Plan de seguridad: un mapa de la interna anti-Kirchner

Política

Repasar en estos días las discusiones sobre el plan de seguridad lanzado por el gobierno supone adentrarse en las intimidades de la interna oficial: como si el mapa de las disidencias con la propuesta enarbolada por Gustavo Béliz se pudiera calcar sobre el de las enemistades que inspira Néstor Kirchner dentro del PJ.

En efecto, durante la reunión del Consejo de Seguridad Interior que se realizó el viernes pasado, las principales objeciones al «power-point» que, metódicos, presentaron los funcionarios de Justicia, se originaron en las representaciones de Santa Fe, Córdoba y Neuquén, distritos acaudillados por adversarios del Presidente. Claro, también afloró -como se adelantó en este diario- la pelea por la coparticipación de impuestos, enmascarada en esta otra de la inseguridad. Las excusas son diversas pero, el temor, el mismo: precauciones porque, enmascarado tras el combate al delito o la administración de fondos especiales, Kirchner despliegue una vocación hegemónica que todos dan por segura.

• Pesadilla

Los que pusieron el foco sobre la medida más inquietante del programa fueron los santafesinos Roberto Rossua ( ministro de Gobierno) y Alejandro Rossi (secretario de Seguridad). Béliz y su mano derecha en Seguridad, Norberto Quantín, debieron escuchar las quejas porque desde el gobierno se pretenda establecer un régimen por el cual la Nación puede intervenir en las policías locales a requerimiento de un municipio. La pesadilla está planteada: una ciudad (por ejemplo, Rosario, controlada por socialistas amigos de la Casa Rosada) puede requerir que el poder central intervenga la sede local de la Policía santafesina, que controla en última instancia Jorge Obeid. Equivalente cordobés: el intendente Luis Juez puede pedirle a su amigo Kirchner que ponga las manos sobre las fuerzas de José Manuel de la Sota en la capital de la provincia.

Desde luego, los funcionarios santafesinos no descendieron a este tipo de fantasías persecutorias.Se limitaron a señalar que en el recurso que prevé el plan del gobierno anida una afrenta al federalismo. Y utilizaron un argumento corrosivo para la sensibilidad de Kirchner (no está claro si también para la del dúo Béliz-Quantín): la intromisión en las provincias a través de los municipios fue uno de los ardides de los gobiernos militares para llevar su poder al interior del país.

• Localismo

La idea de llevar adelante intervenciones sobre las fuerzas de seguridad provinciales fue expuesta por primera vez por la portavoz más sincera del gobierno, Cristina Fernández de Kirchner, durante la sesión del Senado en la que se trató la legislación propuesta por Juan Carlos Blumberg. Habrá que ver ahora si mantiene esa tesis cuando se discuta en esa cámara el programa lanzado por Béliz.

Los cordobeses, por la voz del ministro de Seguridad, Carlos Alessandri, se quejaron de que se «proponga un plan localista, por el que las provincias van a financiar un programa para la Capital Federal y el conurbano, con el agravante de que ese refuerzo local, zonal, terminará expulsando delincuentes hacia nuestros distritos». Alessandri ya había dictaminado antes de concurrir a la reunión: «Béliz está lento de reflejos», había dicho.

El neuquino Luis Manganaro, quien expresa al gobernador y candidato presidencial Jorge Sobisch (acaso el dirigente por quien menos simpatías expresa Kirchner), fue igualmente severo con las ideas del ministro de Justicia. «Si dicen que es un plan nacional, ¿por qué no nos convocaronantes?», preguntó el viernes. Nadie se animó a decirle que Béliz debía lanzar su programa antes de que Blumberg llenara otra plaza.

• Sin respuesta

Otra pregunta incómoda del neuquino fue «¿por qué el gobierno no destinó al nivel municipal la Policía Metropolitana, que hoy es parte de la Federal, en vez de crear otra fuerza?». El ministro no contestó estos interrogantes y tampoco la razón por la cual en todo su programa, pretendidamente nacional, no aparecen referencias al narcotráfico,al terrorismo o al control de las fronteras.

El neuquino Manganaro también preguntó quién manejará el fideicomiso que piensa crearse, quién lo controlará y de dónde saldrán los fondos. Béliz prefirió contestar estas observaciones en la próxima reunión del Consejo,el 30, en Córdoba. Es lógico, cualquier respuesta que diera esa tarde podría ser desautorizada por Kirchner al otro día.

Mejor pisar sobre seguro y que lo más importante, el cargo de ministro, no corra riesgo. Por eso el joven apostólico apenas balbuceó generalidades, aun cuando le ofreció ya $ 100 millones a León Arslanian, a cuenta del fondo que se creará.

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