Los senadores peronistas elegirán mediante votación secreta a sus 3 delegados a la Comisión Bicameral encargada de controlar qué hace Domingo Cavallo con los poderes especiales cedidos por el Congreso hasta marzo de 2001. La semana pasada se aprobó que de los 6 hombres de la Cámara alta -otro tanto tendrá mandato de Diputados-, la mayoría será justicialista y el resto se repartirá entre radicales (2) y partidos provinciales (1).
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Ayer, los integrantes del bloque PJ comenzaron a entregar a la conducción tríos de postulantes. El sufragio se hace por escrito, y bajo estricta reserva, para evitar discusiones internas. Anteanoche, José Luis Gioja y compañía intentaron consensuar los nombres. Pero se tiraron sobre la mesa más aspirantes de los que habían circulado en un principio y se desató una puja.
Con el tucumano José Carbonell, el pampeano Carlos Verna y el jujeño Alberto Tell en danza, no había conflictos y la terna parecía destinada a conseguir las sillas en disputa, sin mayores demoras. Sin embargo, hubo objeciones a uno de ellos. A Carbonell, que todavía no había llegado desde la provincia, se lo acusó de haber sido demasiado favorable a la votación de los poderes especiales y, en consecuencia, poco adecuado para «supervisar» el manejo cavallista de los decretos.
Jorge Yoma no se quedó atrás y pidió tomar parte de la medición de fuerzas. Fernando Cabana (Jujuy), sin perder su habitual cara de pocos amigos, aceptó la pretensión del riojano. «Tengamos presente que Jorge es presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales», subrayó (originalmente, esa dependencia iba a ser integrada por los jefes de Asuntos Constitucionales y Presupuesto y Hacienda de ambas cámaras). Por lo bajo, otro de los presentes recordó que Yoma había sido excluido del Consejo de la Magistratura, tras una votación como la que se hace ahora. Por esa razón, sonó a broma de mal gusto a oídos del riojano que se adoptara el mismo mecanismo para resolver el diferendo.
«No vaya a ser que deleguemos en Cavallo el armado de la Bicameral y la transformemos en Comisión de convalidación», chicaneó el representante de La Rioja, algo distanciado del grueso de la bancada. También Ricardo Branda (Formosa) y Gerardo Palacios (Tierra del Fuego) surgieron como eventuales postulantes. Palacios, que aceleró la designación de la Bicameral, quedó prácticamente descartado, ya que su comprovinciano del Movimiento Popular Fueguino, Ruggero Preto, podría llegar al organismo de control, a instancias de los partidos provinciales. El formoseño no aflojó aspiraciones.
Tercer hombre
A pesar de que el sufragio está en marcha, ya trascendió que Verna y Tell podrían asegurarse los cargos, junto al mismo Gioja, que apareció en los informales boca de urna de anoche como el tercer hombre. Frente al panorama adverso, Carbonell propuso ayer un camino diferente para seguir la labor del Ejecutivo, ya que se trata de una auditoría de alcance restringido a un año y, casi, escenográfico.
Según su punto de vista, convendría desempolvar la Bicameral de decretos de necesidad y urgencia, frenada por diferencias entre oficialistas -que se resisten a formarla para no coartar el margen del gobierno-y opositores. Desde Asuntos Constitucionales, Yoma prometió volver a la carga con el tema que fue su caballito de batalla antes y después de las elecciones presidenciales del '99.
En Diputados, donde la Alianza mantiene cierta superioridad en combinación con Acción por la República y algunos provinciales, no se avanzó demasiado con la excusa del fin de semana largo. Obviamente, el oficialismo no tiene apuro en que la oposición supervise la forma en que Fernando de la Rúa y Cavallo sacarán provecho de los poderes especiales que el Parlamento cedió al Ejecutivo hasta marzo de 2001. Es posible que se avecine una pelea con el Senado, ya que en la redacción de la Ley Reactivante se establece que la presidencia de la Bicameral será ejercida por el bloque opositor de mayor número de miembros. Esta frase deja abierta la posibilidad de que sea un diputado peronista (¿el santafesino Oscar Lamberto?) quien reclame el puesto. El texto no alude a la proporción, ya que en la populosa Cámara baja, por supuesto, hay casi 100 justicialistas contra algo más de 30 que son mayoría y arañan el quórum propio en la otra ala legislativa.
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