4 de septiembre 2006 - 00:00

PJ pide a Kirchner regresar a la vida

Marcelo López Arias, Juan Carlos Romero, Ramón Puerta y Juan Manuel Urtubey, a la hora de cantar la marcha peronista en Salta. Junto con Rubén Marín y Adolfo Rodríguez Saá quieren evitar la sangría de dirigentes por acuerdos de Kirchner con radicales.
Marcelo López Arias, Juan Carlos Romero, Ramón Puerta y Juan Manuel Urtubey, a la hora de cantar la marcha peronista en Salta. Junto con Rubén Marín y Adolfo Rodríguez Saá quieren evitar la sangría de dirigentes por acuerdos de Kirchner con radicales.
Si bien no asistieron, como estaba previsto en un primer momento, Adolfo Rodríguez Saá y Rubén Marín enviaron sus adhesiones al encuentro organizado por Juan Carlos Romero en Salta, el último sábado. Estuvo, en cambio, el misionero Ramón Puerta y una red de dirigentes intermedios (legisladores y concejales) de Chaco, Formosa, Corrientes, Córdoba y Santiago del Estero. Además, era obvio, toda la cúpula del PJ local, la «marca» con mayor gravitación de la provincia.

¿Cuál fue el sentido de ese encuentro para la peripecia política nacional? ¿Un guiño hacia Roberto Lavagna (Puerta está muy cercano al economista)? ¿Una señal de disidencia hacia Kirchner? ¿La creación de una línea interna dentro del peronismo?

  • Alcances y limitaciones

  • Recién cuando terminaron las deliberaciones quedó claro el objetivo fijado por Romero, un dirigente que una y otra vez ha ensayado, con relativo éxito, este tipo de articulaciones «federales» (la vez en que su empresa más prosperó fue con aquella «Liga de Gobernadores» que llevó a la Casa Rosada a Rodríguez Saá, en el derrumbe del gobierno de la Alianza). Las discusiones de quienes deliberaron en la residencia del gobernador (finca Las Costas) y las declaraciones de los principales dirigentes al concluir su reunión dejaron claros los alcances y también las limitaciones que reconoce esta nueva red tramada en Salta:

  • El de este fin de semana es el primer movimiento interno -tímido, es cierto- que se produce en el oficialismo desde la consolidación de Néstor Kirchner en el poder. Tiene su lógica que lo haya iniciado Romero, más allá de aquellos antecedentes del gobernador. Se trata de un mandatario que concluirá el año próximo una gestión exitosa y que no hará, algo raro, esfuerzo alguno por forzar una nueva reelección. Conservará, entonces, las espaldas cubiertas: cualquier ataque desde el poder central provocaría inestabilidades que, al fin y al cabo, restarían votos a Kirchner. Romero tiene un consenso muy amplio para convertirse en senador nacional por su provincia para encarar, desde allí, otro tramo de su biografía política.

  • El contexto en el cual este dirigente norteño se propuso articular a otros mandatarios y líderes de su partido es el de la «concertación» con el radicalismo. Esa operación alentada por Kirchner dejará, se presume, un tendal de heridos: los peronistas que deberán sacrificar sus pretensiones en el altar de combinaciones electorales con la UCR. Lo que pretenden Romero, Rodríguez Saá, Marín y el resto de los congregados en Salta es evitar una sangría hacia otras candidaturas y, en todo caso, contener en el PJ a los disconformes con la estrategia de Kirchner.

    También hacerle notar al Presidente que su acercamiento a la UCR podría encontrar limitaciones dentro del partido.

  • Además, los conjurados de Las Costas quieren hacerle notar a la Casa Rosada que están preocupados por otra posibilidad: que Kirchner instale candidatos afines a su gobierno por fuera del peronismo, bajo la denominación Frente para la Victoria. Es lo que podría suceder en Salta si, finalmente, Juan Manuel Urtubey decide concurrir a las urnas por fuera del peronismo, partido donde su figura no tiene el más mínimo atractivoen la provincia (uno de los «detalles» del encuentro, leído con lógica local, fue la presencia de Urtubey todas las veces que Romero lo convocó: a escala provincial resultó tan obediente como en el Congreso de la Nación).

  • La bandera de la regularización del PJ y el llamado a internas está más pensada para los manuales que para la cruda realidad. Con el actual padrón no hay interna posible dentro de esa fuerza. Por eso Romero fue cuidadoso en su consigna final: «No importa cuánto tiempo lleve lo que aquí se inicia. Importa concientizar a los compañeros de que así no puede seguir la situación del peronismo. Es natural que el Presidente presida una fuerza normalizada. Si no quiere hacerlo, sería bueno que lo diga y que esa manifestación no bloquee un proceso de normalización indispensable». ¿Se postulará el propio Romero para presidir el PJ? Con los concurrentes de Salta tal vez no alcance para despejar la incógnita: al final del encuentro quedó programada una segunda reunión con la presencia de santafesinos, entrerrianos y cordobeses. ¿Una nueva liga de gobernadores?

  • Tampoco habría que llegar tan lejos con la imaginación. Aunque las puntadas que se dieron en el Norte este fin de semana podrían cambiar de significado si se profundiza un proceso que algunos ven como inevitable: el de crecientes restricciones fiscales en las provincias. En tal caso, lo que se formó con la excusa de la normalización del Partido Justicialista podría dar lugar a un club de gobernadores como aquel que se reunía en el Consejo Federal de Inversiones en la segunda mitad de los 90, una liga que tuvo a Kirchner entre sus animadores más revoltosos.
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