empujado del palco de San Vicente, lo esperan en la CGT.
El ex gobernador quiso mudar a Perón en octubre de 2005, como cierre de campaña de la elección que enfrentó a su esposa Chiche y Cristina Kirchner. La traba llegó desde España: María Estela Martínez de Perón, «Isabelita», impidió el traslado.
El peronismo disidente podrá, como premio consuelo, participar de la pompa en la CGT. Allí llegarán los anti-K, entre ellos Ramón Puerta, que a fin de octubre desafiará al gobierno en Misiones. También el PJ que acompaña a Roberto Lavagna.
En cambio, la mayoría de los gobernadores peronistas estarán presentes, al igual que la cúpula de la CGT, legisladores de todo origen y color, y el grueso del gabinete nacional.
El decálogo del buen peronista destaca el concepto de que Perón «es de todos», no tiene propiedad exclusiva o, a lo sumo, su «único heredero es el pueblo». Pero con el veto a los demás caciques del partido, Kirchner se adueñó de Perón y de un evento con el cual nunca simpatizó.
Es más: a pesar de su origen PJ, el patagónico no acostumbra hacer referencias a Perón ni a Evita y hasta se permitió en más de un acto no cantar la «marchita peronista».
Gerónimo Venegas, jefe de las 62 Organizaciones, confirmó ayer que oficialmente no está programado que Kirchner -que irá acompañado por su esposa, Cristina- hable durante el acto. Pero eso podría cambiar: si la concurrencia es multitudinaria y festiva, el Presidente podría pronunciar algunas palabras.
Por lo pronto, la intendentade San Vicente, Brígida Malacrida, dará la bienvenida; el jefe de la CGT, Hugo Moyano, hará un discurso, y Venegas cerrará el acto. Más tarde, cuando coloquen el féretro en la cripta, Antonio Cafiero hará la despedida.
Tampoco Felipe Solá fue incluido en una lista que se acortó casi hasta desaparecer. Fue la pretensión de Kirchner: impedir que otros dirigentes del peronismo tengan un rol protagónico en la ceremonia de despedida de Perón que, además de histórica, se supone imponente.
El resto lo hizo la siempre vigente pulseada entre los barones del peronismo. La carrera por ser especie de José Antonio Rucci mortuorios desató un forcejeo para manotear las manijas del féretro y obligó a que, finalmente, los restos marchen sobre un carro.
Los pronósticos sobre la asistencia varían de un piso de 35 mil a las «más de 100 mil personas» que espera Venegas, computando a los militantes que se concentrarán en la CGT y los que acompañarán al General por Paseo Colón, y los que se reunirán en San Vicente.




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