Ya no quedan dudas de que la violencia verbal del canciller Bielsa contra al norteamericano Roger Noriega sobrevino a un arrebato previo más violento del presidente Néstor Kirchner, cuando conoció los graves desbordes piqueteros en nuestro país. Ayer, el gobierno -como siempre-disipó el episodio pero las secuelas quedan, con lenguaje de un canciller argentino sin precedentes («me tiene harto, repodrido») dirigido a un alto funcionario de un gobierno extranjero y nada menos que de Estados Unidos. Internamente resultó en acentuar la impresión de un gobierno que conduce el país con arrebatos adolescentes.
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