El triunviro Hugo Moyano y sus socios de la CGT van por más. Mientras sus huestes se manifestaban ayer frente al Sindicato Unico de Fleteros porque éstos habían protestado el miércoles (quisieron demostrarles que sólo los camioneros pueden sacar vehículos de protesta a la calle), los «gordos» unificados comenzaron a preparar un largo listado de nuevos pedidos para Néstor Kirchner. Allí se exhiben, increíblemente, como posible nexo entre el gobierno y los inversores (?). Pero, ¿cómo negociarán con Moyano los empresarios si aquél no se cansa de atacar establecimientos como Carrefour o Wal-Mart?
Un Néstor Kirchner desorientado enfrenta difícil relación con sindicalistas criollos, que lo rodean con demandas varias.
El camionero Hugo Moyano y sus socios de la CGT no se conforman con haberse sentado a conversar con Néstor Kirchner. Fortalecidos por la todavía fresca reunificación, preparan, en reserva, un largo listado de pedidos al gobierno.
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Según se juramentaron esta semana, se proponen poner la lupa en la ejecución del Presupuesto 2004 para revisar el destino de las partidas y, de considerarlo pertinente, reclamarle al santacruceño que desvíe esos fondos a destinos más adecuados, a criterio sindical. Aun cuando resta saber qué haría el Presidente ante semejante desmesura, los cegetistas piensan hacer realidad esta idea lo antes posible.
Durante los primeros días de agosto comenzarán a deliberar, en la sede porteña de la calle Azopardo, técnicos y economistas que serán invitados a partir del lunes que viene. Faltan los nombres, pero se sabe que conformarán comisiones alistadas para leer el Presupuesto y tratar de encontrar recursos que sirvan para -dicen los gremialistas-hacer más obra pública y facilitar créditos blandos. Parece demasiado loable para tratarse de la cúpula de la CGT. Porque una vez que les dejen meter la cuchara -para más datos el albañil Gerardo Martínez movilizó el martes a sus seguidores en apoyo de Kirchner-, será imposible contenerlos.
Para colmo, imaginan en sus tertulias a puertas cerradas que podrían asumir el papel de nexo entre el gobierno y eventuales inversores, con la mira puesta en abrir fuentes laborales. «Si no hay empresas, no hay trabajo, y si no hay trabajo, no hay trabajadores; por lo tanto, no tenemos a quién representar», repiten instruidos por libros de autoayuda y control mental. Pero parece peligroso dejar en manos de sindicalistas la intermediación del Estado ante capitalistas, por más exitosos que hayan sido los gremialistas a la hora de administrar y acrecentar sus propias finanzas. Ni qué decir de Moyano, un especialista -y con bendición oficial-a la hora de confrontar con cadenas de supermercados que no aceptan la afiliación de sus empleados al sindicato de camioneros. ¿Cómo tratarían con él los empresarios que quieren invertir en el país?
No queda allí el plan secreto de la «renovada» CGT. Tienen también in mente cargar sobre un terreno que dejaron vacante, por culpa de los desencuentros internos. Por eso, ahora empezarán a exigir que se les concedan desde el gobierno sillas en superintendencias varias, por caso, la de AFJP o la de Salud. De más está aclarar que nunca dejaron de observar con atención lo que sucede en el PAMI. Allí esperan mantener un par de butacas, las mismas que tuvieron que abandonar Domingo Petracca y Reinaldo Hermoso, con la intervención de la obra social de jubilados y pensionados que dispuso Kirchner.
Como adelantó este diario, sin perder la vocación negociadora, los cegetistas se proponen rehabilitar el brazo político de las 62 Organizaciones y desde esa plataforma colar nombres en las boletas de renovación parlamentaria de 2005 y, por supuesto, en 2007.
Temen tanto como haber perdido la calle a manos de los piqueteros de Raúl Castells o Néstor Pitrola, seguir cediendo bancas a legisladores afines a la Central de Trabajadores Argentinos, la CTA, de Víctor De Gennaro, que hoy son mayoría en el Congreso si se revisan los antecedentes de los gremialistas con fueros.
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