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Eduardo Camaño
Además en la provincia Felipe Solá protege a dos ministros -Randazzo y Passaglia- a los que el duhaldismo quiere quitar las bancas en la Legislatura. «Diputados o ministros», los intiman. Pero el gobernador lo taquea usando el argumento de que el duhaldismo concede licencias en Nación pero no las acepta en provincia.
Con la jura de Landau y el retorno de Alvarez, el duhaldismo pasará de los 34 diputados nacionales que ostenta en la actualidad a 36. Todos, más allá de los chispazos entre Camaño y Díaz Bancalari, y algún ruido menor, se cuadran rigurosamente ante el mandato emanado desde Buenos Aires.
Al punto que, al menos por ahora, ni la secesión felipista, ni las aventuras kirchneristas lograron desguazar la bancada. Tres casos que lo certifican:
• Hay dos diputados por La Matanza, el ex MID Luis Cigogna -termina este año- y el sindicalista, Juan Carlos Sluga -que combate a Alfredo Atanasof en la Federación de empleados municipales- que responden a Alberto Balestrini, como se sabe, aliado de Felipe Solá. A pesar de algún sacudón interno, hasta ahora, Cigogna y Sluga levantan religiosamente la mano junto al bloque oficialista. El tercero de ese territorio, Aníbal Stella, es menos problemático: dos meses atrás, Duhalde lo abrazó como su referente para disputarle La Matanza a Balestrini.
• El platense Carlos Martínez, antiguo socio político de Julio Alak -el otro socio poderoso del felipismo- y precandidato a intendente para 2007, tampoco arrastró la pulseada provincial a la Cámara. A Martínez lo llamó Duhalde para que firme, a fin de diciembre, el acta que apoyó la agrupación Lealtad. Pero el diputado le avisó: «Yo te acompaño pero no me voy a pelear con Julio». Todavía puede mantener el equilibrio.
• Otro caso paradigmático es el de Marcela Bianchi, ex secretaria privada de Duhalde, a quien se le agota el mandato en diciembre próximo, se había aventurado con una lista propia en la interna partidaria de Lomas de Zamora en noviembre pasado, levantando el estandarte del kirchnerismo. Pero, al final, volvió a las fuentes y terminó compartiendo boleta con Hugo Toledo, Osvaldo Mércuri y el intendente Jorge Rossi. De aquella rebeldía, por estas horas, sólo queda un eco.
Igual, las dos incorporaciones -Alvarez y Landau- espantan cualquier disidencia. Alvarez, por caso, será el rostro del neoduhaldismo. Landau, desde un sobrio segundo plano, fue el albañil que ejecutó en Tribunales parte de la arquitectura política diseñada por Eduardo Duhalde.
Como apoderado del PJ -lo es desde hace 14 años-, Landau usó sus manos mágicas para construir las alquimias electorales duhaldistas: desde la doble boleta que -sumando desde el cavallismo- permitió a Carlos Ruckauf ganar en el '99 hasta la división del PJ en tres en las presidenciales, que le regaló la victoria a Néstor Kirchner.




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